Colonia

El cine como gesto político

Por Milagros Martín Varela

Audiovisual Multiversos Expandidos / 14 MAY 2019

Una película sobre el ex militar nazi Paul Schäfer y el enclave Colonia Dignidad, ubicado en Chile.

Cuando desde el arte en general, o el cine en particular, se toma la decisión política de recuperar la memoria, de no permitir que la historia no contada sea olvidada; se vuelve casi un deber ser parte de esa obra de arte. Es lo que ocurre con Colonia, película dirigida por el alemán Florian Gallenberger y que fue estrenada en 2015. Hace pocos meses, Netflix la sumó a su catálogo. Protagonizado por Emma Watson, Daniel Brühl y Michael Nyqvist; se trata de un filme -a pesar de las críticas- necesario para no olvidar la historia de las dictaduras en Latinoamérica.

Aquí y allá, en toda Nuestra América, los militares se esforzaron por ocultar todos los delitos -particularmente los de lesahumanidad- que cometieron durante las dictaduras que encararon. En Chile, uno de ellos fue el encubrimiento a Paul Schäfer y las atrocidades a las que sometió a toda persona que entraba -y pocas salieron- de su enclave llamado Colonia Dignidad, en la comuna de Parral, al sur del vecino país. Este centro de tortura fue fundado en 1961, pero la película recoge lo sucedido en 1973, con el golpe militar de Augusto Pinochet al presidente Salvador Allende.

La producción dirigida por Gallenberger ha sido fuertemente criticada por tratarse de una película ambientada en Chile, dirigida por un alemán y hablada en inglés (con unas pocas líneas en español). Sin embargo, resulta necesario rescatar el final del filme, cuando antes de los créditos se lee “en memoria de las víctimas de Colonia Dignidad”. Es que, en este sentido, sólo cinco personas pudieron escapar del lugar y la justicia ha servido de poco y nada. De hecho, el pasado 7 de mayo fiscales alemanes cerraron la investigación de los crímenes en el enclave y dictaminaron que no existen pruebas suficientes para procesar al médico Hartmut Hopp, quien fue mano derecha de Schäffer. Lo único que queda, entonces, para rescatar la memoria de las víctimas es el arte y cualquier manera de contar esta historia.

En Colonia, vemos a una pareja de alemanxs -Lena y Daniel (protagonizadxs por Watson y Brühl, respectivamente)- que se han asentado en Chile. Ella se dedica a ser azafata de una línea aérea y él, principalmente, a la fotografía. Es Daniel quien más se involucra en la política chilena y se declara abiertamente allendista. Cuando se enteran del golpe militar de Pinochet, intentan huir pero son capturadxs por el régimen. Ella es liberada, él no.

Decidida a encontrar a su compañero, Lena recurre a quienes militaban con Daniel y a Amnistía Internacional y, con más suerte con este organismo que con lxs primerxs en cuanto a obtener información, descubre que Daniel ha sido llevado a Colonia Dignidad. Por su propia cuenta, elige infiltrarse en el lugar con la intención de encontrar y salvar a Daniel. A partir de este punto, vemos a una Emma Watson que ya quedó lejos de Hermione en Harry Potter (2001-2011) y de Bella en La Bella y la Bestia (Bill Condon, 2017).

La Colonia Dignidad no sólo fue un enclave liderado despóticamente por Schäfer, sino también un centro clandestino de detención y tortura a presxs políticxs opositorxs al régimen de Pinochet. La evangelización bajo el chantaje y la autoproclamación de que Schäfer era la voz del dios cristiano en la tierra, la violencia hacia las mujeres, los abusos a menores, el trabajo forzado y el secuestro y tortura a presxs políticxs se reflejan en la película Colonia.

A continuación, una breve línea de tiempo sobre la vida de Paul Schäfer.

Por Milagros Martín Varela


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