Día mundial contra la violencia hacia las mujeres

Toda por $ 11

Por Belén Ferrando / Fotos Leandro Fernández y Jo Thomatis

Género Opinión / 25 NOV 2018

“I used to love her, but I had to kill her, I had to put her, six feet under, and I can still hear her complain…” afinaba Axl Rose en compañía de los Guns N`Roses en 1988, año debut del álbum G N`R Lies el cual contiene la canción tarareada con el inglés que cada unx puede verbalizar.

Yo la amaba, pero tuve que matarla. La polémica no tardó en llegar y la banda tuvo que salir a dar explicaciones, sosteniendo dos argumentos fallidos: - plan a) que se trataba de una broma, ¿cuál? no hubo más detalles hilarantes -plan b) una mascota hembra muy querida por Axl habría muerto y tuvo que brindarle su pésame en algún recoveco de su jardín. Uno de los argumentos no pudo sostenerse en el tiempo, por lo que el plan b se volvió argumento del común popular, aún sin contar con la legitimidad apropiada para convertirse en un hecho indiscutible. Y así “I had to put her six feet under”, normalizaba la máxima expresión de la violencia patriarcal.

El mismo año que los Guns revelaban su nuevo disco al mundo, el ex boxeador e ídolo popular Carlos Monzón asesinaba a Alicia Muñiz en la ciudad veraniega marplatense. El primer “crimen pasional” mediático en suelo argentino, los titulares de la prensa debatían cómo desligar de culpas al campeón mientras Alicia yacía muerta en el patio interno de la casa con la nuez de Adán quebrada, una lesión en el codo derecho, una fractura de la rótula izquierda y un estallido craneal producto de la caída originada desde el balcón. La autopsia reveló más de lo que se intentó justificar para exonerarlo. “Tras una riña con Monzón, murió su mujer”, “Monzón golpeó a su mujer antes de la caída”, “Crónica de un final anunciado”, “La muerte de la mujer de Monzón”, “A trompadas con el amor” y “El primer knockout de Monzón”. El 3 de julio de 1989 Monzón fue condenado a once años de prisión en fallo unánime por homicidio simple, Alicia y Carlos no estaban casados, no existía la figura penal femicidio.

El concepto femicidio fue desarrollado por la escritora estadounidense Carol Orlock en 1974, quien escribió un libro titulado “Femicide”, esta obra literaria nunca se publicó pero el concepto llegó a oídos de la feminista Diana Russell, cuando Diana y Carol se conocieron Carol le confesó que no recordaba cómo había definido femicidio, por el contrario Diana sí. Lo utilizó públicamente en un contexto jurídico en el año 1976 en el Tribunal Internacional sobre los Crímenes contra la Mujer en Bruselas, Bélgica. Diana Russell  ante la presencia de dos mil mujeres de 40 países cargaba en una palabra la síntesis de la violencia extrema. La definición que se dio allí fue “asesinato de mujeres realizado por hombres motivados por el odio, el desprecio, placer o sentido de propiedad de las mujeres”. Despúes de hacer pequeños cambios en la definición a lo largo de los años, Diana lo resolvió  de la siguiente manera "la matanza de mujeres por hombres porque son mujeres".

Marcela Lagarde, la misma antropóloga mexicana que nos regaló el término sororidad, se atrevió a ampliar el concepto político y tradujo el término como feminicidio, ya que en sus palabras “no se trata sólo de la descripción de crímenes que cometen homicidas contra niñas y mujeres, sino de la construcción social de estos crímenes de odio, culminación de la violencia de género contra las mujeres, así como de la impunidad que los configura, analizado así, se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad, el feminicidio es un crimen de Estado.”

