The Slits - “CUT” (1979)

Esas atípicas chicas

Por Pao Sparta

Música Cajita Musical / 08 JUN 2019

En una ciudad de Londres que se encontraba a fines de los '70 con el punk en plena decadencia, las Slits llegan con un disco debut diferente y agitador, que supo desde los márgenes incomodar lo suficiente para considerarlas una de las grandes novedades en la era postpunk.

Si hay un grupo que logró ser una gran influencia en el punk femenino, en el postpunk y luego en el movimiento feminista Riot Grrrl, sin lugar a dudas fue The Slits, o “Las Vaginas” en castellano. Sus inicios se remontan en la Inglaterra de 1976, cuando las adolescentes Ariane Daniel Foster y Paloma Romero se conocen en un recital de (nada más y nada menos) Patti Smith y deciden armar una banda compuesta íntegramente por chicas. Mejor conocidas como Ari Up en voz y Palmolive en batería, respectivamente, se empiezan a meter en el mundillo del punk, movimiento incipiente que detonaría y, al mismo tiempo, caería en picada algunos meses más tarde.

A la banda se sumarían, luego, Viv Albertine en guitarra y Tessa Pollitt en bajo. Desde los inicios estuvieron rodeadas de músicos y amigos de bandas como The Clash, Sex Pistols, Television y Buzzcocks, entre otras.

Pese a que no tenían un gran entrenamiento instrumental en los comienzos, sus integrantes estaban seguras del sonido que querían tener para la banda y la actitud era algo que no les faltaba. Sin siquiera tener su primer material editado, ya The Clash las habían invitado a formar parte de la gira de conciertos “White Riot Tour” en 1977.

Sumado a eso, en toda esta escena punky, existía un programa en la BBC Radio One que era conducido por John Peel, el único “DJ hippie” que difundía gran cantidad de material de diversos estilos con el propósito de facilitar el acceso a una cuantiosa variedad de grupos musicales algo marginados y desconocidos que necesitaban divulgación. Así es como en septiembre de 1977 The Slits fueron invitadas a tocar en vivo algunas canciones (cuatro para ser más exacta), en lo que sería una de las joyitas y registros históricos de las “Peel Sessions”. También se repetiría la invitación en 1978 y, luego, en 1981.

Peel Sessions 1977

En esas primeras grabaciones, se pueden escuchar las versiones de sus canciones mucho más crudas y directas, más cercanas al punk clásico de guitarras de tres acordes, siempre con la voz desgarradora de Ari Up y la batería potente y seca de Palmolive. Siendo una de las primeras bandas de punk formada íntegramente por mujeres, ellas sin embargo no se sentían cómodas con las etiquetas y no querían quedar encasilladas en el movimiento; por eso terminan arriesgándose con un sonido mucho más osado, revoltoso y provocativo que quedaría plasmado en el primer disco.

Por esos años en la ciudad de Londres, el reggae y el dub tenían gran presencia en clubes y bares de la zona. Los mismos punks compartían una especie de amistad y confraternidad con este movimiento rastafari proveniente de Jamaica que estaba en plena expansión y auge. Un club muy conocido en ese momento que congregaba toda esa diversidad musical era The Roxy, en el cual de la mano del músico y DJ Don Letts (otra de las grandes influencias al momento de difundir), se fusionaban ambos estilos en los sets para bailar y distenderse.

En todo este contexto, las Slits se inspiran en esos sonidos contraculturales y dejan en claro sus intenciones de combinar lo punky y lo reggae en lo que sería su debut discográfico. Editado en 1979, publican a través de Island Records su primer disco, “Cut”, producido por Dennis Bovell, músico aficionado a la cultura jamaiquina, que además fue productor de The Pop Group, otra banda aliada y muy cercana a The Slits. Para ese momento, Palmolive había decidido dejar el grupo y su lugar en la batería fue ocupado por Peter Edward Clarke, alias Budgie (luego baterista de Siouxsie and the Banshees).

En el libro de Simon Reynolds Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo, el productor se refiere al proceso de grabación: “Las integrantes de The Slits tenían tantas ideas que más bien se trataba de descubrir qué era lo que debía quedar y qué no. Estaban repletas de material y tuve la tarea de ordenarlo y decir ´esto va acá´. Fue como si de repente me hubieran tirado todas las piezas de un enorme rompecabezas en la falda”.

Ya el arte de tapa del disco fue toda una provocación para la época. La imagen fue tomada por la legendaria fotógrafa Pennie Smith y muestra a las tres músicas (Ari Up, Viv Albertine y Teresa Pollit) embadurnadas de lodo, con lianas sólo tapando su parte inferior y rodeadas de rosales, lo que significaba para ellas la idea de volver a las raíces y lo más instintivo, para alejarse de la civilización.

