Aborto Legal

Será Ley

Por Jimena Marín / Fotos Gentileza Alber Piazza

Historia y DDHH Opinión / 26 DIC 2020

A horas de la definición en el Senado del Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo reflexionamos como cuerpo colectivo de personas gestantes, cuyos derechos sexuales y reproductivos son negados en el SXXI.

En 2018 unos pocos votos (tanto a tanto) en el Senado impidieron que el proyecto de ley de interrupción Voluntaria del embarazo fuera un hecho. A dos años de dicha fecha, ante un contexto inusitado en torno a la salud mundial, y con el activismo feminista recordándole al Presidente que nuestros derechos siguen vulnerados a pesar de su promesa de campaña, el Poder Ejecutivo ingresó un proyecto de ley al Congreso. El 1 de diciembre comenzó a debatirse en la Cámara de Diputados y tras una jornada extremadamente extensa, se obtuvo la sanción inicial con 131 votos afirmativos, contra 117 negativos y 6 abstenciones. 

El paso siguiente fue pasar por comisiones en el Senado. El 17 de diciembre el proyecto obtuvo el dictamen correspondiente en dicha Cámara y ahora resta que se trate en recinto... y se apruebe, claro. La fecha que puede transformar nuestra historia es el este 29 de diciembre y promete, nuevamente, una larga jornada de debate.

Por qué aborto legal

Quienes estamos a favor de la legalización del aborto señalamos que la disyuntiva real es aborto legal o aborto clandestino. Negar el derecho a decidir enmarcado en una ley no impide que la práctica se realice, solo expone a más violencias y vulnerabilidad a aquellas personas que deciden hacerlo. Esta decisión no cambia porque sea ilegal, porque algunes postulen la necesidad de "salvar las dos vidas" (hecho que no explican cómo se llevaría adelante sin violencia a la persona gestante), por posiciones religiosas o morales. 

Pensando en ello advertí que entre los años que se sucedieron entre mi primera mestruación -momento clave para habilitar un embarazo, aunque el cuerpo físico ni el mental esté aún preparado- y mi primer relación sexual -cuando, sin información y  protección adecuada, el hecho podría haber sido una realidad- conocí el caso de dos adolescentes que abortaron.

Ninguna era mi amiga, sino conocidas de la familia y la info me llegó a través de integrantes de la misma. Ambas jóvenes estaban en la secundaria, pertenecían a clases medias y acudieron, en búsqueda de ayuda, a mujeres de su familia. Ambas jóvenes contaron con el acompañamiento en la decisión de quienes eran corresponsables del embarazo, varones también muy jóvenes. Ambas jóvenes podrían haber encarado un embarazo, si pensamos en su salud, en el apoyo familiar, en su nivel socioeconómico. Sin embargo, esos embarazos inhabilitaban (o, con suerte, suspendían) un proyecto de vida concreto de les jóvenes. Y lo sabemos, particularmente, de las dos adolescentes que llevarían el embarazo y la crianza a cuestas, en la mayor parte.

Ambas jóvenes interrumpieron su embarazo farmacológicamente, con la asistencia de contactos que obtuvieron por aquellas épocas. Ambas contaban con obra social pero la clandestinidad las obligó a apelar a circuitos externos, con la inseguridad que ello promueve. 

Ninguna tuvo inconvenientes de salud posteriores aunque, sin haberlo hablado nunca con ellas, estoy segura que tuvieron miedo, se sintieron solas, escondieron la decisión a muchas personas queridas, se sintieron vulnerables y violentadas. 

En el mismo recorrido cronológico conocí muchas más jóvenes que decidieron continuar su embarazo y, aunque el aborto hubiera sido legal, su decisión no hubiera cambiado.

Como ya dijimos, el proyecto de legalización del aborto no busca imponer ni decidir por nosotres, solo establece los mecanismos para que podamos vivir esas decisiones segures, acompañades por el Estado, sin peligrar nuestra salud o nuestra libertad al hacerlo. 

Las muchas conocidas y amigas que decidieron tener sus hijes tienen historias diversas, no obstante, la mayoría encaró la maternidad por largos periodos de tiempo, en soledad. Claro que estuvieron junto a ellas sus madres, hermanas, abuelas, amigas y compañeras, pero la responsabilidad "parental" de esa nueva vida recayó, generalmente, mucho más sobre ellas que sobre los padres de eses niñes. Y no me refiero con ello solo al factor económico, central cuando llega una nueva vida, sino sobre todo a los cuidados, el acompañamiento, la presencia 24/7... Todo eso que es invaluable o, mejor dicho, que el sistema llama amor, para no pagarlo. En ese recorrido, que muchas dirán que hicieron con gusto y volverían a hacerlo, relegaron planes y sueños, en pos de esa elección que hoy las hace felices. A todas ellas las aplaudo y admiro porque comprendo que la maternidad es, fue y siempre será una decisión.

Por ello celebro la decisión de maternar (planificada o no) y milito por políticas públicas que reconozcan las tareas domésticas y de cuidado, promoviendo menos desigualdad y más bienestar para quienes las llevan adelante.  Por supuesto, como dijimos, se trata de aborto legal o clandestino, no de maternidad si o maternidad no. 

