Multiversos expandidos

A falta de ESI, Sex education

Por Milagros Martín Varela

Audiovisual Multiversos Expandidos / 09 MAR 2019

Netflix arrancó el 2019 con una serie británica que rompe todos los esquemas. Feminismo, aborto, la sexualidad en sentido amplio y la desmitificación de lxs jóvenes como el problema de la humanidad se visibilizan en la producción creada por Laurie Nunn y protagonizada por Asa Butterfield en un papel que, definitivamente, le dará un giro a su carrera como actor.

Se ha dicho que los medios masivos de comunicación son un factor de educación en los sujetos y, si tomamos este enunciado como verdadero, en este caso, podemos festejar: Sex education (Laurie Nunn, 2019) llegó a las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos a través de Netflix para mostrarnos lo que ninguna otra producción audiovisual de mainstream se había atrevido. En la nueva serie de la plataforma de contenidos on demand más elegida no hay pelos en la lengua a la hora de destapar tabúes y poner en el tapete temas como aborto, masturbación femenina, acoso, homofobia, sororidad, sexualidad en parejas lesbianas y gays, entre muchos otros.

Podría decirse que lo más destacable de la producción que nos ocupa es la presentación de la sexualidad en su sentido más amplio. Es mostrar que ésta no es sinónimo de penetración, que ni siquiera son necesarias al menos dos personas para practicarla y que el modo de experimentarla y conocerla desde la infancia es sumamente crucial y determinante en la vida de cada unx. Además, y no menos importante, se expone a las mujeres no como objetos pasivos del deseo de los varones heterosexuales sino como sujetas activas también deseantes y gozantes.

La serie consta de ocho capítulos y es protagonizada por el maravilloso Asa Butterfield, quien encarna a Otis Milburn, un adolescente de 16 años con una madre (Gillian Anderson) que se dedica a la terapia sexual. Él es virgen y no puede masturbarse pero, a pesar de todo esto, ayuda a sus compañerxs de colegio con sus problemas y dudas en cuanto a sus propias sexualidades. También se exploran las maneras de relacionarse con lxs otrxs, los sentimientos y lo que genera la presión de lxs pares y el excesivo entrometimiento de lxs progenitorxs en lxs adolescentes.

La juventud no está perdida: Nuevas masculinidades y femenidades

Otra joyita de Sex education es la presentación de lxs jóvenes ya no como la involución y el declive de la humanidad sino como personas responsables, conscientes de los aprendizajes constantes, que asumen sus falencias, se apoderan de sus identidades y, sobre todo, tienen conciencia de los sentimientos de lxs demás. Además, se desmitifica no sólo la generación, sino también los géneros y sus roles.

El típico “macho ganador” del colegio tiene que tomar ansiolíticos debido a las presiones permanentes de una de sus madres y del director de la escuela que no lo dejan vivir su etapa de secundaria. Por su parte, el pibe bully debe lidiar con los comentarios sobre sus genitales y debido a las presiones y expectativas sobre él, no puede llegar al orgasmo en sus relaciones sexuales. Otis es un varón cisgénero y heterosexual que se deconstruye constantemente y en cada acción y comentario que realiza, mientras que su mejor amigo, Eric, es gay y sólo se angustia ante su propia orientación sexual cuando es víctima de un acto de homofobia.

Por otro lado, lo “femenino” en la serie deja de ser un estereotipo único y estático para que la femenidad sea representada en personajes de mujeres totalmente diversas y diferentes: Maeve, la protagonista, es feminista declarada, excelente escritora, no tiene “complejo de Cenicienta” y aunque parece áspera y hostil, es sumamente sensible y se preocupa por las personas a las que ama. Lily es una chica que usa su ansiedad por tener su primera relación sexual para crear historietas (un tanto exageradas en contenidos sexuales, pero que representan su personalidad y también su creatividad) y que se hace cargo de su deseo y no tiene problema en preguntarle a sus compañeros si quieren tener sexo con ella. Aimee es la típica “chica bien” que trata de encajar con el grupo “popular” del colegio, pero la tiene más clara de lo que parece y no escatima en defender sus gustos y preferencias aunque no sean “convencionales” para sus amigxs.

La deconstrucción de estereotipos de género y la reconstrucción en forma de diversidades está presente en cada capítulo de Sex education.

Las nuevas series son y serán feministas o no serán

Virginia Woolf, el cuestionamiento a la cosificación de las mujeres, el acoso, la difusión de fotos íntimas de ellas sin su autorización, los comentarios y prejuicios acerca de las cuerpas y el hecho de que varones las difamen sólo por haber sido rechazados, son todas cartas que se ponen en la mesa en la serie. Incluso, en una escena se escucha a Otis decirle a uno de sus compañeros de clase y cliente de “la clínica” la frase “no es no”.

También se expone la cuestión del aborto, que en Gran Bretaña (donde es producida y donde está situada la serie) es legal y se trata como lo que es: una decisión y un derecho. Ni se romantiza ni se dramatiza.

La sororidad también queda expuesta en una escena en la que una de las mujeres menos queridas del colegio corre el riesgo de que se difunda una foto de su vagina (de paso, se rompe con el tabú de los genitales femeninos) y hasta sus compañeras que no son amigas de ella, la acompañan y, de alguna manera, la “salvan”.  Sólo por el hecho de ser todas víctimas de una misma problemática.

 

Lo que faltó y se espera en la próxima temporada

Netflix ya anunció una segunda temporada de Sex education e incluso ya hay un primer avance. Una cuestión que apenas se menciona pero en el que no se profundiza en los primeros ocho episodios es la de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y que se podría explorar más en las próximas entregas.

A pesar de este detalle, la serie británica resulta fundamental, sobre todo en el contexto nacional y local en el que se reclaman la implementación efectiva de la Educación Sexual Integral (contemplada en la Ley N° 26.150) y la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) entre otros tantos derechos para niñxs, adolescentes, mujeres y disidencias.  

Por Milagros Martín Varela


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