Gabriel Jimenez

Libertad entre letras

Por Majo Fernández / Fotos Leandro Fernández

Cultura Entrevista / 04 SEP 2019

El arte salva, nos abre puertas y nos hace libres. Empezamos a contarte proyectos que se realizan en nuestra provincia en contexto de encierro.

Mendoza es una provincia fuertemente cultural, muchas personas usamos el arte para conectarnos con lo que nos hace bien, para potenciar nuestra creatividad, nuestro disfrute.

En los complejos penitenciarios mendocinos se desarrollan múltiples actividades y talleres que generan otras perspectivas y posibilidades para internos e internas. Oficios, pintura, deporte, literatura, teatro y música son algunos de los talleres que se ofrecen y que sirven como herramientas.   

En esta primera entrevista estuvimos charlando, para conocer su trabajo, con Gabriel Jimenez, quien es docente, escritor, editor, autor e inquieto sobre todo.

- Gabriel, contanos un poco sobre tus proyectos y tu trabajo. 

Trabajo en una escuela de jóvenes y adultos dentro de los centros penitenciarios de la cárcel de Mendoza, particularmente en la Unidad 3 que es Borbollón (la cárcel de mujeres). Ahí doy clases de Ciencias Sociales y de Formación Ética pero, a la vez, coordino un proyecto que es el de la revista “La Ganzúa”. Esta revista, que se viene realizando hace tres años, se ha presentado en la feria del libro y en otras provincias, ya se ha leído un poco. En la cárcel de Boulogne Sur Mer, que es la Unidad 1, coordino los talleres socioculturales dentro del C.E.B.J.A, la primaria para adultos. A la vez tenemos un proyecto paralelo que es el de la revista “La Esquela”, que es muy similar a “La Ganzúa” pero se escribe desde la cárcel de hombres, no yendo hacia  a la producción de textos literarios en sí (aunque a veces se da), sino más de opinion, de poner en escena lo que no se ve. Trata de romper ciertos parámetros, ciertas estructuras de lo que se piensa que es la cárcel, o contar lo que no se ve. A veces se muestra lo más televisivo tipo “Marginal”. Todo en torno a la muerte y la traición, y se dejan de lado otros temas muy fuertes como la solidaridad, el compañerismo y lo que hace la gente para poder estudiar e ir a los talleres. Hay muchas historias que son positivas, hay mucha gente que tiene un lápiz, lo parte por la mitad y lo comparte para poder ir a la escuela. 

O la fuerza que le ponen para asistir, venir en ojotas con frío, venir más allá de que se le rompan los libros, los cuadernos y, aún así, esa fuerza persevera. Es toda gente que ya ha estado marginada del sistema desde el ámbito de la familia, el barrio, la escuela. Tienen trayectorias educativas bastantes truncas, como sus historias de vida, entonces, el último lugar donde la democracia puede accionar para llegar a ellos es la escuela dentro de la cárcel. La escuela democratiza la vida ahí adentro y genera otras posibilidades, a través de la educación y la cultura.

-¿Cómo es la organización y la participación en talleres y publicaciones?

En la Cárcel de Mujeres las revistas tienen un apoyo de la escuela, generalmente son las estudiantes las que participan,  pero está abierta a toda la población. A veces nos llegan textos de gente que no está en la escuela y también se incluyen. No hacemos distinción, no son internos o internas, son estudiantes. No nos interesan los procesos legales que tienen ahí, los vemos como cualquier estudiante de CENS. La participación a talleres socioculturales termina siendo, de algún modo, una forma de ingreso a la escolarización. Es un modo de facilitar la educación formal a través de talleres informales como pintura, teatro y literatura. A partir de prácticas artísticas se empieza a acercar personas que han estado, quizá, ajenas a estas prácticas culturales por su propia vida, marginalidad, pobreza y por tener otras urgencias antes que aprender a pintar un cuadro. A partir de estas primeras experiencias que previamente no se habían podido realizar, se van definiendo hacia qué lado quieren ir. La educación viene a ser un factor de irrupción dentro de todo el esquema de control y orden que ejerce la cárcel, quiebra con todo eso y plantea una horizontalidad: somos dos, estamos de igual a igual. Vos podés plantear lo que quieras, yo también. Nos llamamos por el nombre, sin importar la causa, y vamos a ver qué podemos hacer. Es una ruptura, un empezar de nuevo sin ningún condicionamiento.

