Nada es privado

Datacracia

Por Milagros Martín Varela

Audiovisual Multiversos Expandidos / 01 OCT 2019

Cuando nos gobiernan (las empresas de) datos ante un “¡que se vayan todxs!” globalizado.

Elecciones en Argentina. Incendios en el Amazonas. Boris Johnson, Primer Ministro británico, suspende el Parlamento para que el Poder Legislativo no entorpezca el proceso del Brexit (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea). Atacan una base de producción de petróleo en Arabia Saudita con drones. ¿Y qué tiene que ver esto con un documental de Netflix? Todo. Porque no hay momento más propicio para ver Nada es privado (The great hack, Karim Amer y Jehane Noujaim, 2019) que este.

Con Al filo de la democracia (Democracia em vertigem, Petra Costa, 2019) como antecedente, Netflix parece haberse interesado por producir documentales para contar fragmentos de lo que podríamos llamar -como una colección de la Editorial Marea- la “historia urgente”. Más que se hayan interesado desde la empresa misma, hacen que le interese a sus usuarios. Se trata de documentales extensos, que rondan los 120 minutos de duración cada uno y que por la narrativa de los mismos, la forma en la que están contados los sucesos que muestra, casi que podrían asemejarse a una producción audiovisual de ficción.

En esta ocasión, Nada es privado cuenta apenas una parte, una simple porción de lo que se ha podido descubrir, del papel que jugó Cambridge Analytica (CA) en la elección de Estados Unidos en la que triunfó Donald Trump y en la consulta popular que apoyó el Brexit en Gran Bretaña. Dicho de otra manera: el documental indaga en el papel que desempeñó CA, Facebook y la comercialización de datos personales de usuarios de redes sociales en un inusitado avance de la derecha en todo el mundo. 

La producción de Karim Amer y Jehane Noujaim se estrenó en la plataforma el pasado 24 de julio y en los medios locales se lo ha mencionado y recomendado reiteradas veces. Sin embargo, en los análisis se nota lo que se evita mencionar o bien, lo que no llamó la atención: en Nada es privado podemos ver que CA no sólo actuó en EEUU y Gran Bretaña, sino que también elaboró una campaña anti-kirchnerista para las elecciones de 2015 en Argentina. En una parte del documental escuchamos a Carole Cadwalladr, periodista de The Guardian diciendo: “En todas las campañas de Cambridge Analytica / SCL para los países en desarrollo, se recurrió a la práctica de algún truco o nueva tecnología. Cómo convencer a la gente. Cómo evitar la participación o cómo aumentar la participación. Y luego sigue: ‘Ya sabemos cómo es. Usémoslo en Gran Bretaña y en EEUU’”. Mientras suenan estas palabras, vemos en la pantalla la siguiente imagen, en referencia a los países en los que trabajó CA: 

Se han publicado notas periodísticas en las que el jefe de Gabinete del presidente Mauricio Macri, Marcos Peña, afirma que CA elaboró una campaña para Cambiemos en 2015 pero el equipo del mandatario se negó a aplicarla; así como otras en las que Alexander Nix, quien fue presidente de CA, coincide con Peña e inclusive otras en las que el empresario confirma haber realizado y aplicado el trabajo. Teniendo en cuenta que las declaraciones de ambos personajes suelen ser confusas y engañosas, resulta difícil tanto confirmar como dudar de que la mega empresa haya interferido en los comicios que tuvieron lugar en nuestro país hace casi cuatro años. Sin embargo, pensar en la posibilidad de que haya sucedido, nos ayuda a entender cuestiones que en su momento resultaron inentendibles. Por ejemplo: ¿cómo fue que Macri ganó en un balotaje de 2015 si todas las encuestas daban por ganador a quien era su opositor en las elecciones, Daniel Scioli? Lo mismo sucedió en Estados Unidos: en 2016, todos los sondeos daban por próxima presidenta a la demócrata Hillary Clinton. 

Aunque el sentido común podría susurrarnos “esas cosas (que una empresa termine decidiendo quién será el próximx presidentx de un país) acá no pasan”, Nada es privado invita a investigar un poco sobre el trasfondo de estas cuestiones. Y, al hacerlo, puede suceder que se crispe la piel al corroborar que todo está relacionado con todo… y todxs con todxs. Por mencionar un ejemplo, en el documental vemos a Steve Bannon, quien fue jefe de campaña de Donald Trump. Christopher Wylie, científico de datos que ayudó a montar CA y es una de las figuras centrales del documental, cuenta que Bannon “era editor de Breitbart. Es propulsor de la doctrina Breitbart, lo cual significa que si quieres hacer cambios profundos en la sociedad, primero hay que dividirla. Sólo cuando la divides puedes volver a moldear esos pedazos para darle forma a una sociedad nueva. Esta era el arma que Steve Bannon quería construir para librar su guerra cultural”. 

