AOI! El gualicho de la malvarrosa

De miedos y locuras

Por Priscila Jardel Castello / Fotos Leandro Fernández

Teatro Entrevista / 29 JUL 2017

El Teatro Independencia fue testigo del estreno de AOI! El gualicho de la malvarrosa con dos noches a sala llena.

La compañía Ala Sur, presentó AOI! El gualicho de la malvarrosa, obra de suspenso inspirada en Aoi no Ue, obra de teatro del japonés Yukio Mishima, reescrita por Ivana Catanese y dirigida por el director estadounidense Kameron Steele. AOI! El gualicho de la malvarrosa nos sumerge en el interior de una clínica dedicada a la investigación de la psique humana y sus represiones. Nos presenta a seres que sufren de una profunda soledad existencial y que solo vibran con los fantasmas de su pasado.

Ivana Catanese, dramaturga de la obra cuenta que "en la creación de este proyecto descubrimos que existe un temor colectivo a los hospitales, los médicos, la muerte y el más allá; y que este temor es compartido por la mayoría, independientemente de la nacionalidad, raza o credo".

Catanese actualizó y adaptó el texto original de Mishima (que trata del encuentro de un joven Don Juan con el fantasma de una ex amante, cuando visita a su esposa moribunda en un hospital) con Los Cuentos de Genji, de Shikibu Murasaki, la primera autora mujer del Japón; una investigación sobre histeria y estudios sobre cambios climáticos en relación a estados emocionales, que permiten establecer una asociación entre la psiquis y los fenómenos sobrenaturales.

AOI… denota un enorme trabajo lingüístico preciso, coreografías intensas que acompañan y hacen avanzar al relato, la escenografía minimalista colabora con la musicalización en vivo, mediante un diseño de sonido creado por el compositor belga Marc Appart que utiliza Ableton Live, un secuenciador de audio que por momento logra estremecer al público.

Para materializar esta historia en escena, Steele trabajó, durante dos meses, con un grupo ecléctico de actores (Celeste Alvarez, Valentina Luz Aparicio, María Luz Cano, Gabriela Contreras, Mau Funes, Nadya Kotlik, Constanza Lucero, Matías Lucero, Santiago Silva y Mauro Winckler) realizando un intenso entrenamiento que conjuga contenidos del método Suzuki (método grotesco y extremo querequiere un riguroso entrenamiento físico y vocal, con ejercicios que incluyen una serie de movimientos en la que los actores deben trasladarse por el escenario marchando al ritmo de una melodía),  con técnicas psicofísicas de Yoga, acrobacia y danza contemporánea, adquiriendo una conexión con el piso necesaria para el intérprete al momento de transferir emociones y textos.

Esta obra con alta potencia visual apoyada en el expresionismo y guiada por su banda sonora que lleva el hilo de los diálogos hace una crítica sutil pero filosa al sistema capitalista y, especialmente, al sistema de salud, sobre todo con temáticas relacionadas con el aborto, la pérdida, la mentira, la cosificación del otrx, el abandono o la traición. Claro está que también hace referencia al sexo y a la muerte, temáticas infaltables cuando hablamos de nuestra humanidad, lo que se puede decir y lo que debe esconderse.


Por Priscila Jardel Castello / Fotos Leandro Fernández

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