Los Invertidos

El corazón normal

Por Willy Olarte / Fotos Damian Soloducha

Teatro El animal extinto / 16 AGO 2018

...él era la forma que tenía el mundo de decirme que la vida es bonita...

A principios del SXX, autores anarquistas como Florencio Sánchez o Roberto Payró, afín al ideario socialista, intentaban, a través de sus obras, culturizar pedagógica y propagandísticamente a las clases bajas, acerca del rol nocivo de la aristocracia y la burguesía en detrimento de los trabajadores; José González Castillo -más conocido como el papá de Cátulo Castillo- era de éstos.

Éste anarquista, que merece un lugar destacado entre los mejores de la producción teatral argentina planteaba …’una tesis filosófica, política o moral, intentando convencer al público acerca de su legitimidad, invitándole a recurrir más a su racionalidad que a su emotividad’…, apareciendo como un influencer de la vida política y cultural de la tan conservadora Argentina del 1900, que mostraba a la clase alta como corruptiva del proletariado en contraposición al teatro burgués, que consideraba que el peligro procedía de las clases bajas. Así, sus obras eran tan populares como polémicas, tanto, que por ejemplo Los invertidos, fue prohibida inmediatamente luego de su estreno, por el Intendente de la Ciudad de Buenos Aires, bajo la acusación de inmoral.

La trama, que hoy aparece un tanto naif y extemporánea ante el poderoso avance de los derechos civiles, femeninos, de igualdad de género y sociales, se focaliza en una familia acomodada, compuesta por el doctor Flórez, su esposa Clara, su joven hijo Julián. Por su parte, Pérez, un buen amigo de la familia, seduce a Clara y logra que ella acceda a encontrarse en privado. Allí, en el departamento de soltero de Pérez –denominado ‘el Club’-, donde también suelen asistir caballeros de dudosas costumbres, Clara comienza a descubrir la doble vida tanto de su marido como de su protoamante, descubrimiento a partir del cual devendrá el infortunio de los infortunios. Como vemos, es un texto sin mayores sorpresas. Sin mayores sorpresas… para el 2018, pues esta obra de Gómez Castillo, estrenada en 1914, es un alegato potente de su época en contra de la homofobia y la redención que supone la liberación del ser, en una sociedad que veía a la homosexualidad como una perversión proveniente del mal y que, como tal, no merecía misericordia ni salvación, ni siquiera en la muerte.

Entonces, lo que vuelve a ésta Los invertidos de Guillermo Troncoso, en un must de esta temporada, es sin dudas, y precisamente, la dirección y puesta. El avezado actor y director nos propone una partición de mundos, de puntos de vista, de realidades, de universos, enfrentando dos escenografías contrapuestas estéticamente –una bañada de rojo infracción, barroca, exuberante y la otra nívea y casta y mera y evidente- que envuelven a los dos cosmos en lados antepuestos de la sala, obligando al espectador a mirar a un lado y otro, como si se tratara de un match en donde se enfrentan la verdad y la mentira, el deber ser y la unidad del alma, la forma y la esencia. Pocos son los personajes que caminan de un mundo a otro, no todos desfilan en la gélida pasarela de mármol y granito: hay quienes lo hacen sueltamente, otros compelidos y otros, irremediablemente. Y el resultado de todo esto, es más que preciso: admirable. Troncoso, se erige una vez más en sinónimo de buen teatro.

Con un elenco numeroso como requiere el cast original, las actuaciones acompañan la excelencia de la puesta, y, aunque dispares, se amalgaman y completan una sinergia poderosa en la escena. Celeste Álvarez, como la atormentada Clara, está perfecta: gestualidad, ligereza, potencia, sometimiento e ira se conjugan en un solo rostro que, merced a la disposición de la audiencia, uno saborea a pleno. Marcelo Díaz, sigue atrapando por su plasticidad, histrionismo y fuerza en cada personaje que encara; su Pérez resulta manipulador, atribulado y ególatra: bien. Diana Wol, pone toda su experiencia actoral en una Petrona campechana, creíble, azuzada por las circunstancias. Benito, el conserje de ‘el Club’, calza a la perfección en un actor de fuste como Víctor Arrojo que, a priori simplón, sólo un diestro intérprete como Arrojo puede trasuntarle sin ostentar, toda la dualidad y composición que le cabe. Fernando Echenique remata el elenco de protagonistas con un Flórez angustioso, incómodo y colérico que encaja con el resto de los inestables corazones. Fabricio Mattioli, Agustín Díaz, Álvaro Benavente, Exequiel Lesta y Federico Castro completan el mundillo de individuos de la trama y muy bien, por cierto: cada uno explota su cualidad intrínseca ajustadamente. Perlita, sin dudas, resulta la interpretación de Castro como la andrógina, mordaz y aguda Princesa.

Esta vez, sin peros.

En la Nave Cultural, todos los jueves de agosto y septiembre. Reservá que se agota

Por Willy Olarte / Fotos Damian Soloducha

Ficha técnica

  • ACTUAN Celeste Alvarez, Diana Wol, Marcelo Díaz, Fernando Echenique, Victor Arrojo, Federico, Castro, Fabricio Mattioli, Agustín Díaz, Alvaro Benavente, Exequiel Sosa
  • ASISTENCIA Dino Cortez
  • ESCENOGRAFÍA Rodolfo Carmona
  • VESTUARIO Ricardo Tello
  • ARTE ESCENICO Juan Lopez
  • FOTOGRAFÍA Damian Soloducha
  • DISEÑO Gabriel Fernandez
  • DIRECCION GENERAL Y PUESTA EN ESCENA Guillermo Troncoso

Contanos que te pareció