Marta Gómez

Historias y sentir hecho canto

Por Jimena Marín / Fotos Leandro Fernández, Romina Jofré Smordel y Diego Echenique

Música Entrevista / 07 JUL 2019

Cantautora de voz cálida, sonrisa amplia y arte íntimo. Su música habita nuestra identidad latinoamericana mas su esencia es internacional, pues transita los parámetros de la belleza y el amor.

Con estas palabras nos referimos a Marta Gómez, quien visitó Mendoza presentando Un silencio que llegó desde lejos junto al bajista argentino Andrés Rotmistrovsky.

Luego de probar sonido y a poco de abrir las puertas del Cine Teatro Plaza, donde acunó a su público con un completo y alegre espectáculo con repertorio propio y canciones de otrxs músicxs, Marta recibió a SR tras bambalinas y conversó con nosotrxs sobre su recorrido, sus elecciones, su música y mucho más.

Marta Gómez nació en Colombia. Dueña de una voz hermosa y la magia del ritmo y la canción en su cuerpo, no se puede afirmar si hubo un momento concreto en el que su relación con la música comenzó o si existió desde siempre. Su historia musical inició a sus cuatro años, como integrante del coro de niñxs del Liceo Benalcázar, de la ciudad de Cali, Colombia. Pero, ¿hubo un instante preciso, una situación concreta que confirmara este destino musical en su vida? Marta nos contó que alrededor de los 6 años decidió salir del coro porque implicaba mucho trabajo y responsabilidad, ya que era voz solista de éste. Sin embargo, durante los dos meses de vacaciones escolares y todo su primer día de clases de primer grado, se arrepintió de hacerlo. Había contado con el total apoyo de su mamá y su profesora para alejarse y, ahora, temía que no la recibieran de regreso. Por supuesto que no fue así, su ausencia de apenas unos meses hoy es anécdota y, también, expresión de que la música que corre por sus venas necesitó, desde siempre, espacio para expresarse y ser. 

“Desde ese día, nunca jamás volví a dudar de mi alegría, que era el coro”, nos dijo sonriendo.

Trayectoria musical y viajera

Con una vida destinada a la música, Marta viajó a Boston para estudiar en la prestigiosa Berklee College of Music, donde recibió el premio de composición Alex Ulanowsky por su bambuco Confesiones, dedicado a las ambivalentes emociones que le genera su tierra colombiana. Más tarde, se recibió con honores.

Con 12 producciones discográficas propias y más de 100 canciones compuestas, la cantaautora recibió en 2014 el premio Latin Grammy al Mejor Álbum de Música para Niños con Coloreando y fue, también, nominada con sus discos Este Instante (2015), Canciones de Sol (2016) y La Alegría y el Canto (2018). Ha compartido escenarios  y discos con reconocidos artistas de todo el mundo, como Mercedes Sosa, Susana Baca, Totó la Momposina, Tania Libertad, Bonnie Raitt, Andrea Echeverri, Inti Illimani, Idan Raichel, entre otrxs. Además de presentarse en diversos rincones del mapa e importantes festivales de América Latina, Estados Unidos, Europa e, incluso, Israel  y Sur África. 

"Musiquita", puente de sentires

La música de Marta se siente, interpela directamente las emociones de quienes accedemos a ella. Así, más que “escuchar”, su arte se vive. Y eso se logra en la conjunción de todos sus planos creativos: la composición musical y de la letra, sus arreglos, su interpretación, su performance sobre los escenarios. Sin embargo, no siempre la recepción del público coincide con el modo de concebir una obra por parte de su artista, por lo que le consultamos sobre este proceso y nos dijo:

“Yo necesito cantar, necesito comunicar. Por eso casi no tengo canciones que hablen de mis sentimientos. Siempre tengo eso, necesito contar la historia de otra persona, conectarme con otra persona y es desde ese lugar que canto. Y justamente, lo más importante para mí siempre es la canción. Siempre que estamos con el grupo, y ahora con Andrés, se tiene que entender la historia, más que yo o que la voz”.