Breitbart News es un “sitio web de noticias, opiniones y comentarios políticos conservador”, según lo define Wikipedia, alineada con la alt-right (derecha alternativa), un grupo heterogéneo de ideologías de extrema derecha que rechaza a conservadores que -según su punto de vista- han asumido valores que consideran progresistas o neoconservadoras. Lo peligroso es que la mayoría de los miembros de esta ideología son jóvenes que tienen una participación prolífica en las redes sociales. En Argentina, uno de los referentes de este movimiento es Agustín Laje. Volviendo a la desmitificación de “esas cosas acá no pasan”, hace cerca de dos meses, el portal de noticias Tiempo Argentino publicó que Cynthia Hotton -cantidata a vicepresidenta por el Frente NOS, lista que encabeza José Gómez Centurión- mantiene contacto con Bannon y que se conocieron entre ellxs a través de un pastor evangélico. Laje, por ejemplo, ha manifestado abiertamente su apoyo al Frente Nos.    

El valor de los datos

El sexto episodio de la tercera temporada de Black Mirror (Charlie Brooker, 2011-actualidad) se llama “Odio nacional” (National hate) y muestra una serie de crímenes que se desatan a raíz del uso de hashtags y de los datos personales de lxs usuarixs, en este caso, de Twitter. Dicha catástrofe ocurre a raíz de que esos datos están en manos del gobierno de Gran Bretaña y son fácilmente “hackeables”. En el caso de Nada es privado, vemos cómo una empresa (CA) compra los datos que tiene otra (Facebook) con el fin de trabajar en beneficio de determinadxs políticxs. 

Lo que queda en evidencia es que cuanto más datos obtienen las grandes empresas tecnológicas como Facebook sobre sus usuarixs, más riesgo corre la integridad de ellxs. En el caso del capítulo de Black Mirror, la integridad física; en Nada es privado, la integridad de las democracias. La gravedad del asunto radica en que las tecnologías que usan estos monopolios de datos son -tal como se afirma en el documental- de uso militar. Se trata de operaciones psicológicas (psychological operations o PSYOPS en inglés), aquello que se hace “en una guerra que no es una guerra”. De hecho, SCL/Cambridge Analytica empezó siendo contratista militar. El nombre de la empresa en aquel momento era SCL Defense. Lo que se hace es generar una guerra de comunicación con el fin de persuadir.

Pero ¿persuadir a quién? ¿A toda una población por igual? ¿Es eso posible? No. Por un lado, es necesario dejar atrás la idea de que todos los mensajes que circulan por los medios de comunicación y por las redes sociales tienen como destinatario a una audiencia homogénea y pasiva que los recibe y reacciona ante ellos por igual. En lo que concierne particularmente a lo que hizo CA, Brittany Kaiser, exdirectora de negocios de la empresa y otra protagonista del documental, lo explica: “Las empresas más acaudaladas son las de tecnología. Google, Facebook, Amazon, Tesla. Y estas empresas son las más poderosas del mundo porque el año pasado el valor de los datos superó al del petróleo. Los datos son los bienes más valiosos del mundo. Y estas empresas valen mucho porque han estado explotando bienes de la gente. La estrategia está dirigida a identificar a aquellos que aún consideran diferentes opciones (N. de la R: ante un sufragio) y concientizarlos sobre las opciones que existen y, si están indecisos, se los puede convencer de una u otra opción”.

Kaiser asegura que “no todo votante era nuestro por igual. Casi todos nuestros recursos se destinaron a aquellos cuyas mentes podíamos cambiar. Los denominamos ‘persuasibles’. Nuestro equipo de creativos diseñó contenido personalizado para activar a esos individuos. Los bombardeamos con blogs, notas de sitio web, videos, anuncios… Todas las plataformas imaginables. Hasta que vieran al mundo como nosotrxs queríamos. Hasta que votaran a nuestro candidato. Es como un búmeran. Se envían los datos, se analizan y regresan en forma de un mensaje dirigido para modificar tu comportamiento”. 

Al fin y al cabo, los sucesos de CA, Facebook, el Brexit y el hecho de que haya presidentes como Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil; tal vez no habrían sido posibles sin este tipo de operaciones y estas quizás no habrían llegado a concretarse sin la profunda crisis política y el descreimiento de los políticos que atraviesa a la población mundial, sin este “¡que se vayan todxs!” globalizado. 

Es por eso que es necesario repensar, por un lado, al manejo de las redes sociales desde una perspectiva de contrapoder para lograr equilibrar la balanza, o -al menos- intentarlo. Un buen ejemplo de esto son los ciberfeminismos. Por último, también se vuelve importante generar un debate y acciones concretas para apuntar a estos temas en la educación. Focalizar -desde los primeros años de la educación formal- en la comunicación y, sobre todo, en la comunicación en medios y redes sociales para contribuir a la autonomía de lxs sujetxs.

Por Milagros Martín Varela

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