Argentina incluyó la figura femicidio en el Código Penal en el año 2012, no como figura penal autónoma, sino como agravante regulado en el artículo 80, inciso 11. El mismo año el caso de Corina Fernández marcó el antecedente urgente para amputar el amor de la violencia. Corina recibió tres balazos por parte de su ex pareja cuando ella dejaba a sus hijas en la puerta del colegio de un barrio porteño de Palermo, dos balas en el tórax y una en el abdomen, contra todo pronóstico ella sobrevivió y Javier Weber fue condenado a 21 años de cárcel por tentativa de femicidio. Anterior al suceso, Corina denunció en 80 oportunidades a Javier, él violó sistemáticamente la prohibición de acercamiento desde la primera orden. Un año despúes en Catamarca, Francisco André asesinó y descuartizó a su ex pareja María Rita Valdéz, dos personas vieron restos humanos en el dique “El Jumeal” y fue suficiente para dar aviso a la policía, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la sentencia a cadena perpetua para un femicida, nuevamente las cuatro previas denuncias penales por violencia de género servían de atenuante a la causa. Rita intentó vivir.

La Asociación Civil “La Casa del Encuentro” arrojó un informe de 10 años de femicidios en Argentina, los datos fueron recogidos de las agencias informativas Télam y Diarios y Noticias (cerrada por Clarín), como también de 120 diarios de distribución nacional y provincial. Las cifras exigen la batalla cultural cotidiana, ya que durante el período 2008/2017 han ocurrido 2679 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, entre los cuales determinan que más del 62% de los casos fueron asesinadas por parejas o ex parejas; 66% de las víctimas tenían entre 19 y 50 años de edad y más del 51% de los casos fueron asesinadas en su hogar.

La Asociación fue pionera en desarrollar el término femicidio vinculado, resultado del análisis que partió de los patrones repetidos de los femicidas, es decir, “matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce dominación”, por lo que categorizaron a través de dos modalidades el reconocimiento de lo que muchas veces fuese considerado hechos aislados, por un lado, femicidio vinculado se trata de aquellas personas que fueron asesinadas por el femicida al intentar impedirlo o quedaron atrapadas en la “línea de fuego”; mientras que por el otro, aquellas personas asesinadas por el femicida con el objeto de escarmentar o devastar psíquicamente a la mujer a quien consideran su propiedad.

El Observatorio de la Violencia contra las Mujeres del Instituto Nacional de las Mujeres (INAM) brinda informes estadísticos de la línea telefónica 144: hasta octubre de este año se han  realizado 340.464 llamados, los mismos pueden efectuarse por situaciones de violencia, solicitud de información, asesoramiento o contención. La línea es gratuita y funciona las 24hs, los 365 días del año, además contempla los distintos tipos de violencia (física, psicológica, sexual, económica, simbólica) y las diferentes modalidades de violencia (doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática).

Cada mes el Observatorio realiza un informe integral, el último corresponde al mes de julio de este año e indica que recibieron 13.255 llamados, de los cuales 9 de cada 10 se manifestó violencia psicológica y 7 de cada 10 violencia física, la modalidad de violencia que mantiene el invicto mes a mes es la doméstica, con 8 de cada 10 llamados que lo manifiesta. El informe anual de 2017 ubica a la provincia de Mendoza en el tercer puesto, detrás de la provincia de Buenos Aires y Capital Federal, con 2.536 llamados representando el 5,20%.

El presupuesto derivado a políticas de género continúa generando la demanda del movimiento feminista a nivel nacional, ya que implica un recorte que perjudicará de forma estructural la elaboración de programas e iniciativas públicas para prevenir, promover y erradicar la violencia. La ley de Protección Integral a las Mujeres 26.485 sancionada en el año 2010 reanuda su compromiso de protestas y exigencias. El INAM es el organismo rector de poder llevar a cabo las acciones que posibiliten esta norma, es el instituto abanderado de capitalizar los $234 millones que recibirá en 2019, un aumento del 10,9% con respecto a este año, o sea que el gobierno nacional destinará $11,36 por mujer para combatir la violencia. Nuestras vidas pueden atesorarse como un alfajor o menos que esto, no alcanza hoy, no alcanza mañana, la voluntad es inmutable.

