Notas de Viaje

Aprender a cambiar de maceta

Por Martín Osso

Cultura Opinión / 03 AGO 2020

Crecer da miedo. Los riesgos son pocos en nuestra zona de confort pero, a veces, ésta nos queda chica.

¿En serio pensaste que podías crecer en la misma maceta? Estaba en el jardín de casa, era el otoño del año 2019 y hacía semanas que veía un aloe vera apretada en una pequeña maceta. Crecía y empujaba, ya no tenía espacio. ¿Cuándo nos acostumbramos a empujar por empujar, con tal de no salir de ese lugar tan incómodo pero seguro?

Decidí trasplantarla y, mientras lo hacía, entendí que yo estaba igual, encerrado, atrapado en una pequeña maceta.

Crecer da miedo

Dos meses después me tomaba un colectivo hacía Humahuaca, Jujuy. Llegué un 25 de julio de 2019. Eran las 5am y estaba nevando, después de 10 años que no nevaba, a mí el Norte argentino me recibió con nieve.

Realicé mi voluntariado en la Humahuacasa, un lugar que hasta el día de hoy sigue siendo mi segundo hogar, un lugar donde aprendí la hermosa mezcla de la cultura norteña de nuestro país. Esa mixtura entre bolivianxs, argentinxs y peruanxs. Al fin y al cabo nuestras raíces están hechas de la misma tierra.

Pasaron 15 días y llegó el momento de partir. En el hostel vivimos momentos de alegría, enojo, tristeza.

Los hostels son familias modernas, de esas que reúnen a gente de todo tipo y de todos lados. Desmembradxs que comienzan a tejerse de a poco.

Ese fue el primer paso para descubrir algo que los medios de comunicación nunca me dijeron: en el mundo existen muchas más personas buenas que malas.

Bolivia: la Pacha Mama, los colores y la cerveza fría

Eran los últimos días de agosto, era el momento de cruzar a Bolivia. Un lugar raro y lejano. Un país lleno de prejuicios para un mendocino que creció escuchando insultos como: “sos un bolita de mierda” y lxs “bolivianxs vienen a robarnos el trabajo”.

Tenía mucho temor, pero apareció Florencia, una santafesina con la cual decidimos cruzar la frontera juntxs. Nos encontramos con el primer pueblo boliviano llamado Villazón, que nos recibió con los brazos abiertos y con decenas de comparsas bailando, bailando en honor a la Virgen de Copacabana. La llevaban en una camioneta mientras los colores, la cerveza y la alegría celebraban a su alrededor.

De Bolivia podría decir miles de cosas, sus colores, sus texturas, sus mercados tan rústicos y llenos de trabajo constante. Esa mezcla perfecta entre la religión católica y las tradiciones que dejaron nuestros pueblos.

Pero el viaje siempre debía continuar. Uno se acostumbra a esto de los aprendizajes abruptos y las despedidas constantes.

Perú, la tierra de los Incas, la chicha morada y los gringos amontonados

Es indiscutible. Perú es un paraíso, no sólo por la inmensidad de lugares para conocer y recorrer,  sino por su variedad gastronómica y por la arquitectura que refleja de forma perfecta su pasado de Imperio, de Imperio Inca.

Mi sueño al llegar a Perú era conocer el Amazonas. Pero antes decidí pasar por Macchu Picchu, un lugar majestuoso, rodeado de montañas color verde y mariposas danzantes. Un lugar que no es para todos, porque si bien su majestuosidad sorprende hasta al más sorprendido, está tan preparada para los turistas que agobia. Todo pensado para "el de afuera" y no precisamente para lxs latinxs.

Pero el gran desafío era el Amazonas, recuerdo haberlo visto en cientos de videos: sus aguas, su gente, sus frutas. Un nuevo temor aparecía frente a mí. ¿Era muy costoso llegar? ¿Era peligroso para alguien que viaja solo? ¿Qué pasa con los mosquitos, las arañas y las serpientes?

A veces, perdemos más tiempo inventando miedos que incluso viviéndolos.

Tomé un bus desde Cusco a Lima, de ahí otro hasta un pueblo llamado Tarapoto y luego una miniban hacia un lugar donde nos subimos a un pequeño barco llamado “Mechita 1”. En él, después de dos días de viaje durmiendo en hamacas y comiendo mucho arroz con pollo, llegamos a Iquitos, la ciudad más grande de América Latina sin acceso terrestre, el hogar del Amazonas.

Recuerdo que en el viaje del Amazonas se sumó un amigo mendocino, Oscar. Es extraño cómo en los momentos de mayor temor durante el viaje siempre aparecía una persona para acompañar y compartir. Es que, al fin y al cabo, nadie se salva solo.

El Amazonas es un capítulo aparte, sólo contarles que no hay tantas serpientes o arañas gigantes como las películas nos hicieron creer y si las hay, lo último que quieren es tener contacto con los seres humanos.

Ecuador: la playa, la avena polaca y el coronavirus

Ecuador me recibió con sus playas de arena blanca y mar tranquilo. Uno podía ir en el medio de la noche y nadar mar adentro para ver la luna y pensar. Creo nunca haberme sentido tan privilegiado como en esos momentos.

Llegué a uno de los países más pequeños de Sudamérica a fines de diciembre. Recibí al 2020 de una forma extraña, lejos de casa pero rodeado de gente nueva y de distintos países.

Esa noche descubrí que uno siempre está solo, no importa cuánta gente nos rodee, el desafío es aprender a convivir con esa soledad y descubrir que puede ser hermosa si se la permite ser. Cosa que aún intento.

Después de dos meses de andar por la playa, me fui a un pueblo llamado Cuenca. Necesitaba conocer la sierra, sus montañas. Pasaron sólo 7 días desde mi llegada y me encontré con quien se convirtió en mi peor enemigo, el mío y el de todos: El Coronavirus.

Regreso Obligado

Mis últimos días antes de regresar a la Argentina casi obligado, fueron encerrado en un hostel. Miedos, incertidumbre, cansancio, búsquedas, reclamos al cielo e incluso meditaciones y mucho ejercicio para tratar de entender todo lo que estaba pasando.

Hoy escribo desde Mendoza, el lugar que me vio crecer. ¿Qué pasó en el medio? Volví repatriado en un avión Hércules, me dio coronavirus y aún intento entender decenas de cosas que en otro momento les contaré.

Sólo quiero compartirles una vez más esto:

En el mundo existen muchas más personas buenas que malas. Y en tiempos donde el otro “parece ser una amenaza” es cuando más tenemos que tener esta certeza.

Salir de esa maceta para perder el miedo.

Por Martín Osso

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