Bolivia

Reflexiones sobre el golpe de estado

Por Federico Soria

Historia y DDHH Opinión / 20 NOV 2019

Los sucesos recientes en ese país merecen un análisis profundo y a conciencia, que incluya todas las variables que condujeron a este desenlace, exento de cualquier simplificación panfletaria.

Por estos días he tratado de buscar data concreta y fehaciente para analizar y entender las causas internas que han dado lugar a la actual situación en Bolivia, donde como siempre pasa en estos casos, el principal perjudicado es su pueblo que pone y pondrá muertos, heridos y despojados, pues los líderes de las facciones en pugna siempre estarán a salvo, dentro o fuera del poder. He procurado estudiar el tema sin caer en fanatismos vacuos o bajadas de línea que tienden a hacer tala rasa al pensamiento crítico, concepto que también hoy en día es bastardeado y vaciado de contenido por las bajadas de línea de los estamentos de poder político-partidario, que destruye cualquier intento de autogestión o autodeterminación de los pueblos. La respuesta y el pronunciamiento a estos hechos nefastos, pienso yo, debe ser elaborado a partir de la lectura crítica de quienes están en el lugar o si no estando, analizan los hechos con fundamentos y/o argumentaciones elaboradas desde la base de las diferentes perspectivas que han venido ocurriendo en ese país y todos los intereses puestos en juego.

Bolivia es, ante todo (y como todos los países latinoamericanos), un estado neocolonial; y en su caso específicamente diseñado a partir de la división de las colonias españolas. Junto con Paraguay y Uruguay, fue concebido como estado tapón entre Argentina y Brasil, a partir de la fragmentación del Virreinato del Río de la Plata, el cual también fue una entidad colonial tardía concebida exclusivamente como enclave a explotar, completamente desarticulado (tal vez por eso luego fue más fácil de fragmentar en varios países). La historia boliviana es compleja y su análisis no debería estar exento de esta concepción, ya que de esa manera se puede arribar a conclusiones concretas respecto de los despojos que ha padecido como país por acción de sus vecinos y de las potencias extranjeras (guerras de Chile, del Chaco y anexiones de Brasil), y como pueblo por acción de sus gobernantes (predominantemente de elites adineradas y conservadoras). “Bolivia en su historia” por Hernán Apaza, es un compilado de citas para indagar más en el entendimiento del contexto donde se vienen dando estos procesos. 

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En Bolivia subsiste el colonialismo intelectual aún en las corrientes que se autodenominan revolucionarias y lamentablemente esto influye de manera casi determinante en las usinas epistemológicas del poder que se autodenominan progres, populistas o de la nueva izquierda latinoamericana. Solo en ese contexto puede entenderse el quiebre que desde temprano tuvo Evo Morales con los pueblos originarios que lo llevaron al poder, con hechos como la represión en Tipnis o la legislación que permitió los incendios en la Amazonía boliviana. “El colonialismo intelectual y los dilemas de la teoría social latinoamericana” de Silvia Rivera Cusicanqui, es un análisis desde lo filosófico de cómo el pensamiento occidental condiciona el discernimiento político en los pueblos de América Latina. 

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El golpe de estado en Bolivia es un hecho repudiable desde cualquier punto de vista, pero analizarlo como un suceso aislado y fuera de contexto es, a mi entender, intelectualmente deshonesto, una simplificación que a mí no me cabe en lo más mínimo. Un gobierno que nace con consignas revolucionarias y gestualidad hacia reivindicaciones ancestrales, que con el tiempo adopta formas autoritarias y neoliberales que responden a los grandes intereses corporativos transnacionales a los que discurseaban enfrentar en un principio, necesariamente genera divisiones internas en los grupos sociales que oportunamente lo respaldaron y erigieron. “El agotamiento del Régimen y las tareas emancipativas hoy en Bolivia” por Jorge Viña Uzieda, analiza las disyuntivas planteadas en las movilizaciones y protestas que se dieron en ese país y que terminó en el golpe de estado, que no fueron ni por asomo uno solo, sino una escalada con diferentes estadíos, que se fue retroalimentando por la suma de oídos sordos en las distintas facciones en pugna por el control del Estado, que (más allá de cualquier consigna buena o mala) en todo momento privilegiaron cuestiones particulares de poder hegemónico. 

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Se ha mencionado que Estados Unidos ha estado atrás del golpe, aludiendo a diferentes versiones sin demasiado asidero que tal vez en un tiempo la historia develará. De todos modos, se sabe que en cada caída de un gobierno democrático de América Latina estuvo la mano negra del imperio del norte. Sin embargo, hay un factor que se ha dejado de lado en la mayoría de los análisis que se han hecho y es el interno, fundamentalmente el quiebre ocurrido entre Evo Morales y los Pueblos Originarios de Bolivia desde hace ya unos años, por la imposición del modelo extractivista en sus territorios, lo que ha dado lugar a numerosos abusos hacia estas poblaciones por parte del gobierno. Evo Morales tiene varias denuncias por violaciones a los derechos humanos en su país. Precisamente porque detrás de su discurso pachamamezco ha estado la imposición de la megaminería, el fracking, los agrotóxicos, sin licencia social, sin consulta previa a los pueblos originarios (convenio 169 de la OIT), con despojo de sus tierras comunitarias ancestrales, represión, detenciones ilegales, asesinatos y desapariciones forzadas de personas, todas acciones para someter o sacar del medio a los propios pueblos originarios que inicialmente lo llevaron al poder. Eso, además de aberrante e inadmisible, es una traición y las traiciones tarde o temprano se terminan pagando. Se puede tramar cualquier tipo de conspiración externa, pero sólo puede tener éxito en aquellos países gobernados por representantes que no se llevan bien con su propio pueblo. Ese fue, a mi entender, el principal y fatìdico error de Evo Morales, mas allá de pretender perpetuarse indefinidamente en el poder. 