Todas callamos

En 2013 Carolina Reynoso presentó su peli documental con el nombre: "Yo aborto, tú abortas, todas callamos", con la voz de muchas mujeres que, en primera persona, relatan su decisión de interrumpir un embarazo no deseado. La riqueza de la peli (hoy disponible en Youtube y otras plataformas) consiste en exhibir las múltiples razones por las cuales cada una de ellas había tomado la decisión y la había llevado adelante, a pesar del contexto de clandestinidad. Cada historia, cada realidad era muy diferente a la otra, única y valiosa. 

Exactamente eso ocurre con las muchas mujeres que durante los últimos años dieron a conocer -públicamente o en mi entorno más cercano- que en algún momento de su vida abortaron. Figuras públicas, profesionales reconocidas, amigas cercanas, personas conocidas, colegas: diversos relatos y razones, edades, geografías, circunstancias. Todas igualmente válidas, todas en la clandestinidad, todas con miedo por su vida, por su libertad, por el qué dirán ante una práctica que se realiza a escondidas...

Muchas lo hicieron acompañadas por su familia, amigas e integrantes de su red, su compañero, socorristas rosas. Muchas otras solas, a escondidas de su familia, del corresponsable de dicho embarazo, de su entorno laboral o estudiantil. Con pastillas, en rincones oscuros e inseguros, bajo la atención de alguien de estudios o saberes dudosos, en clínicas onerosas, con médiques y profesionales que todo el mundo conoce a qué se dedican y cómo abultan sus bolsillos, en un secreto a voces.

La clandestinidad no detuvo a ninguna de ellas, solo les impuso culpas y temores,  soledad y silencio.

Para aquellas provinientes de sectores más vulnerables, con menos acceso a la información y al recurso económico, los costos resultan mucho más caros, al punto de implicar su salud sexual y reproductiva o su vida. 

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito aseguró en sus redes sociales en octubre de este año que en Argentina se hacen 54 abortos cada hora, lo cual implica, 1300 abortos por día y, en un año, entre 370 mil y 520 mil interrupciones del embarazo. 

Ante Estado ausente: socorrismo rosa

La cantidad de muertas en los últimos años por abortos clandestinos disminuyó notoriamente gracias al socorrismo rosa. Colectivos de compañeras que comenzaron a informar y asesorar a mujeres que buscaban interrumpir un embarazo no deseado en todo el país, lo cual se denominó "socorrismo rosa". El poder de la información y el abrazo de una/a otra/s atenta/s -y sin juzgamientos- acompañando paso a paso el antes, durante y post del proceso, transformaron el calvario de la situación en la vivencia de muchas mujeres.

Donde el Estado abandona y desprotege están las redes de mujeres para contener, amparar y garantizar nuestras decisiones.

En más de una ocasión me tocó acompañar a alguna amiga o conocida a las socorristas, comprometidas amigas mendocinas, para que pudieran tener información a su alcance y decidir sin miedos.

Sin embargo, luego del debate en el Congreso en 2018, la persecución por parte de grupos anriderechos se acrecentó y violentó a muchas compañeras, afectando la actividad cotidiana de muchas de estas redes en nuestro país. Así, las mujeres tuvimos que reorganizarnos y cuidarnos más que nunca. Por supuesto que los embarazos no deseados no sé detuvieron y tampoco los abortos, pero en estos dos años cada caso tuvo que ser acompañado y derivado de manera muy cuidadosa.

Las consultas de personas conocidas y otras desconocidas, a través de redes sociales de colectivos o referentes feministas, incluso al WhatsApp de algunas de nosotras, aumentaron estos años.

Aún antes del debate en el Congreso los movimientos de mujeres logramos instalar el silenciado tema en la agenda pública y, si bien no alcanzamos la sanción de la ley si logramos su despenalización social.

Hoy todes sabemos de qué hablamos cuando decimos aborto clandestino. Sabemos que existe y que el impedimento de la ilegalidad no lo detuvo nunca. Y, además, se sumaron muchas voces y cuerpos a la defensa de la ESI, comprendiendo que, tal como postula desde hace 15 años la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, necesitamos de políticas públicas encadenadas para garantizar nuestros derechos sexuales y reproductivos:

Educación sexual integral para decidir,

Anticonceptivos para no abortar,

Aborto legal para no morir. 

Que sea ley

Transitamos el trayecto final de un proyecto que, aunque posee sus lados flacos y no responde a la totalidad de los requerimientos que la Campaña (con 15 años de historia y 8 proyectos presentados en el Congreso, optimizando en cada uno de ellos el articulado para garantizar nuestros derechos) hubiese postulado, necesitamos que sea ley. Necesitamos que sea ley, luego que sea ley efectiva y, finalmente, que sea garantizada en todas las instituciones de salud pública.

Costará muchísimo alcanzarlo efectivamente pero, lo sabemos, nuestra lucha no tiene tregua y nosotres estamos acostumbradas, acostumbrades a nunca declinar. La marea es imparable y tiene cada vez más integrantes. Estamos listas para lo que viene, esperamos que nuestres representantes en el Senado también se encuentren a la altura de las circunstancias.

Ya somos marea, ya teñimos todo de verde, ya alcanzamos -por segunda vez- sanción inicial. Es ahora Senado, será ley!

Por Jimena Marín / Fotos Gentileza Alber Piazza

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