Mendoza oscila en los primeros puestos del ranking nacional de la violencia, el año 2016 finalizó con más de 20 mujeres asesinadas a causa de la violencia machista. La memoria colectiva resiste el recuerdo de cómo la provincia fue sacudida por tres femicidios en dos días. Septiembre se volvía trágico con los asesinatos de Janet Zapata (29), Julieta González (21) y Ayelén Arroyo (19), y una espontánea y multitudinaria marcha de #NiUnaMenos se abría paso por las calles. Fueron dos las movilizaciones de ese año contando la del 3 de junio que se transformó, a partir de 2015, en una fecha urgente en el calendario de reivindicaciones feministas.

Año 2017, la cantidad de víctimas mermó a siete, el Registro Único de Casos (RUC) captó 3526 mujeres en situación de violencia doméstica, hubo un aumento de casos registrados de más del 45% (1101 casos) respecto del año anterior, lo que objetivamente representa, según el informe del Observatorio de la Dirección de Género y Diversidad de la provincia, en un aumento de registración y no necesariamente un incremento en violencia.

El aporte de Mendoza durante 2018 es de 15 casos, contando los femicidios vinculados. Los registros nacionales apuntan a 225 femicidios, la mayoría de los organismos definen sus informes terminado el ciclo, pero algunos anticipan la hipótesis de que algo está cambiando, traduciendo una baja en el promedio de femicidios: una mujer muere cada 32 horas. No hay indicios de jolgorio, sino expectativas dirigidas a aplacar las crueles pedadogías patriarcales. Sin embargo, la ONU y la Unión Europea incluyeron a Argentina en un programa denominado Spotlight para combatir la violencia de género, son cinco los países seleccionados en la región latinoamericana para la inversión de $58 millones de euros.

El 4 de octubre de este año, ONU Mujeres abrió sus oficinas en la ciudad de Buenos Aires, durante la presentación el coordinador de la ONU de Argentina, René Valdés, puntualizó que en nuestro país una mujer es asesinada cada 28 horas y en las cuentas oficiales de la entidad internacional sostienen el mismo argumento. El pesimismo no me parece un recurso digno, pero la ingenuidad a merced de nuestras vidas tampoco. Un abanico de interrogantes desprende la diferencia de cuatro horas, las cifras nos ayudan a entender la realidad y por ende, se vuelven evidentes las ausencias de acciones concretas para combatir la violencia, por lo que las exigencias y los métodos de lucha se vuelven proporcionales a la falta de las mismas. ¿Hay mujeres y/o niñas no registradas? ¿Se intentará justificar el ajuste presupuestario para políticas públicas de género? ¿Por qué y qué se intenta ocultar?, ¿El movimiento feminista asusta?.

La ola verde revolucionó nuestras camas, nuestras casas, nuestras plazas, también expuso la gestación de un movimiento que viene creándose hace décadas, lxs teóricos discuten clasificarnos en la 3º o 4º Ola del Feminismo, somos hijas de Simone de Beauvoir o el parentesco nos acomoda como hermanas de Rita Segato. No se ponen de acuerdo y creo que no nos importa. Este año las mujeres, en sus infinitas individualidades ganamos la pulseada adquiriendo un carácter colectivo, empezamos a salvarnos y a cuidarnos entre nosotras, no nos quedaba otra… nos avisaron que no nos quedaba otra. Nos presentamos como hacedoras de nuestros caminos. El miedo cambió de bando, se nos nota. Nada de histéricas, más bien ¡Históricas! como las hermanas Mirabal, quienes nos enseñaron que es posible dar vuelta el viento.

Un nuevo 25 de Noviembre nos congrega, el grito internacional en esta fecha es contra la violencia. Nxs encontramxs el lunes 26 de noviembre a las 18hs en el KM 0, Ciudad.

Por nuestras muertas, toda una vida de lucha!

Por Belén Ferrando / Fotos Leandro Fernández y Jo Thomatis

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