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Es en ese contexto que un movimiento legítimo, como el generado a partir del reclamo de cuestiones puntuales específicas y perfectamente subsanables, puede volverse antidemocrático y fascista cuando de su irresolución sacan provecho las facciones reaccionarias, que recordemos, en todo régimen democrático siempre están agazapadas esperando la oportunidad del zarpazo. “Un Levantamiento popular aprovechado por la derecha” por Raúl Zibechi, analiza a fondo, con argumentación concreta y con la claridad que se logra al escribir sin caer en consignas apócrifas ni fanatismos innecesarios, esta suerte de entrecruzamiento de sucesos que terminó en golpe de estado. 

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Un análisis de los hechos en contexto y con todas sus variables incluidas, ratifica que con una cierta dosis de humanidad, humildad e inteligencia, la situación podría haberse resuelto favorablemente para institucionalidad de Bolivia si se hubieran tomado las decisiones correctas, que desde ya son difíciles de asumir cuando hay de por medio ambiciones personales que desvirtúan y dejan en segundo plano cualquier tipo de logro en materia social y económica, como las hubidas en los gobiernos de Evo Morales, más allá de que su viraje gradual en todos estos años al modelo extractivista podía anunciar tarde o temprano un colapso. “Qué pasa en Bolivia? Hubo golpe de estado?” por Pablo Solón es una enumeración sintética de las implicancias que llevaron al desenlace del golpe, aun cuando el mismo no se terminaba de consumar.

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El hecho concreto del golpe de estado se define por las presiones de grupos de poder que pueden o no tener apoyo popular, que obligan a mandatarios democráticamente elegidos a renunciar a sus cargos. Esto en Bolivia fue así: las fuerzas armadas bolivianas, hasta entonces leales a Evo Morales, terminaron exigiendo o sugiriendo (según la versión) su renuncia, una vez que el movimiento de protestas populares fue tomado bajo el control de referentes de ultraderecha, quienes terminaron dando rienda suelta a sus consignas antidemocráticas y fascistas, generando una escalada de violencia y muerte. A mi entender, estas cuestiones fueron producto de la desinteligencia del gobierno boliviano en permitir que se posicionara la extrema derecha en el marco de las protestas generalizadas que se estaban dando luego de las elecciones en ese país, actitud que a mi entender es irresponsable. “Antes que el ejército, la Central Obrera Boliviana le pidió la renuncia a Evo”, entrevista de Martín Rodríguez Pellacer a Daniela Martins Gutiérrez, profundiza en cómo importantes sectores de la población boliviana que abogaron por la llegada de Evo Morales al poder y afines a sus dogmas iniciales, terminaron pidiendo su renuncia, antes de que ocurriera efectivamente el golpe de estado. 

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La denominación actual de Estado Plurinacional fue, a mi criterio, un paso inicial dado por el gobierno de Evo Morales para despojarse al menos en lo dogmático de la concepción planteada anteriormente, de Bolivia como estado tapón y neocolonial, sumado a ello el simbolismo de colocar a la wiphala como estandarte a la par de la bandera nacional (que también es un símbolo neocolonial). Su quema por parte de los golpistas es una infamia. El desafío aún no encarado (no sé si deliberadamente o no, o por desidia o negligencia) es despojarse en los hechos concretos de esa concepción, cosa que parecía muy utópica a la luz del devenir de los acontecimientos bajo la perpetuidad en el poder de Evo Morales; y que con el golpe consumado ha de tener un escollo importante que costará mucho más sobreponer. “Está momentáneamente adormecida la política de las calles en Bolivia” por Silvia Rivera Cusicanqui, ahonda en algunas de estas cuestiones irresueltas del estado neocolonial boliviano desde el pensamiento de las mujeres originarias. 

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Mi repudio al golpe de estado en Bolivia es categórico y despojado de cualquier tipo de fanatismo personalista. Está basado en estos fundamentos expuestos, que creo son suficientes para encarar un análisis a conciencia de esta situación, que es sumamente compleja y tiene diversas aristas. Con el golpe consumado, desde ya hay que esperar lo peor para ese país y hacer todo lo posible para que retorne pronto la democracia. No obstante, sin una autocrítica por parte de Evo Morales y el MAS, así como de una necesaria reformulación de las políticas de estado neoliberales y extractivistas implementada por su gobierno, y también de las modalidades adoptadas para imponerlas en los territorios sin licencia social, desoyendo y atacando a los pueblos originarios y organizaciones sociales que lo llevaron al poder, no habrá paz en Bolivia y tampoco retorno a la democracia.

Por Federico Soria

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