Con respecto a la foto, dijo Ari Up: “Nos conectamos tanto con el campo mientras hacíamos el disco, que terminamos revolcándonos en la tierra. Así que decidimos cubrirnos con lodo y mostrar que las mujeres podían ser sexies sin vestirse de determinada manera. Sexies de un modo natural y desnudas sin que fuera pornografía”.

Disruptivo y caótico, pero al mismo tiempo novedoso y necesario, este disco sintetizó la furia y el desapego a las normas que sentían estas pibas que parecían haber salido de una auténtica selva amazónica.

Originalmente el disco contó con 12 canciones (2 de ellas son bonus tracks)  y una duración de 40 minutos aproximadamente. Todo el álbum tendría ese componente antisistémico y rebelde, que ya se venía cargando con el punk, pero bajo sus propios términos. Resaltaría también una visión más feminista, (quizás de un modo inconsciente) con letras provocativas que criticaban el machismo, el amor romántico y ciertos comportamientos estereotipados.

Ya comenzando con Instant Hit, que menciona a las drogas y la autodestrucción que se percibía en algunos músicos del ambiente; o Spend, spend, spend que habla sobre comportamientos y compras compulsivas (“Quiero satisfacer esta sensación de vacío”), junto con Shoplifting que hace una sutil apología a la idea de salir a robar en comercios (“Babilonia no perderá mucho, y vamos a cenar esta noche. Salgamos corriendo!”).

Newtown comienza con un rasgueo de guitarra algo filoso, que describe a la ciudad como un centro enfermizo sin salida, y la voz de Ari Up que aumenta por momentos su resonancia e intensidad tímbrica, lo cual demuestra su gran capacidad para llegar a los agudos.

La mayoría de los temas tienen ese elemento bailable propio del reggae, a causa del sonido dub-ska y las guitarras rítmicas a pleno de Viv Albertine, como Typical Girls (con una base de teclado muy contagiosa), Love and Romance o I Heard It Through The Grapevine, tema originalmente escrito en 1966 por Norman Whitfield y Barrett Strong, que fue versionado por innumerables músicxs como Marvin Gaye, Tina Turner o Creedence Clearwater Revival.

Typical Girls

Haciendo un panorama general del disco, las composiciones se encuentran cargadas de momentos álgidos e intensos, algunos más oscuros que otros por esa fusión que se da entre el punk y su sonido seco y directo, y el reggae que dispone de su parte rítmica más expresiva. Las letras genuinas y sinceras complementan toda esta perspectiva ska-punk, con mensajes llenos de sarcasmo e ironía.

Por el año de su salida (1979), el disco quedó mejor encajado (y con justa razón) en la era postpunk, movimiento que sentó las bases de la experimentación profunda con el despoje de algunos de los elementos más significativos del rock, para crear sonidos y ritmos nuevos y fusionados. Se trató de desprenderse del “karma punk” que habitaba por ese entonces en la escena musical de Inglaterra y EE.UU.

Particularmente, The Slits favoreció mucho más la visibilidad de las mujeres que querían tener su propia banda, sin importar la más o menos destreza que tuvieran, y que serían una gran influencia para grupos como The Raincoats, L7, Bikini Kill, entre otros.

Hoy, a casi 40 años de su aparición es considerado un disco de culto que, como casi siempre sucede, en su momento no fue del todo bien recibido o entendido, generando reacciones diversas en el público y la prensa especializada. ¿El por qué? Seguramente por querer romper los parámetros establecidos que se cargaban en esas épocas por la simple condición de ser mujeres, sumado a un contexto bastante hostil y misógino. Viv Albertine lo describió muy bien en su biografía Ropa música chicos: “No nos respetaban. Nadie nos quería cerca. A Ari la habían apuñalado dos veces en un año. Nos vestíamos de una forma en que o nos amaban o nos odiaban, y nadie podía aguantar que Ari tuviera 15”.

Mujeres rebeldes y subversivas, algo “desaliñadas y desprolijas” que hicieron música desde el under con un estilo y contenido propio y original. “No éramos feministas en un sentido políticamente correcto sino más en el estilo de vida. Estábamos en una explosión en la que no teníamos tiempo de seguir las reglas. Estábamos demasiado ocupadas luchando por nuestra identidad”, dijo Ari Up, en algún momento.

Por Pao Sparta
paosparta@gmail.com

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