Educación Sexual Integral

Un bien necesario

Por Mendocinxs por la Igualdad

Género Mendocinxs por la Igualdad / 02 OCT 2017

Volvemos al tema de la Educación Sexual Integral (ESI) porque la coyuntura nos obliga

En el último programa de septiembre, tocamos varios temas enlazados: educación sexual integral, derechos en peligro y visibilización del abuso. Volvemos al tema de la Educación Sexual Integral (ESI) porque la coyuntura nos obliga.

En un noticiero local volvimos a encontrarnos con curas que usan argumentos contra la ESI del tipo: "Si seguimos alentando la educación sexual y avalando la identidad de género, terminaremos aceptando las violaciones y el abuso infantil". Es grave porque, si empiezan a utilizar las leyes que tanto nos costó conseguir como argumento para justificar los delitos que cometen los curas, estamos en un problema.

Parten de una idea equivocada acerca de lo que la ESI es y representa, que busca empoderar a las personas en lo relativo a sus cuerpos, que tengan herramientas para ejercer sus derechos con conocimiento y autonomía sobre el propio cuerpo, y esto implica que unx niñx sepa que su cuerpo es asunto suyo y que ninguna persona adulta tiene derecho de tocarlo si le resulta incómodo. Se trata de que cada niñx sepa que no hay derecho adulto de manifestar un deseo o un poder sobre lxs niñxs, que es la base del abuso sexual infantil. Las familias tienen que saber también que lxs adolescentes bien informadxs no son más descontroladxs, son personas más sanas.

Vuelve a pesar en este debate la Iglesia, en cuanto poder político, ideológico y financiero. En Mendoza ha querido interferir con el trabajo del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, que busca responder a la demanda de lxs jóvenes. Se entiende que la promoción y educación en derechos forma jóvenes sexualmente responsables. Así tendremos menos transmisión de ETS, menos embarazos no deseados. Por eso decimos que son políticas de promoción y prevención. No podemos seguir con prácticas medievales de silencio. Valoramos el trabajo que hacen las capacitadoras del PPSSyR, sabemos que van a seguir adelante con las capacitaciones y alentamos a aprovechar esa instancia.

Desde la Iglesia atacan a quienes defendemos estos derechos, al feminismo, a la diversidad. No son ingenuos. Los representantes religiosos abusadores saben quiénes son y qué lugar de poder tienen frente a lxs niñxs, saben que están abusando. Esta práctica no tiene nada que ver con la sexualidad de lxs adolescentes. Todo esto es especialmente cierto en relación con las mujeres jóvenes, que se paran frente a los varones de un modo distinto al de sus antecesoras. Por eso nos oponen el argumento de la ideología de género, la mentira de que las feministas odiamos a los hombres y queremos someterlos.

Como consecuencia de los avances que sí se lograron en estos derechos, en este paradigma, las chicas tienen hoy la posibilidad de reclamar información, pero también de denunciar. Buscan que sus abusadores tengan sanción penal, si se puede, o social, si no hay posibilidad de llevar a juicio al victimario. Vemos hoy una explosión de denuncias en las redes sociales, para que se sepa lo que les hicieron y para que otras no pasen por lo mismo. Estas mujeres entienden que ellas son dueñas de sus cuerpos, que el límite a lo que pueden hacerles lo marcan ellas y que cuando hay un no, sea más o menos explícito, debe ser respetado. Como algunos varones han decidido ignorarlo, esta es la respuesta.

En las redes se ve lo mismo que en cualquier otro ámbito de la sociedad: una polarización entre quienes apoyan a las chicas y quienes toman partido por los varones con la idea de que no se sabe qué pasó. Tuvimos avances educando en derechos, empezamos a animarnos a denunciar y a reclamar, pero las instituciones no responden. Por eso hoy el espacio denuncia son las redes.

Cuando vemos estos movimientos, siempre surge la duda de si han aumentado los casos o aumentaron las denuncias. Visto en perspectiva, si se tiene en cuenta el caso de Cristian Aldana (El Otro Yo), lo que hubo fue una toma de conciencia y una visibilización de lo que sucedía con él y con otros referentes de bandas. También podría pensarse que son casos aislados, pero muchas bandas que empiezan a crecer tienen integrantes que muestran estas conductas.

¿Por qué algunos hombres hacen esto? Porque pueden. No son enfermos, son hijos sanos del patriarcado. Se encuentran con la posibilidad de avanzar sobre mujeres y la toman, como si tuvieran ese derecho. No es así. La posibilidad no genera un derecho. Sabemos también que no se trata de algo que ha empezado a suceder, porque nos estamos enterando de que estas situaciones se repiten en la historia de bandas que tienen más de 20 años, y no sólo del rock.

Esta conducta por parte de los varones se inscribe en lo que en Estados Unidos llaman "rape culture", la cultura de la violación, la idea de que, como decimos, la posibilidad habilita un derecho de los varones sobre las mujeres, la idea de que una mujer que está cerca es una mujer disponible. Es una cultura que convierte en trampas los espacios que las mujeres podríamos considerar amigables. De hecho, también sabemos de estas situaciones en ámbitos militantes: señores que se presentan como aliados del feminismo, señores en cuyas casas las mujeres de su mismo ámbito político podrían considerarse seguras frente a las adversidades de la calle, convierten sus casas en trampas: es allí donde las mujeres van a protegerse y es allí donde las atacan.

Estos episodios están en la vida de la mayoría de las mujeres. Los padecemos en el propio cuerpo o sabemos de ellos por lo que le sucedió a una amiga, a una compañera de trabajo, de estudios o de militancia que ha pasado por esta situación, que cuando lo cuenta se entera de que otras han pasado por lo mismo, con las mismas personas y en los mismos lugares.

El ataque de la Iglesia Católica tiene que ver también con poner la culpa de estos episodios en las mujeres: la idea de que el avasallamiento de nuestros derechos sexuales ocurre porque salimos de noche, volvemos de día, usamos pollera corta, nos pintamos mucho, nos emborrachamos o nos drogamos. Ninguna de esas elecciones justifica el avasallamiento sobre nosotras.

También tenemos que saber que las instituciones las hacemos como ciudadanía, así que tenemos el derecho de reclamar que funcionen. Las mujeres tienen que saber que tienen derecho a acercarse a una fiscalía, que los actos de abuso sexual infantil no prescriben. También contamos con los espacios de participación, que son nuestro derecho. Las que tienen miedo pueden buscar organizaciones o movimientos.

Cerramos la columna mensual con la pregunta sobre Santiago Maldonado y el reclamo por su aparición con vida.

Por Mendocinxs por la Igualdad

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