Muestra Alberto Thormann

La resurrección del inmortal

Por Willy Olarte

Cultura Opinión / 13 MAY 2018

Luego de su partida de este mundo, se llevó a cabo la primer muestra del gran artista Alberto Thormann.

La resurrección es, en algunas religiones, la vuelta a la vida de alguien que ha muerto. También es, en su significado lato, la renovación de algo que había disminuido su actividad o que había perdido actualidad. Esa palabra es la que vino a mi mente cuando supe que Baalbek inauguraba una muestra de Alberto Thormann.

La joven galería de la Arístides, de Gilda Miralles y dirigida por el curiosamente ingeniero agrónomo y artista Pablo Robello, resucitaba orgullosamente una exposición de este dibujante, grabador y pintor mendocino. Primera póstuma, pues Alberto Thormann nació en Mendoza, en el año 1959 y murió en Mendoza en el año 2016.

57 años tenía y 45 de carrera artística (Sí, cuarenta y cinco, no saqué mal las cuentas; a los doce años ganó un primer premio de pintura mural en Maipú). Surrealista en su sonrisa y en su mano, como el Matta y el Ernst a los que admiraba, el Alberto era un sibarita campechano rastreador de la belleza mutante, nunca quieta.

Entrás a la galería y ya te topás de frente con un cachetazo de movimiento: manchas, colores, líneas, conversando entre ellas un diálogo atemporal sobre los espacios y las formas. Y si te concentrás un poco, te das cuenta que lo que viene se asemeja a eso, a esa conversación de lo orgánico y lo gráfico, que se dibuja en texturas que navegan una trama en las que cada uno de los elementos parece un naúfrago en medio de la nada y, al tiempo, se relaciona con el todo, kinética y mágicamente.

Rara cualidad también aparece ya en el tope de Baalbek: fondos y formas pariendo altos niveles de hondura en una simpleza confusa.

Y fue ahí, en ese final de muestra, en que me cayó la ficha de lo errado que estuve pensando en la resurrección de Thorman: este tipo no resucitó un carajo, este tipo vive más que yo, más que muchos; el Alberto no se murió nunca, porque tampoco se va a extinguir, porque su obra es, sin dudas, bello reflejo de la cualidad de su alma: inmortal.

Tremendas gracias al Pablo y a la Gilda por invitarlo a exponer nuevamente. Baalbek, se avizora como un fresco marcapaso que nos venía haciendo falta.

Y tremendas gracias al Alberto, por el legado.

La exposición puede verse hasta el 16 de julio, en Baalbek, en Arístides Villanueva 528, de martes a sábados de 11:30 a 13.30 y de 17:00 a 21:00.

 

Foto portada: Alf Ponce / MDZol

 

Por Willy Olarte

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