Los Ilustres

Todo dibujo es político

Por Leonardo Dolengiewich / Fotos Leandro Fernández

Cultura Cobertura / 14 NOV 2018

Mendoza recibió una vez más a Liniers y Montt, este dúo de dibujantes que se animan al stand up y que salen airosos de esa aventura. Humor políticamente incorrecto pero nada inocente.

Un esqueleto bien armado con lugar a la improvisación, una técnica ajustadísima y mucha química entre ellos y con el público. Eso nos encontramos en esta segunda visita a la provincia del espectáculo Ilustrados - Liniers & Montt - Stand up ilustrado.

En un teatro Selectro que estaba aproximadamente al 80% de su capacidad, se apagó la luz y se escuchó la voz en off del locutor radial Diego Ripoll, que, en un tono amable y relajado, aconsejaba al público que apagara sus teléfonos celulares y disfrutara así plenamente del espectáculo. Ese tono afable se modificó al final del mensaje para terminar pidiendo a gritos: “apaguen los celulares, la puta madre”. Así, a gritos, a risas y sin anestesia, el público entró de lleno en estado de humor.

Inmediatamente después, entraron los protagonistas: Montt con el celular en la mano, sacándole fotos a Liniers, quien posaba para la ocasión. Tomaron los micrófonos y saludaron al público. Mientras el chileno hablaba, el porteño tomó un vaso y una botella de agua y, mofándose de Gisela Barreto y su berreta argumentación contra el sexo anal y la Educación Sexual Integral, puso el vaso boca abajo y volcó agua sobre él desparramando sin miramientos el líquido por el escenario. Sin tregua y sin respiro, engancharon el tema con la iglesia católica y sus argumentos absurdos contra la ESI y con la pedofilia avalada y encubierta sistemáticamente por esa institución.

 

Montt contó que muchas veces cuando dice este tipo de cosas, algunx que otrx le sale al paso argumentando que no todos los curas son así y disparó: Se horrorizan por mi generalización, cuando lo terrible es que existan curas pedófilos”. El público estalló en un aplauso. Sin tomarse un segundo y jugando una de las cartas más fuertes de la noche, escupió: “Bueno, ustedes saben de esto en Mendoza. ¿Acá no había una monja japonesa que tenía un delivery de niños?” El público, una vez más, se rompió las manos aplaudiendo. Humor crítico, astringente y desde una posición conscientemente asumida.

 

Poco después, Montt empezó a hablar de Laura, su hija. Desde el público le gritaron algo que no alcanzó a escuchar. Entonces, improvisó algo más o menos como: “¿Qué, Laura está aquí? ¿O tuve una hija contigo? Bueno, seguramente la pasé bien, pero lamentablemente no me acuerdo. Ah, y si es por plata que vienes, lo que te correspondía a ti era lo de aquellas butacas que están vacías, al fondo”. El público festejó  el chiste, a lo que Alberto, con el mismo tono punzante e interpelador con el que empezó el show, le dijo a Liniers: “Mirá como se ríen los mendocinos de la paternidad irresponsable”. Otro zarpazo certero, que dio cuenta de su posicionamiento y que fue vitoreado por el público.

 

Se permitieron hacer humor escatológico (la historia que contó Montt de la diarrea que lo tuvo cuatro meses meando por el culo fue de lo más festejado de la noche), así como reírse de la muerte, de la creencia religiosa, de la pedofilia, del racismo, del clasismo, de la homofobia, desde enfoques políticamente incorrectísimos; mechando eso con anécdotas de sus familias, de sus viajes y de sus experiencias en las redes sociales. Todo esto, acompañado de fuertes declaraciones de principios, como la aparición en uno de los dibujos del hashtag #AbortoLegal o la apelación de Liniers a no inculcar religión a ningún menor de dieciocho años. “A ver cuántos religiosos quedan si logramos eso”, esgrimió.

 

Fueron alternándose: uno al micrófono y el otro dibujando, en un diálogo muy fluido entre palabra (oral, en este caso) y dibujos, que iban siendo creados en vivo y eran proyectados en streaming. Muchas veces, los dibujos servían de apoyo a lo que se decía y otras, le daban un remate a lo que se iba relatando con un timing excelente. ¿Una nueva forma de hacer historietas?

Lo mejor del espectáculo fue con Montt al micrófono y Liniers fibrón en mano. Cuando estos roles se invirtieron, hubo una merma en el ritmo y sobre todo en el “picante” del discurso (hasta hubo una reflexión edulcorada acerca del milagro de estar vivxs). En esos momentos, el público respondió de manera acorde, con mucho menos entusiasmo.

 

En definitiva, fue una noche de mucho humor, con un espectáculo muy bien montado, excelentemente pensado y ejecutado, y con la frescura de dos protagonistas que se animaron a jugar, a improvisar, a tomar posición y a interpelar; y con un público que se divirtió, que se identificó con los protagonistas y que se fue encantado.

 


Por Leonardo Dolengiewich / Fotos Leandro Fernández

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