Caníbal

De saturno, los hijos y el hambre

Por Willy Olarte / Fotos Gentileza Chi Bellusci

Teatro El animal extinto / 11 AGO 2018

…’Vivimos en tiempos primitivos, ¿no, Will? Ni salvajes ni sabios..; las medias tintas son lo peor. Una sociedad racional me mataría… o me daría algún uso’… Hannibal Lecter

Confundimos canibalismo con antropofagia y, cuando lo hacemos, lo asumimos como aberración de aberraciones. Y es que no, che, no son lo mismo. Si consideramos siquiera la idea de comernos a nuestros congéneres desbarrancamos en tótems y tabúes freudianos y desechamos el pensamiento inmediatamente moviendo la cabeza de un lado a otro, con un no de desdén… mientras seguimos alimentando a los pollos con los menudos de otros pollos que matamos el día anterior.

Es que el concepto de canibalismo va más allá: implica la propia subsistencia a costa de miembros de la misma especie, fuere ésta cual fuere. ¿No es canibalismo lo de la maestra en el concurso para la dirección, o el empresario que despide a cuatro obreros porque su ecuación costo beneficio no es lo que él espera, o el amante a través del asesinato de la fidelidad?... Y eso es, tal vez, lo que nos propone Gerónimo Miranda en su Caníbal

Este actor, escritor y director mendocino nos trae una obra que estremece y confronta. De hecho, no es casualidad que estos textos de este lúcido tipo hayan sido paridos durante su estadía en la mega ciudad de Buenos Aires - antropófaga por mucho-: un hombre común es lanzado a la tarea de vivir sin otro manual que el propio y fatuo empirismo. El tiempo y la propia finitud, las decisiones libres y las culpógenas, las emociones vedadas y las permitidas, los status quo autoimpuestos y los que heredamos, son algunas de las paradojas a las que nos enfrentamos cada día y que Miranda sube al escenario a través de su atribulado, y puro en esencia, personaje.

Las distintas vidas que vivimos en una sola nos transforman en seres humanos diferentes, conforme la etapa que atravesemos, los tabúes son en cuanto los consideremos tales, así como los fantasmas que nos acompañan aterrándonos si les tememos, o acompañándonos si les permitimos compartir el viaje.

Así, al hondo caminar de estas palabras (ojo que hondo en cuanto a caladura, no en cuanto a términos difíciles; el texto es simple, es el mío y el tuyo, el de todos los días) cabía una actuación a la altura. Y acá ponemos freno de mano: verlo a Miranda actuar, emociona, inquieta, alarma, apiada, entusiasma; es un deleite para quienes envidiamos sanamente a los buenos actores. Te queda esa cosa en la panza de decir: carajo, qué bueno… Cuatro personas en una avanzan en un relato de esos que nos puede pasar a cualquiera, y los hace a cada uno, y no se sale de su cuerpo, y no es él. Verlo en el escenario me dejó conmocionado, y me vino a la cabeza la frase de Alfredo Alcón: …Si este tipo pudiera explicarme el barullo que tiene en la cabeza, sería un filófoso, pero, como no puede, actúa…

En definitiva, cuando desde El animal extinto, nos toca reseñar obras y, sobre todo, actuaciones como ésta, quisiera estar hablándote hasta mañana, pero, al fin de cuentas, puede subsumirse en un solo término de mesa de café: es buenísmo-

Por Willy Olarte / Fotos Gentileza Chi Bellusci

Ficha técnica

  • Dramaturgia: Gerónimo Miranda
  • Dirección: Pablo Díaz
  • Asistencia e dirección: Camila Insúa
  • Asistencia técnica: Lucas Chiarelli, Camila Insúa
  • Actuación: Gerónimo Miranda

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