Game of Thrones

Las mujeres de Hielo y Fuego

Por Milagros Martín Varela

Audiovisual Multiversos Expandidos / 11 ABR 2019

Todos los hombres deben morir, pero nosotras no somos hombres.

La última temporada de Juego de Tronos (Game of Thrones, David Benioff y D. B. Weiss, 2010 - actualidad) llega este domingo. El último capítulo estrenado fue el 27 de agosto de 2017 y, desde entonces, miles de personas en todo el mundo han ansiado el próximo 14 de abril. De la mano de esa larga y no tan dulce espera, se han generado múltiples teorías y especulaciones sobre cómo será el final de esta épica e inolvidable producción que ha marcado a toda una generación. Lo cierto es que sólo el reparto de la serie, sus creadores y el escritor de la saga original (Canción de Hielo y Fuego, A song of ice and fire), George R. R. Martin; saben cómo termina la historia. Sin embargo, hay particularmente un aspecto de la narrativa desde el cual se puede analizar hacia dónde es probable que vaya la trama: el rol de las mujeres en la serie.

Desde aquel primer episodio estrenado hace nueve años, en donde veíamos a los personajes varones en el poder, a esta parte, en la que las mujeres están gobernando Poniente (Westeros); ha pasado mucho hielo y fuego por debajo y por encima de puentes, castillos y Muros. Si hacemos el ejercicio de recordar los primeros capítulos de Game of Thrones (GoT, a partir de aquí), visualizaremos una cultura medieval occidental bastante similar a la que ya conocemos (excepto por los Caminantes Blancos, también conocidos como el Ejército de los Muertos): un territorio extenso, un rey derrochador que disfruta del alcohol y las prostitutas, su reina maltratada por el esposo, un señor leal a su rey, sus hijas, hijos legítimos y un supuesto “bastardo”. Al otro lado del mar, una niña -prácticamente- a punto de ser vendida por su hermano al jefe de una tribu que se tiene fama de poco civilizada y salvaje. Casi todos los varones mencionados hasta aquí, murieron en el transcurso de la serie.

Pero, si tomamos a tan sólo cuatro ejemplos de mujeres -Daenerys Targaryen, Cersei Lannister, Arya y Sansa Stark (foto portada) - podemos ver que, muy sutilmente, Martin, Weiss y Benioff fueron construyendo personajes femeninas que ahora son, al fin y al cabo, las que tienen la temporada final en sus manos; en tanto que la mayoría de los varones quedaron en el camino y sólo los que más desarmaron y deconstruyeron los estereotipos de masculinidad (en un contexto similar al de la Edad Media) en su trayecto han sobrevivido (Tyrion Lannister, Jon Snow / Aegon Targaryen alias “el bastardo”, Brandon Stark / El Cuervo de Tres Ojos, entre otros).

En la parte que hemos visto en pantalla del multiverso de Hielo y Fuego, se suponía -al principio- que la magia había muerto, que los dragones, los Caminantes Blancos y demás eran puros cuentos. Todo esto, en un mundo reinado por varones. A medida que la magia vuelve y se visibiliza en la serie, las mujeres se van empoderando, se transforman en estrategas, en políticas, en gobernantes, en quienes lideran toda la trama de GoT. A su vez, estas protagonistas han construido nuevas formas de relacionarse y de gobernar: basta pensar en Daenerys como “la rompedora de cadenas” (breaker of chains), que libera a todx esclavx que ve y no conquista ni compra nada ni a nadie, sólo le da la libertad a su ejército y a quienes la acompañan de elegir estar a su lado, seguirla y jurarle lealtad.

 

GRL PWR en Game of Thrones

Daenerys Targaryen (interpretada por Emilia Clarke) es, sin duda, una personaje central en la Canción de Hielo y Fuego. En principio, porque representa al segundo elemento. Pero, más allá de la trama, lo que hace especial a Daenerys es cómo se construye a esta protagonista desafiando estereotipos de “la mujer”. La Khaleesi es muchas mujeres. En un artículo titulado “Arquetipos complejos de género en Game of Thrones: Daenerys nacida de la tormenta, la puta, la guerrera, la madre”, lxs autorxs exponen que Daenerys representa a varios arquetipos femeninos como “la doncella” en la primera escena en la que la vemos, “la puta” cuando Viserys la vende a Khal Drogo a cambio de su khalasar para tomar el Trono de Hierro, “la guerrera” desde que se convierte en Khaleesi, “la madre” cuando nacen sus dragones y cuando el pueblo de Meeren la llama mhysa (que significa “madre” en Alto Valyrio).