-¿Hace cuánto estás trabajando con grupos en contexto de encierro? ¿Tenías algún concepto a priori? 

Hace ocho años. Tenía el preconcepto de lo que muestran en el cine y en la tele: que entrás y te violan, que te van a pegar, cosas así. Entrás con un montón de miedo porque venís cargado de un montón de preconceptos que se rompen a partir del trabajo con otros compañeros y compañeras que te enseñan cómo es el trabajo en la cárcel, cómo se busca darle horizontalidad al conocimiento, cómo se trata de hacer significativa la experiencia de los inscriptos y vincularla con la propia. Muchas veces hay que romper con la academia, con lo establecido, buscar fuentes alternativas, pedagogías alternativas y otros modos de acceso. Es un trabajo de construcción educativa. Hay que romper con todo lo que te dieron en la universidad, con todo lo que viste en los medios y empezar a ver qué posibilidades se generan a partir de eso.

-En estos 8 años me imagino que has pasado por un montón de situaciones fuertes y movilizantes ¿Cómo te sentiste cuando se lograron las primeras publicaciones, cuando se plantearon objetivos y un resultado en común?

Al principio son iniciativas, voluntades sueltas. Uno no sabe que va a salir de ahí. Tengo que haber participado en 4 o 5 revistas que se han hecho en cárceles y publicaciones también. No sabés si se va a hacer, qué va a salir de eso, si habrá recursos económicos para poder publicarla, si será posible darle continuidad al trabajo en equipo, entre otras cosas. Muchas veces empieza un grupo trabajando, por diferentes causas muta y termina trabajando otro. Van cambiando los sujetos que participan en cada proyecto, así que cuando te encontras con la revista hecha, por ahí lo más importante, más allá si tiene trascendencia afuera, si se lee o si a alguién le interesa, lo más fuerte es ver cómo una persona que no estaba habituada a escribir o a leer se encuentra a sí misma publicada en una revista y se ve ahí, en ese texto que era algo impensado, ya que no se tenía la idea de que podía escribir y expresar sus pensamientos y sus ideas a partir de un texto. Ver esa sorpresa, ver cómo lo comparten y lo empiezan a mostrar, a difundir a contarles a su familia es genial.    

-En un aspecto más general ¿Qué implicancia crees que tiene la cultura en los contextos de encierro, cuál es la importancia que puede llegar a tener?

La cultura y la educación son herramientas “anti-destino”. Permiten romper la idea de que si naciste en la villa tu destino es morirte en una acequia o en la cárcel y que no vas a poder salir nunca de la casta social marginal. La educación tiene que ver con el empuje para romper ese mandato social, con ese destino de muerte. Entonces esa es la importancia, no sólo la producción de obra que puede darse o no, eso es anecdótico. Pueden haber textos o cuadros geniales o no, pero lo importante es el “click” que se le produce a una persona al descubrir que tiene otras posibilidades que no se le habían mostrado nunca. Eso genera muy buenas cosas.     

-En cuanto a las publicaciones en las que trabajan ¿cómo se llegan a plantear las situaciones que se desean narrar y cómo, las temáticas, el formato, etc?

Hay un poco de todo. A veces planteamos un tema para trabajar. Las mujeres por ejemplo ya hacen lo que quieren, no me dan bola (risas), yo les puedo sugerir un tema pero ellas vienen con otro. Algunas prefieren seguir con alguna consigna y otras traen otras ideas que son mejores, eso pasa muchísimas veces. Sus propuestas son superadoras. Los hombres son más estructurados, hablamos, tratamos de acordar qué vamos a hacer y luego vienen con sus propuestas, las charlamos, las corregimos, tratamos de ver qué conviene, que no conviene, si algo de lo que se dice puede generar problemas ya que la idea no es denunciar, no es un panfleto que bardea y nada más. Se busca poner en escena otras realidades que no son las que manejan los medios hegemónicos, lo que sale en la tele, en los diarios, en las películas (si hubo ajustes de cuentas, drogas, si mataron a uno, violencia, etc). Se pretende narrar cómo se vive desde adentro la ansiedad por volver a ver a la familia, cómo es ser mujer y estar detenida, que es distinto a ser hombre y estar detenido. Las temáticas salen desde ellxs y yo sólo acompaño y asesoro para no caer en los eufemismos en los que se cae siempre que son todos perversos, cuando en realidad hay un montón de casos de solidaridad, de compañerismo, de superación personal o de sentimiento. Pero sí, la idea se va planteando entre todos como una construcción y el texto se va trabajando y se va corrigiendo, y de ahí nacen las historias. 

