La inequidad amplificada por la pandemia

¿Otro desafío para las mujeres de ciencia?

Por Julia Saravia

Género Opinión / 03 JUL 2020

Nadie está ajeno a la contingencia mundial y mucho menos, la comunidad científica. Es así que aquellxs investigadorxs con el privilegio de quedarse en casa, además de sus profesiones, están realizando labores domésticas como limpieza, cocina, educación, cuidado de sus familias, y un sinfín de tareas que en estos días es imposible “tercerizar”.

En este contexto de cuarentenas, que nos obliga a hacer ciencia desde casa, se está observando una tendencia alarmante. Editorxs de revistas científicas de distintas áreas, han reportado estar recibiendo menor cantidad de manuscritos elaborados por investigadoras, y un aumento de hasta un 50% en lo enviado por investigadores hombres, comparando con tiempos pre coronavirus. Estos datos podrían ser indicios de cómo se priorizan las profesiones de hombres y mujeres dentro de un hogar. Poniendo en riesgo el avance de la ciencia y las carreras de estas mujeres investigadoras. Antes de escribir esta nota, una de ellas me comentaba: “mi jornada laboral empieza cuando mis hijos se duermen”

Un estudio interno realizado por la Universidad de Harvard en 2013, evaluó las horas dedicadas al trabajo en la universidad y aquellas destinadas al trabajo en el hogar, por investigadores hombres y mujeres del mismo rango académico. Se encontró que, las investigadoras, además de cumplir el mismo número de horas en la universidad, dedicaban hasta un 100% más de horas para el trabajo en el hogar que sus pares hombres. Esto en el contexto de un año académico “normal”, no uno donde salas cunas (jardín de infantes) y clases escolares llevan meses suspendidas. // Ilustración Till Lauer / New York Times

En conversación con el portal The Lily (The Washington Post) la académica de la Universidad Estatal de Michigan, Leslie Gonzáles, que trabaja en estrategias para diversificar el campo académico, se preguntaba: “Cuando las instituciones seleccionen la adjudicación de fondos, ¿cómo evaluarán los logros de sus candidatos durante esta pandemia?”. En Chile, por ejemplo, tan sólo un 33% de los investigadores son mujeres, y esta misma proporción se replica entre quienes se adjudican los fondos de investigación (FONDECYT, FONDEF, etc.). Para reducir esta brecha, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID, ex Conicyt) lanzó en 2017 su política institucional de género hacia 2025, que es muy prometedora. Sin embargo, a principios de mayo el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Chile, anunció la suspensión durante 2020 de los concursos para “todas aquellas líneas de financiamiento destinadas a cooperación internacional”. El problema de este tipo de recortes, es que pueden actuar como cuello de botella, y si en su reapertura no se inyectan más fondos para compensar la falta del año anterior, resultan en concursos ultra competitivos. En ese contexto no es difícil predecir el destino de postulantes cuyo currículum se haya “congelado” durante la pandemia. Si la extraordinaria productividad de algunos durante estas circunstancias se tomara como estándar, dado los fenómenos que se ven dentro de los hogares, es posible que esfuerzos como el de la política de género de la ANID, no cumplan su cometido.  

Una comparación accidentada me surge con la política de licencias por maternidad para ambxs pamadres, que fue implementada por varias universidades estadounidenses con el fin de equiparar ausencias durante el año académico. Al evaluar su eficacia, se encontró que lejos de mejorar la situación, las mujeres avanzaban aún menos y los hombres todavía más, incluso al compararse con universidades donde sólo ellas obtienen dicha licencia. Es desconcertante, pero deja entrever que aun cuando ambxs pamadres se encuentran dentro del hogar (por el motivo que sea, pandemia o bebé), si las tareas recaen exclusivamente en las mujeres, hasta las políticas más prometedoras pueden volverse contraproducentes. Refuerza la idea de que es necesario tener en cuenta este tipo de factores, si queremos evitar que la brecha que hemos estado intentando reducir por años, se incremente debido a la actual pandemia. 

A pesar del panorama, muchas científicas en todo el mundo, continúan rompiendo estereotipos. En las ciencias marinas, las he visto buceando en la Antártida usando trajes de hombre, porque hasta ese momento los trajes de esas características con medidas adecuadas para mujeres no llegaban a Chile. Esos trajes que les quedaban grandes, dejaban pasar la gélida agua del océano Austral. A pesar de las dificultades, fue justamente una de ellas quién halló y describió recientemente la presencia de mejillones invasores en la Antártida. // Ilustración de Chicagobooth

A nivel global, la iniciativa “Request a scientist” de la organización 500 women scientists provee una extensa base de datos de especialistas en diversas áreas de la ciencia, dispuestxs a ofrecer su conocimiento a medios de comunicación que así lo requieran. A la vez, esta organización,  colabora brindando visibilidad a la diversidad de género e identidades que existe en las personas que hacen ciencia (personas no binarias, trans, entre otras). Esto quiere decir que no todas las personas que hacen ciencia son hombres caucásicos de mediana edad, y en varias áreas, por ejemplo, Epidemiología, ni siquiera son mayoría. Sin embargo en los medios vemos sólo a hombres blancos hablar de ciencia, esto no refleja para nada el abanico diverso que es nuestra comunidad. 

Aún queda camino por recorrer y tal vez nos tome un buen tiempo lograr la equidad tanto en ciencia como en el hogar. No debemos permitir que los estereotipos pongan en jaque el avance de la ciencia

Para ello, es necesario seguir trabajando por la pluralidad en la construcción de conocimiento y, claramente, en la de un mejor sistema científico, uno que fomente el desarrollo de la ciencia por encima de los prejuicios y los estereotipos. Pienso que sólo lo lograremos si todos y todas asumimos un rol activo en la creación de una sociedad más justa, una sociedad que desde siempre empieza por casa. 

 

Portada Ilustración por Till Lauer / The New York Times

Por Julia Saravia

Obsesionada con la comprensión de las ciencias naturales desde la cultura. Amante de los animales y eterna enamorada de la música y el cine. Usa el humor como mecanismo de defensa, y le encanta. De Villa María a Posadas, de París hasta la Antártida, se ha movido por la ciencia, estudiando reptiles, mosquitos, seres humanos, y hoy, peces antárticos.

Admiradora de Carl Sagan, por combinar talento y humildad para comunicar las ciencias, y de Michel Gondry por su originalidad e ingenio para contar historias.

Hoy realiza su Doctorado estudiando la sensibilidad de peces nativos a los efectos del calentamiento global y la expansión de la salmonicultura en el sur de Chile. Además, conduce y produce el podcast La Selva del Saber junto a colegas de postgrado. Está incursionando en la comunicación, siempre con miras a construir puentes de diálogo entre las ciencias naturales y otras áreas.

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