Que la génesis de cada canción de esta cantautora sea, también, las emociones, hace que su música se transforme en puente que une vivencias, experiencias, dolores, alegrías, luchas y reivindicaciones. Hace que la historia y el sentir de sus protagonistas se trasladen y se hagan parte del sentir de quienes la escuchan. Canciones como Paula ausente, dedicada a la hija de la escritora chilena Isabel Allende; Basilio, que cuenta sobre un pequeño de 11 años que trabaja en las minas de Potosí, Bolivia y, Manos de mujeres, que relata historias simples pero significantes de mujeres fuertes, simples, luchadoras e invisibilizadas, son sólo algunos ejemplos concretos de esto.

Y, quizá, esta particularidad de su arte contribuya a otra de sus características. Esa capacidad de que ritmos y composiciones tan fuertemente latinoamericanos sean recepcionados en distintos rincones del globo con la misma emoción y disfrute. Esto sumado a su formación y perfeccionamiento constante en reconocidos espacios del mundo y a su contenido vivo, emotivo, hace a su arte universal. Al respecto, Marta nos comentó:

“Yo había pensado que es justamente porque nace desde mi necesidad (de cantar) a la necesidad de alguien de oír. Pero puede ser también porque he vivido en muchas partes. Claro, yo me siento latinoamericana, realmente, pero soy capaz de vivir en muchas partes, me acoplo. Pero creería que es más porque canto desde el alma, entonces así se escucha. Pero también puede ser lo otro, que conozco  el sentimiento humano desde otras partes”.

El compromiso político del canto

Marta Gómez, además de ser una talentosa y prolífica cantautora, es una profesional muy comprometida con diversas causas sociales y políticas. Numerosas composiciones dan cuenta de ello pero la acción que mejor lo ilustra es la campaña internacional Para la guerra nada, para la cual invitó a músicxs de distintos rincones del mundo a incluir nuevos versos a este canto a la paz.

Ante esto le consultamos su opinión sobre el movimiento de músicas locales que promueve Más mujeres en los escenarios, se manifestó completamente a favor, tanto por ser mujer como por considerar la lucha justa y necesaria. Destacó, también, que en otros lugares de Lationamérica no se da aún y que Argentina, una vez más, comienza con el ejemplo. Sin embargo, realizó un aporte muy valioso al respecto: 

“Me gustaría agregar que, con eso, tendría que haber un trabajo de becas y de estudios. Porque claro, queremos más mujeres en los escenarios, dentro y fuera, y y no hay tantas mujeres preparadas para ser ingeniero de sonido, o lo que sea. Entonces, evidentemente, para que no baje la calidad, sí que tiene que haber más preparación (…)  Me parecía súper importante que venga con una promoción y con una seducción también, que seduzca (a las mujeres) a estar en esos cargos que no se usan…"

Una vida para la música

La música es parte de Marta Gómez y viceversa. Quienes hemos escuchado a la artista arriba y debajo de los escenarios, cercana, sencilla y talentosa, agradecemos nuestra suerte. Mientras, Marta vive sus días y noches por y a través de sus melodías y letras:

La música es mi forma de comunicarme, de conectarme conmigo, primero, y con la humanidad, con el dolor humano con la esperanza humana, con lo bonito y lo feo.

Su comunicación es, así, arte colectivo y profundamente humano. Canción que se percibe mucho más allá de los sentidos.


Un grito que llegó desde lejos

Un grito que llegó desde lejos

Un show íntimo, cargado de anécdotas, recuerdos, historias, deseos y gustos musicales colmó el Teatro Plaza. La calidez de Marta y el clima de “entre amigxs” generado junto a Andrés fueron disfrutados por una sala llena de quienes aprovechan cada visita de la artista para sentir su música en vivo.

La noche comenzó con la bella voz de nuestra Paula Neder en el escenario, invitada luego a compartir otras melodías de ambas, como Todo o Soy Reina, Juan MaríaDe sal y de luz, Despacio, etc. 

Además de sus canciones, Marta interpretó acompañada del bajo de Andrés, "El museo de las distancias rotas" de Jorge Drexler, "Tu nombre", de Javier Ruibal, “Soy pan, soy paz, soy más”  de Piero y reconocida interpretación de Mercedes Sosa, entre otras.   

La impecable presentación transformó la fría noche mendocina en un cálido hogar donde el tiempo transcurrió alegre y sonoro, bajo la promesa de un nuevo encuentro.  

 

Por Jimena Marín / Fotos Leandro Fernández, Romina Jofré Smordel y Diego Echenique

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