Sin embargo, aún representando a todos esos arquetipos, Daenerys rompe con los modelos establecidos: no es “la doncella” que al casarse adopta todas las costumbres de su marido (siempre la vemos reivindicando lo que es ser khaleesi, pero también reivindicándose a sí misma como una Targaryen), no es “la puta” porque la trama no queda en su “venta y compra” de Viserys a Drogo, sino que ella se enamora de este último y viceversa, es una mujer que -después de las primeras violaciones de Drogo- se apropia de su deseo y goza de su sexualidad, es una “guerrera” que nunca pierde su delicadeza y lo que se denominaría comunmente como la “femeneidad”, es una “madre” que se dedica al arte de gobernar.

Podemos pensar en Sansa Stark (Sophie Turner) de manera similar. A primera vista es una niña que quiere casarse con el príncipe, luego ser rey y reina y tener “pequeñxs príncipes y princesas”. Después, empieza el calvario: su prometido asesina a su padre, es golpeada física y psicológicamente, luego es prometida (sin su consentimiento) a Tyrion Lannister, Petyr Baelish (alias Meñique) la saca de Desembarco del Rey (King’s Landing) quien la vende a Ramsay Bolton, el villano de villanos, que también la violenta y viola. Sin dejar de lado los padecimientos de Sansa, lejos de ser mostrada como una víctima, termina (hasta ahora) siendo Lady of Winterfell, dictando sentencia de muerte a su captor (Meñique), siendo una verdadera estratega.

Por otro lado, tenemos a Arya Stark (Maisie Williams), personaje que podemos decir que en ningún momento fue estereotipado. Odiaba bordar, se escapaba a practicar con arco y flecha en los patios de su hogar (lo cual sólo le estaba “permitido” a los varones), detestaba usar vestidos y amaba practicar con la espada. Arya desafía todo el tiempo el estereotipo de la niña vestida de rosa, delicada, obediente y sumisa. Por el contrario, es -desde el principio- una niña y luego mujer rebelde, desafiante, de un gran corazón y con un enorme sentido de justicia.

En cuanto a Cersei Lannister (Lena Headey), aunque es “la mala”, tampoco es una villana típica de las narrativas occidentales: es la única hija de quien fue, hasta la cuarta temporada, el hombre más poderoso de los Siete Reinos (Tywin Lannister), su padre la dejó de lado permanentemente en cuanto al legado de la familia y sólo la usó como objeto de venta al mejor postor, que terminó siendo el rey Robert Baratheon, quien maltrataba e ignoraba a Cersei todo el tiempo. La única virtud que se le adjudica es su rol de madre entregada a sus hijxs. Pero el destino de Cersei fue el de reina (ilegítima, claro) de los Siete Reinos, única heredera de la riqueza Lannister (ya que Tyrion estaba exiliado y Jaime es de la Guardia Real, lo que le prohíbe ser dueño de tierras, tener esposa e hijxs). A pesar de tener una relación amorosa con su hermano, Jaime, éste viola a Cersei en varias escenas.

En el artículo citado anteriormente, se expone que “la cultura occidental, creada a partir de un paradigma patriarcal -lo que se traduce en el pensamiento machista y misógino preponderante- es fundado sobre una mitología (y moral) judío-cristiana, ilustra aquello que Campbell dijo al respecto de las estructuras narrativas, entre ellas el monomito: nosotrxs llegamos siempre a la misma historia”. Pero las nuevas generaciones, las marcadas particularmente por GoT, ya no creen en finales felices y ya se ha anticipado que la culminación de esta serie tendrá sabor agridulce. Lo único que podemos decir es Valar Morghulis, “todos los hombres deben morir”...pero ellas no son hombres.

Por Milagros Martín Varela

Contanos que te pareció