El Eunuco

Con las partes al desnudo

Por Willy Olarte / Fotos Maria José Navarro Sarda

Teatro El animal extinto / 28 JUN 2018

..De cómo sortear la esclavitud y no morir en el intento..

Este sábado estrenó El Eunuco, la disparatada comedia clásica de Terencio que ha sobrevivido más de 2500 años en una perfecta sincronización de grados y vaivenes, para llegar a nuestro medio con una escena coral, en versión libre de Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez. Y decir que ha sobrevivido dos milenios y medio no es una figura: Publio Terencio Africano –nombre que adoptó en honor a su amo el senador Terencio Lucano y a su origen cartaginés- fue un esclavo autor de comedias del segundo siglo AC, cuyo trabajo no sólo lo sitió en la historia del teatro, sino que le valió su más lograda presea: la manumisión.

Con la sinergia que se presenta entre nombres, lugar y producción, a priori uno sabe que va a divertirse. Es que sí, de un tiempo a esta parte, el Tajamar bajo el volante de Nicolás Hemsy viene siendo análogo de buen humor; y decir que se suma un elenco encabezado por Adrián Sorrentino haciendo gala de su metier y Aníbal Villa en la dirección, uno deduce entonces una buena dosis de entretenimiento. Y así sucede.

Esta adaptación libre es, desde hace casi una década, la más divulgada entre las seis comedias de Terencio, que asombra en cuanto a la actualidad del dinamismo de su texto. Es que en este giro, los catalanes Sánchez y Gómez, han avanzado más allá pero sin entrar en off side, tomando las licencias que el género permite y, con habilidad y oficio, han transformado lo satírico de la comedia clásica en la vivacidad contemporánea del vodevil.

Nos vamos a Atenas.  Un bello varón, de nombre Lindus, se enamora perdidamente de una joven llamada Pánfila. Pánfila es la esclava de una meretriz cincuentona llamada Thais. Thais tiene dos amantes: Fedras y Fanfa. Fanfa es un adinerado militar y Fedras es un desheredado poeta, hermano de Lindus, quien para conquistar el corazón de Thais, decide regalarle un eunuco. Al saberlo, Lindus decide suplantar al eunuco para poder entrar en la residencia de Thais y conquistar a la bella Pánfila. En medio de todos estos equívocos también entrelazan la historia Cilindro, hermano de Pánfila, Parmenón, lacayo de Fedras, Pelotus, edecán de Fanfa y Filipa, doméstica de Thais. Todos estos nueve díscolos seres, van zigzagueando los caminos de los celos, el dinero, la pasión, el amor, el poder, el orgullo y, si cabe, el mantenerse fieles a sí mismos, en un montaje parido desde lo clásico, alimentado con el musical y educado en la comedia de situación y el vodevil.

La ambientación, nacida desde la cabeza de los catalanes y acertadamente replicada por Villa, está sazonada con estereotipos claramente identificables, usa deliberadamente el vestuario como un clarísimo anclaje y punto referencial de cada uno de los caracteres, los que se presentan como elementos gráficos a lo largo de las dos horas de enredos, canciones y oportunísimos dimes y diretes. Ejemplo de esto, es el personaje del joven Lindus, quien tanto en la obertura  que hace la golfa cincuentona Thais, como en su propia presentación aparece de ropa casual actual para luego ataviarse –y es el único que lo hace- a la grecorromana, ubicando a la audiencia en el tenor histórico. Y así, el tratamiento visual de cada uno tiende a lo dulcemente axiomático: Thais de rojo belle époque, Fanfa como un oficial austrohúngaro, Pánfilla de limada túnica neoclásica, Cilindro como un cancherito salido del musical Grease.

En cuanto al elenco, tremendamente plausible la elección de Adrián Sorrentino en la piel de Thais; el actor cuyo nombre es consonante del varieté en Mendoza, pone al servicio de esta buscona en decadencia todas sus dotes de artista y lo hace maravillosamente bien. Picardía, gestualidad, voz, dulzura, malicia son los adjetivos de esta madama vivilla que ególatramente persigue sólo su supervivencia y la seguridad de su futuro, quemando sus últimos cartuchos. Simplemente logradísimo. Darío Martínez, además de cosechar premios, recauda aplausos y logros; su Fanfa es sublime, caminando alborotada y acertadamente la transición del personaje sin desentonos,  lo hace con un savoir faire tal, que hasta lo acompaña sutilmente con una leve variación de la emisión vocal a lo largo de la trama; un capo. Capo que encuentra en su alcahuete Pelotus, a cargo de Aníbal Villa, el nirvana del contrapunto, con un timing tan logrado como los lejanos Abbott y Costello, una verdadera lindura. Y aquí un paréntesis: avisada decisión de Hemsy el sacar a Villa de la sola dirección para subirlo al escenario, un centro de diana que el público agradece. Jorgelina Jenón y Rodrigo Navarro como Felipa y Fedras construyen una comicidad sin tanto fuego de artificio como los antedichos, pero igual de efectiva; mohines, manoteos, inflexiones, muecas y ceños perfectamente logrados y aportando señeramente a las líneas que interpretan. David Laguna y Luisina González, dos jóvenes talentos que, como en otras obras, son simplemente únicos. Ductilidad, memoria, afinación, plasticidad, simpatía, villanía, bondad y bribonadas en su punto justo. Los galanes Gastón Häusler y David Páez como Lindus y Cilindro, son en-con-tra-dos para los personajes: apolíneos y de buen talante, aportan calidez y ocurrencia a todos sus testosterónicos delirios.

En cuanto al canto y a los movimientos coreográficos, rítmicos y musicales, todo el elenco ha sabido ofrecer talento y más talento.

Sin dudas, El Eunuco dará otro batacazo como lo hiciera Sorpresas en la misma sala. Una propuesta que viene a levantar el ánimo sanamente y que se convierte en un must de ver

Repite todos los sábados por lo que deseamos sean al menos tres temporadas, a las 22:00 en el Tajamar

 

#ParaVer  
#Imperdible

Por Willy Olarte / Fotos Maria José Navarro Sarda

Ficha técnica

Ficha técnica

Elenco: Adrián Sorrentino, Darío Martínez, Aníbal Villa, Jorgelina Jenón, Rodrigo Navarro Sardá, David Laguna, Luisina González, Gastón Häusler, y David Páez.
Dirección: Aníbal Villa
Diseño de Vestuario: Yanina Di Munno
Preparador vocal: David Páez
Asistencia técnica: Cesar Tacheret, Tobías Deltín, Daniela Colomer, Guillermo Sessarego
Diseño: Darío Jaesnich
Fotografía: Maria José Navarro Sardá
Producción General: Nicolás Hemsy Producciones

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