-Desde una perspectiva más personal ¿Qué relevancia tienen las letras y la cultura para vos?

La escritura es un dispositivo de pensamiento en el que uno está permanentemente buscando formas para lograr escapar de otras estructuras. Se juega con el silencio, con lo no dicho, con la elipsis de lo real, todo el tiempo. Vas como por una cámara buscando todo el tiempo lo que querés decir, la voz, el tono, cómo contar lo que querés contar y esto es cotidiano. Quienes escriben están habituados a ir pensando desde lo estructural. Es un modo de abordar la realidad, como quienes pintan van pensando en colores, imágenes, formas, luz o lo que sea, quienes escriben van captando todo ese tipo de cosas. Depende de la sensibilidad de cada uno para que lado lo va llevando, la escritura me parece que es un dispositivo de pensamiento.

En mi caso personal, desde la filosofía llega mi interés por la cultura, desde el análisis de los sistemas de pensamiento y la búsqueda de la explicación de la realidad. No me terminan de convencer los sistemas ya armados, procesados y demás. Me he dado cuenta que muchas veces desde el mundo del arte se problematiza mucho más que en sistemas específicos cerrados. Hay un montón de casos de artistas que te hacen pensar y reflexionar un montón sobre las estructuras que vos tenés. Entonces, sobre este marco cultural se logra problematizar todo el resto, y eso se traslada a las prácticas educativas todo el tiempo. La forma de abordar a los alumnos es a través de textos de Galeano, de Walsh, de Urondo, de Alfonsina Storni, porque a partir de la cultura rompes con el mundo de la cárcel. 

 

Publicaciones en contexto de encierro

Este 2 y 3 de septiembre se realizó en el marco de la Feria del Libro con organización de Gabriel Jiménez y Fernando Echenique, el primer encuentro de escritura en cárceles y la presentación de publicaciones en contexto de encierro donde, con excelente convocatoria, escritores, escritoras, estudiantes, talleristas pudieron compartir actividades, experiencias, escritos, percepciones y conocerse entre sí.

Deseamos que las letras sigan liberando, otorgando espacios, acortando silencios y dando voces a aquellas  personas que han sido vulneradas, a aquellos espacios que son estigmatizados, olvidados y subestimados más allá de su gran potencial y de los fuertes mensajes que tienen para darnos.

La cultura siempre sana y, seguramente, ayudará a la erradicación de prejuicios que se siguen multiplicando desde el desconocimiento.   

Conoce otros proyectos

Conoce otros proyectos

Para mencionarte otros proyectos artísticos de personas en contexto de encierro te invitamos a escuchar Conducta Calle. Esta banda nació hace dos años en el complejo San Felipe. En la misma participan 15 personas que tienen como objetivo utilizar la música como herramienta de inserción, disfrute, creación y trabajo colectivo. En sus inicios sólo contaban con tachos de pintura como instrumentos y en la actualidad a base de mucho ensayo lograron compartir y realizar versiones junto a Piero, Victor Heredia, Martín “Mono” Fabio de Kapanga, Marciano Cantero, Mario Virulón, etc y se vienen además de giras dentro de los módulos penitenciarios, otras visitas y grabaciones que incluyen a grandes referentes del cancionero argentino como por ejemplo a Alejandro Lerner, Andrés Calamaro, Adriana Varela, Caligaris y Divididos.


Por Majo Fernández / Fotos Leandro Fernández

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