El Barbero de Sevilla

Entre almas vivas e inútiles precauciones

Por Willy Olarte

Teatro El animal extinto / 01 JUL 2018

De la avidez por el arte y de cómo conseguirlo

Esta obra de Joaquín Rossini, antonomasia de la ópera buffa en el mundo entero, guarda, con sus doscientos años, la frescura de su estreno en la Italia de 1816. Mientras los diputados de las provincias rioplatenses se dirigían a Tucumán, en Roma se inauguraba esta obra que ha dado vuelta al mundo y cuyos compases son reconocibles por el inconsciente colectivo de la humanidad entera, en una suerte de constante simpatía, y los cuales han acompañado las musicalizaciones desde filmes de Ken Annakin hasta las perennes caricaturas de Bugs Bunny

Imaginate principios del SXIX en Sevilla –porque se supone que los españoles son muy graciosos-; hay una joven doncella huérfana de nombre Rosina, que se enamora de un bel muchacho, Lindoro –quien es realmente el Conde de Almaviva-. Bartolo, el tutor de Rosina, no sólo querrá impedir la relación sino que intentará casarse con su pupila. Ahí es donde interviene, ayudándolos, el barbero del pueblo, don Fígaro, quien, como reza el aria que lo precede, es el factótum de la ciudad.

Bueno, y ahora que te conté eso, te cuento esto otro:

El Barbero de Sevilla, se estrenó este viernes pasado como la segunda ópera al mando de esta nueva gestión de cultura oficial. Y se aplaude. Claro que se aplaude. La ópera es quizá, de las artes escénicas, la que más disciplinas aúna y eso repercute en tra-ba-jo; en trabajo, en desarrollo, capacitación, competitividad, en mejora y aumento de músicos, cantantes, de escenógrafos, maquilladores, utileros, boleteros, de actores, diseñadores, técnicos, iluminadores. En fin, un ejército cuasi vendimial en el mejor marco que posee nuestro medio: el Independencia.

Es que esta realización de la Secretaría de Cultura de Mendoza, supone un escalón más desde la anterior, puesto que cuenta con una brigada artística casi completamente vernácula, lo que merece un agradecido reconocimiento.

Omar Carrión, bonaerense proveniente de una familia lírica, fue el encargado de ponerle el cuero a Fígaro. Sin dudas, se entiende porqué Filadelfia, Gales, Letonia, Alemania, Chile, el Colón, lo tienen entre sus voces, con una redondez y corpulencia que llenó acabadamente cada frase del peluquero.

Don Bartolo, no le fue en saga; Luciano Miotto, también bonaerense graduado en Florencia, resultó eficientísimo en el papel, dadas sus dotes histriónicas, su notable manejo del escenario, y su voz brillante y buffa, con un fraseo redondito.

La bella Rosina, fue personificada por otra bella, la soprano mendocina Griselda López Zalba, poseedora de un lirismo que enamora, en cuanto recital barroco la tiene, en este papel de la ‘Rosina de Rossini’, también encanta.

Ricardo Mirabelli, fue el galán conde de Almaviva, haciendo las muecas de Lindoro. Y aquí un pero: quienes hemos tenido oportunidad de ver a Mirabelli en otros escenarios y repertorios, sabemos de su ductilidad, suficiencia y proyección vocal; cualidades tales que no pudimos justipreciar en esta entrega del Barbero, volviéndolo en extemporáneo para el papel. Y es que, según supimos, el tenor mendocino con dilatada trayectoria en el exterior, salía de una severa faringitis. Entonces pues, es aquí donde cabe a la productora encargada de llevar adelante la aventura de una ópera, prever en el presupuesto tales desmadres, con la contratación de un elenco supletorio –como generalmente se hace-. Tristemente, quienes fuimos a ver equis evento, vimos ése evento y no otro, sin esclarecimientos posteriores. Se dice que a la ocasión la pintan calva, y en esta ocasión, el tenor fue menos que el elenco, lo que pudo haberse subsanado perfectamente con la precaución del caso. Con todo, Mirabelli mostró una profesionalidad y una teatralidad que hablan de su recorrido y ejecutoria.

Completaron el elenco, el fino talento musical del nacional Alejo Laclau y la dulzura y afinación siempre eficaz de la mendocina Gloria López, el novel Daryl Figueroa, y las voces oscuras de un singular, ecléctico y activo coro ad hoc, bajo las órdenes de Mónica Pacheco

Un aparte de mencionar es la puesta de Federico Ortega Oliveras, un genuino creador de momentos. El refinado y delicado regie de la Dido y Eneas que llevara adelante el Violetta Club tiempo atrás, fue el elegido para este Barbero. Un hallazgo. Traída a una armonía contemporánea aunque no actual, lo kitsch ganó la escena, remontándonos inmediatamente al Almodóvar de los ‘90, consustanciados con elementos de horror comedy del musical rock, decorados de estética Mattel, ingredientes vintage, proyecciones –en ocasiones tres al mismo tiempo-, díscolas coreografías y un vestuarios adecuadísimo a cada personaje, que redondearon todo en función de un libreto inmortal. Bravo.

La Filarmónica de Mendoza, al mando de Gustavo Fontana, lo digo cortito y al pie: bien, muy bien.

Último pero, y éste es enorme: en una escena donde casi la mitad del argumento se desprende de los recitativos –aún cuando casi todas las óperas los tienen, hay ciertas como Carmen, en donde puede prescindirse de ellos sin entorpecer la trama, a fin de acortar la duración-, es inadmisible que el sobretitulado no funcionara correctamente: desincronizados, de apariciones espasmódicas, con blancos eternos donde uno buscaba orientarse de alguna manera. Nones. Y claro, está quien argumenta: es que no hubo ensayo general como tal, es que esto, es que lo otro. Nones. Hubo público que pagó sus 500 pesos por ver el espectáculo co-mo se de-be.

Público, aclaro, que en su gran mayoría asintió y respaldó la función con un sostenido aplauso, a pesar de no haber entendido lo qué, muestra acabada que Mendoza quiere ópera. Y eso es precisamente lo que se aplaude, y se incita, por supuesto; cientos de bravos a todos por la idea, la concepción y la sinergia. Queremos más, muchas más

Por Willy Olarte

Ficha técnica

Orquesta Filarmónica de Mendoza, dirigida por Gustavo Fontana

Cantantes
Omar Carrión como Fígaro
Luciano Miotto como Don Bartolo
Griselda López Zalba como Rosina
Ricardo Mirabelli como el Conde de Almaviva
Alejo Laclau como Don Basilio
Gloria López como Berta
Daryl Figueroa como Fiorello
Ensamble de voces, dirigido por Mónica Pacheco 
Director de escena: Federico Ortega Oliveras. 

Repite el 3, 5 y 7 de julio, a las 21.30, en el Teatro Independencia
Entradas desde 300p

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