Así nos ven

Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond

Por Milagros Martín Varela

Audiovisual Multiversos Expandidos / 03 JUL 2019

“No son los cinco de Central Park”.

Como sucede en El cuento de la criada, a veces, nombrarnos es revolucionario. Así parece concebirlo Ava DuVernay, quien dijo: “No son los cinco de Central Park. Son Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond”. Se refiere al caso en el que cinco adolescentes negros de entre 14 y 16 años fueron arrestados, interrogados, violentados y condenados por un crimen que no cometieron; el de violencia y violación a Trisha Meili, una joven de 28 años, la noche del 19 de abril de 1989 en Nueva York (Estados Unidos). Ava DuVernay es la directora de la miniserie Así nos ven (When they see us), estrenada en Netflix el pasado 31 de mayo y que relata el infierno que vivieron estos jóvenes negros, por el sólo hecho de serlo.

“Los cinco de Central Park” es una desafortunada expresión violenta de las miles que pasaron Korey Wise, Yusef Salaam, Antron McCray, Kevin Richardson y Raymond Santana. Así los bautizó la prensa, a fines de la década del 80 y principios de los 90, mientras se desarrollaba el juicio que los condenó injustamente por un crimen que no cometieron. Fue la misma “justicia” que, 30 años después, condena a sólo tres años de cárcel a un policía por casos de gatillo fácil, a uno a una mujer lesbiana por haber besado a su pareja y que condena a todas las mujeres al silencio con la estadística que dice que, de cada mil abusos sexuales, sólo 100 son denunciados. De esos 100, sólo uno llega a sentencia. Es la misma “justicia” que libera a docentes universitarios imputados por abusos sexuales por una fianza de $500.000. 

La noche del 19 de abril de 1989, Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond -sin intenciones de hacer daño (y de hecho, no lo hicieron)- se unieron a un grupo numeroso de personas que estaban, según las investigaciones, “salvajeando” en el famoso Central Park de Nueva York, en Estados Unidos. La policía los arrestó, no sin antes golpearlos y violentarlos, para llevarlos a la comisaría. Unos minutos después, en el lugar, fue encontrada Trisha Meili, una joven de 28 años que había ido a correr. Estaba inconsciente, en un charco de su propia sangre y había sido violada. En los juicios desarrollados en 1990, la mujer fue citada a declarar, pero no recordaba nada, por lo que no podía reconocer a su/s agresor/es. A pesar de que todas las pistas e incluso pruebas de ADN decían lo contrario, un jurado popular encontró a Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond como culpables de los cargos de asalto, robo, disturbios, violación, abuso sexual e intento de homicidio. Los chicos, teniendo entre 14 y 16 años de edad en ese momento, cumplieron entre seis y 13 años de condena en la cárcel.

Más allá de lo que significa estar en la cárcel siendo inocentes, estos jóvenes sufrieron la violencia institucional en todas sus formas. Al haber trascendido a todo el país, las autoridades neoyorkinas necesitaban resolver el caso de Trisha Meili. Necesitaban, como frecuentemente se hace en la capital del capitalismo y en otros tantos países, demostrar que las instituciones democráticas funcionan perfectamente y que son capaces de resolver problemas. Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond fueron interrogados, sin ningún representante mayor presente, durante 18 horas en las comisarías. Sin comida, sin poder dormir. Además, fueron obligados a mentir y confesarse como culpables de los delitos. La presión fue de parte de los investigadores, quienes los golpeaban y les prometían que sí decían que ellos habían sido los ejecutores del hecho, podrían irse a sus casas. Papel no menor en esto tuvo la entonces fiscal Linda Fairstein, quien además es autora de novelas policíacas y de suspenso. Según informó la BBC, la mujer -que aún hoy sostiene que los mal llamados “cinco de Central Park” son los delincuentes- cerró sus cuentas de Twitter e Instagram luego del estreno de la producción de Netflix, a raíz de la avalancha de críticas al rol que desempeñó en las condenas de estos chicos. Luego del 31 de mayo, también se han realizado peticiones de boicot a los libros de la exfiscal.

Este racismo que no se quita

En 1989, Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos, ya era un reconocido y siempre mediático empresario. Con la magnitud que tomaron los sucesos de Central Park, pagó 85.000 dólares para que se publicara en la prensa un anuncio firmado por él en el que se pedía que volviera la pena de muerte. Específicamente para los cinco chicos que fueron arrestados. También salió en televisión declarando que “odia a esa gente”. Esto se puede ver en el segundo de los cuatro episodios de Así nos ven.

En ese mismo capítulo, una mujer le dice a otra que “los 15 minutos de fama (de Trump) están por terminar”. Los 15 minutos se transformaron en 30 años en los cuales logró, mediante el voto popular, llegar al Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, desde donde difunde y ejerce discursos y políticas de odio contra negros, mujeres, inmigrantes, extranjeros. Contra las minorías.

Así las cosas, Así nos ven viene a mostrarnos que más allá de lo que significa la democracia -sobre todo en Latinoamérica, donde las dictaduras y los gobiernos militares han conformado los capítulos más oscuros de nuestra historia- para los Estados; las autoridades que conforman a las instituciones democráticas siguen basando sus políticas -sean inclusivas o exclusivas, conservadoras o progresistas- en que representan a “la mayoría”. Y a las minorías, ¿quién o quiénes las representan? ¿Quiénes las protegen? Y por “minorías” entienden “lo diferente”. ¿Lo diferente a qué? Al hombre blanco, heterosexual, afín al sistema que lo privilegia.

“Venían de las drogas, ayuda social, armas, indiferencia e ignorancia. Venían de una tierra sin padres, de la provincia salvaje de los pobres y los impulsaba una furia colectiva llena de la vibrante energía de la juventud. Sus mentes, rebosantes de imágenes violentas de películas. Sólo tenían un objetivo: aplastar, herir, robar, detener, violar”, dice una voz en off al comienzo de uno de los capítulos dirigidos por Ava DuVernay y con la producción ejecutiva de Oprah Winfrey. Así es como los vieron, así es como nos ven.

 

Otra serie para la memoria

Ya se ha dicho en este espacio que el arte es una forma de politizar los hechos y hacer colectiva la memoria de quienes no escribieron la historia oficial. Así nos ven es un ejemplo más de esto. Fue el mismo Korey Wise, según el medio británico ya citado, quien -luego de haber visto Selma (Ava DuVernay, 2014)- se contactó con la directora de la película para felicitarla por su trabajo y proponerle que contara su historia y la de sus cuatro compañeros, a quienes ni siquiera conocía hasta que llegó a la celda de la comisaría en abril de 1989. 

La narrativa, la dirección, la fotografía, la estética y el casting son algunos de los elementos que complementan a esta historia y que la hacen digna de saberla, de conocerla y de no olvidarla. ¿Qué pasó con Korey, Yusef, Antron, Kevin y Raymond? La respuesta está en las casi cinco horas que dura la producción de Netflix.

Por Milagros Martín Varela

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