Cartas al Rey de la cabina

Risas saladas y el corazón en cada palabra

Por María José Thomatis

Cultura Cobertura / 14 JUL 2018

El jueves 11 en el LeParc, Luis Pescetti y Juan Quintero presentaron “Cartas al rey de la cabina” a sala llena, frente a un público enamorado que claramente tenía expectativas por este encuentro hacía mucho tiempo.

*Recomendación antes de comenzar la lectura: Abrir este enlace y dejar correr el audio para acompañar el texto.

Esto que escribo aquí es simplemente todo lo que me provocó ser testigo y parte de una noche inolvidable. 

Mi rey de la cabina, muchos años antes de serlo, me hizo conocer la música de Juan Quintero. Yo por mi parte, le presenté el arte de Luis Pescetti. Un día, todavía enamorados, descubrimos  que había un show en el que Luis leía sus textos y Juan tocaba su guitarra. “Cartas al rey de la cabina” se llama el espectáculo que desde 2011 está cargado en YouTube para disfrutarlo de principio a fin durante una hora. Mientras escribo este intento de “reseña” le doy play al video para inspirarme, pero al minuto cero ocho ya se me cae una lágrima, porque la voz y la guitarra de Juan son de una belleza imposible de ignorar. Donde quiera que estés, rey de la cabina, gracias por la música.

“Cartas al rey de la cabina” es el nombre de uno de los más de 30 libros editados por Luis Pescetti, un prolífico escritor y músico con una capacidad admirable para comprender el dolor humano y transformar la tragedia en una risa que sonroja. Es un artista que nos hace entender que somos pequeñitos para el universo, que tenemos problemas demasiado mundanos, pero al mismo tiempo parece que quisiera decirnos “cuánto dolor y cuánta belleza se esconde en nuestra insignificancia”. En este libro (como en casi todos) Luis se pone en la piel de una mujer, una joven que ha sido abandonada y que, para sobrevivir al desamor, le escribe cartas al hombre que la dejó para irse a vivir a lo alto de una grúa.

Entre carta y carta que Pescetti lee, Juan Quintero aparece con sus canciones: preciosas versiones de temas clásicos de reconocidos trovadores como Jaime Roos, Carlos Aguirre, Juan Luis Guerra, entre otros y otras. Por momentos, pareciera que las canciones fueron especialmente compuestas para acompañar los textos y viceversa, pero no. Simplemente sucede que estos dos artistas tienen, a mi entender,  un punto de encuentro que se vuelve crucial para que se desarrolle la magia en la intimidad de su obra: los dos pisan el escenario trayendo una combinación de profundidad y simpleza difícil de igualar. Queda en evidencia que cada uno presenta el corazón abierto en su instrumento, en sus palabras.

Estoy sentada en el piso, a escasos dos metros de la guitarra de Quintero, tomando su fotografía mientras interpreta Puerta de los dos. En lo único en lo que puedo pensar en ese momento es en que Juan y Luis saben que el mundo duele, que las heridas queman, pero así y todo el dolor esconde recovecos de luz que ellos exprimen a risas saladas. Porque pegadas a las carcajadas que Pescetti le saca al público con la lectura de algunas de las “Cartas de Anita”, vienen las lágrimas porque Paloma, la protagonista de las “Cartas al rey de la Cabina”, no sabe en qué bolsillo guardarse la desazón.

La combinación de Juan Quintero y Luis Pescetti en un mismo escenario es un viaje de ida. Un viaje a través de nuestras venas, la música y la literatura para hacer un recorrido por  las sensaciones que causa el amor y el dolor en nuestra existencia. Finalmente, encontrarse con ellos dos en un show tan concurrido pero tan íntimo, también significa comprender que, no tan en el fondo, somos todavía niños que juegan a querer.

Me fui del auditorio con la cámara llena de imágenes que guardan pobres reflejos de una presentación maravillosa. En el recuerdo me quedan grabadas las sonrisas saladas que  los artistas regalaron esa noche.

Donde quiera que estés, rey de la cabina, gracias por la música.



Por María José Thomatis

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