El puchero de oro

La tempestad de Chiofalo

Por Willy Olarte / Fotos Gentileza Marian Sánchez y Javier Díaz

Teatro El animal extinto / 01 AGO 2018

…”Y suspiraba y gemía profundamente, y sacudía con impaciencia el saúco, que, lejos de responderle, movía sus hojas indiferente y parecía como si se burlase de sus ansias”…

Los aniversarios suponen mayormente un agasajo, y si cumplís veinte años, se impone un festejo. Precisamente este viernes pasado, viernes de eclipse lunar de luna roja, viernes de sueño de una noche de invierno, el elenco EQT Equipo de Teatro, dirigido por José Carlos Chiófalo –el Baby, para los menducos-, nos obsequió a todos, con motivo de sus primeras dos décadas, el estreno de El puchero de oro, del eterno Ernesto Hoffmann

EQT responsables de lindezas como La mandrágora, el engaño, Comedia Varieté, La obra de arte, nos desborda con este Puchero –Caldero, en el original, como ése caldero que perseguimos al final del arcoíris, o como el que Astérix esconde del recaudador de impuestos-, a través una cosmología fabulosa, mítica, de hondura psicológica adaptada del original por el mismo Chiófalo, urdiendo personajes reales y fantásticos en una comedia dramática con un manejo sibarítico de las herramientas teatrales: escenografía, vestuario, luces, música nos sumergen en una confusión lógica y surreal que subyuga.

…¡Vuestro amor es como un desafío, quizá me cueste la vida, pero sea lo que sea, me rindo!...

A ver, cómo contarte la trama del El Puchero.., en menos de siete páginas. El cuento de Hoffmann, es una de las primeras novelas cortas de este prusiano insomne y, creo, califica como su obra maestra, incluyendo todos y cada uno de sus mágicos menjunjes al escribir. Anselmo, es un joven estudiante de teología enfrentado a la terrenidad de la vida, quien se relaciona con Verónica, hija de su padrino Paulmann. Al mismo tiempo se prenda de un ser sobrenatural, Serpentina, hija de Lindhorst, un chiflado y excéntrico archivero al que recurrió para transcribir unos arcanos manuscritos. En la trama, aparecen también una bruja, un fantasma, una díscola amiga y un antagonista con ideación suicida, imagínate entonces el prodigioso potaje que resulta.

Ahora bien, ¿cómo llevar al escenario semejante brebaje poético y onírico? Con una cabeza como la de Chiófalo, pues. Riguroso y definitivo, sonoro y metafísico, sin dudas es de lo mejorcito de este director que ya de por sí suele destacarse, y esta puesta sin dudas abre un nuevo momento del Baby en su trayectoria. Dueño de un lenguaje personal, tan prolijo como exacto y con una estética tan concisa como intrépida, adapta El puchero y lo ofrece en un bello desarrollo audiovisual con una sólida concepción teatral y hábil manejo de herramientas pictóricas, transformando el texto de Hoffmann en una obra espesa, sutil, plástica. El concepto de Ciófalo, parece sacado de una de las frases del propio Anselmo en el original: …’Una estrella particular reina sobre mí en ciertos momentos importantes y mezcla con la realidad cosas fabulosas, en las que nadie cree’…, sólo él… y le resulta. Y nos resulta. Evocándonos irremediablemente al mayúsculo Greenaway de Los libros de Próspero, donde uno se siente en contacto con lo infinito, mientras camina la fábula, vigorizada con una musicalización acertadísima.

…’en lugar de las palabras que otras veces le solía dirigir el espíritu, sólo escuchaba el rumor de la locura’…

La escenografía es un capítulo aparte que se articula a la perfección con la puesta y los movimientos escénicos y actorales. De una belleza y calidad fuera de lo común, acomete su propósito, al presentar cuatro ambientes resueltos bellamente, con un maravilloso abanico de detalles que dan ganas de subirse al escenario para escudriñarlos todos. Otro tanto ocurre con el vestuario, que amplifica las características de cada personaje y los robustece visualmente en colores, tramas, texturas y diseños convenientísimos. Aplausos.

Las actuaciones corren por cuenta de firmes del EQT, entre las que se acentúan las de Cristian Coria como un Anselmo vivaz, plástico y empeñoso, Violeta Falcón certera en un Paulmann garboso y preocupado, Sara Amores como la hechicera Elisa –la única que tal vez mostró un experimentado manejo de la voz- y el mismo Chiófalo como el archivero Lindhorst; a quienes se suma un elenco integrado por Natalia Cunietti – eficaz en su aéreos- Ariel González, Macarena Randis y Paula Ruiz Ávalos, con buen molde para la comedia.

El pero que me queda de esta notable beldad que resulta El Puchero, fue, sin lugar a dudas, la duración: más de dos horas.., se sienten, inducen a una saciedad que no beneficia.

Con todo, esta puesta de El Puchero de oro puede inscribirse en el circuito de las grandes capitales del teatro. Bien. A estar atentos por más presentaciones.

Por Willy Olarte / Fotos Gentileza Marian Sánchez y Javier Díaz

Ficha técnica

  • Actúan: Sara Amores, José Carlos Chiófalo, Cristian Coria, Natalia Cunietti, Violeta Falcón, Ariel González, Macarena Randis, Paula Ruiz Ávalos
  • Escenografía: Alejandro Castro Grandolio, Majo Delgado, Orlando Leytes
  • Coreografía: Darío Aguilera
  • Vestuario: Omar Lateana
  • Técnica de Luces: Majo Delgado
  • Técnico de Sonido: Darío Aguilera
  • Producción: EQT Equipo De Teatro, Florencia Ríos
  • Prensa y difusión: Emiliano Pecorelli Mozzicafreddo
  • Adaptación, Puesta en escena y dirección: José Carlos Chiófalo

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