Teorías Conspirativas 1

Anti-vacunas

Por Renzo Molini / Fotos Caniceus

Historia y DDHH La historia en lucha / 30 AGO 2021

Amalgama de ideas, rumores y falsedades, los discursos antivacunas toman fuerza en la agenda mediática y reconfiguran la mirada sobre la salud.

Desde la aparición del COVID-19, comenzaron a tomar relevancia ciertas personas y grupos que se hicieron masivos por las redes sociales a través de la difusión de (no tan) nuevas ideas, hipótesis o teorías que se enmarcan en lo que podría denominarse el “club” de las Teorías Conspirativas.

El fenómeno no es nuevo, pues podemos rastrear ideas en esa línea de pensamiento al menos desde principios del siglo XX. Pero, a pesar del avance científico, técnico y cultural, a partir del siglo XXI se han visto acrecentadas por el gran auge de las redes sociales, canales inigualables para la difusión de falsedades en todos los niveles: abundan en forma de noticias, datos que se presentan como científicos, videos editados, hilos de tweets, imágenes falsas, etc.

Muchas son las que han sido postuladas y aún se sostienen en cierto imaginario común, por ejemplo, una de ellas es la tan repetida conspiración de que Hitler no murió y escapó a la Argentina apañado por el gobierno de Perón. Desde esta, hasta otras tales como “el hombre no llegó a la luna”, “Shakespeare no escribió algunas de sus obras” o “hay canciones que son satánicas si se reproduce al revés, como Stairway to heaven de Led Zeppelin o Aserejé de Las Ketchup”, mis favoritas pueden decirse que son tres: la que postula que la tierra es plana, la que asegura que las pirámides u otras obras de la antigüedad las crearon seres extraterrestres y las que reniegan de la vacunación.

Aquí pretendo presentar una reflexión para entender el último de estos movimientos: los antivacunas.

Los años 30 y el auge médico científico occidental

A fines de la llamada Edad Moderna, la medicina comenzó un proceso de consolidación y legitimación social para atender las dolencias de las personas y, con ellas, de ese nuevo objeto de interés para los nacientes Estado-Nación: la población. El proceso ha sido descripto magistralmente por Michel Foucault [1] en varias de sus obras, donde muestra cómo en esa consolidación, los campos relativos a la salud y el cuerpo se conformaron científicamente como forma de sujetar y hacer productiva, mediante una serie de conocimientos y técnicas específicas, a la gran masa urbana que comenzaba a aparecer.

Este proceso que se dio en el mundo occidental, del cual la medicina es solo uno de sus elementos, fue expandiéndose a otras latitudes con la expansión del capitalismo y de la colonización europea, que imponía un modo específico de ser y estar en el mundo. Y así, se fue consolidando una forma de entender el trinomio salud-enfermedad-atención.

Pero fue a partir de los años 30’ que se consolidó e impuso con mucha más fuerza lo que Menéndez ha caracterizado como el Modelo Médico Hegemónico (Menéndez, 1988 y 1998)[2].

Este Modelo es, en palabras del autor, “el conjunto de prácticas, saberes y teorías generados por el desarrollo de lo que se conoce como medicina científica, el cual desde fines del siglo XVIII ha ido logrando establecer como subalternas al conjunto de prácticas, saberes e ideologías teóricas hasta entonces dominantes en los conjuntos sociales”.[3]

Fueron sus características, centradas en el biologicismo, el individualismo, la ahistoricidad, la asociabilidad, el mercantilismo, la eficacia pragmática, la asimetría, el autoritarismo y la participación pasiva y subordinada del paciente, las que permearon en la profesionalización de la ciencia médica en los ámbitos universitarios durante el siglo XX, influyendo en la generación de respuestas en la atención de la salud, consolidándose como “la única forma de atender la enfermedad legitimada tanto por criterios científicos, como por el Estado”.[4]

Sin embargo, desde los años 60’, vienen generándose fuertes desafíos a este modelo en concreto, tanto desde otros marcos culturales, como desde la llamada Medicina Social Latinoamericana, donde uno de sus énfasis era abarcar e incluir la forma de abordar la salud-enfermedad-atención en los pueblos indígenas; como desde el propio ámbito médico científico, principalmente a partir de las teorías de género que mostraban cómo el conocimiento médico partía de un tipo de apropiación patriarcal de los cuerpos.

Lo que propongo, en este sentido, es tratar de pensar al movimiento antivacunas como parte de estas respuestas más amplias de resistencia al Modelo Médico Hegemónico. Pero entendiendo que, en su seno, hay un conglomerado de ideas-fuerza que van desde prácticas alternativas de la medicina, y que muchas pueden ser consideradas en el marco de posturas inclusivas, hasta otras ideas-fuerza que son de tinte netamente reaccionario y anticientífico.

Alternativas en la medicina vs. el anticientificismo

La ciencia occidental, y con ella la medicina, está construida en torno a la división cartesiana de la realidad en una oposición entre naturaleza y cultura. Esta oposición ha sido durante mucho tiempo el gran problema antropológico: ¿cuándo se dio el paso de la naturaleza a la cultura?.

Sin pretender entrar de lleno en esa discusión, lo que quiero proponer es que muchas de las personas que resisten ciertas prácticas biomédicas, se enmarcan en un proceso donde la aparición de alternativas a la medicalización excesiva se ha centrado en la comprensión de que el cuerpo no es simplemente cuerpo, sino que también incluye una parte psicológica, social y, fundamentalmente, espiritual.

Es en este marco donde podemos pensar al reiki, la acupuntura, las prácticas chamánicas de los pueblos indígenas, entre otras.

El proceso es válido: ante el despojo que occidente ha hecho sobre las prácticas de salud tradicionales de otras comunidades, se conforman y renacen como parte de una resistencia más amplia a la modernidad y posmodernidad médica.

Pero he aquí el gran problema: hemos criticado y resistido tanto a la racionalidad científica moderna, por consolidarse sometiendo e imponiendo formas únicas de pensar la relación del cuerpo con su salud y sus patologías, que se han habilitado formas reaccionarias y conservadoras de resistencia. Y en estas es donde se ubican los movimientos antivacunas, que tienen un claro antecedente en el informe publicado en The Lancet en 1998 por parte del ex médico Andrew Wakefield.

En este trabajo, el autor proponía una relación directa entre los casos de autismo y la aplicación de la vacuna triple vírica en niñxs. Comprobada su falsedad a través de una publicación en The New England Journal of Medicine, que mostraba como Wakefield había montado un fraude para impulsar una vacuna creada y patentada por él mismo, el informe fue retirado y refutado infinidad de veces, perdiendo el autor su licencia médica por exposición de datos falsos. 

Pero el daño estaba hecho.

Así, entrando en el movimiento conspiranoico más amplio, negando todo conocimiento científico y comprobable, sus partidarixs sostienen ideas que carecen de sustento, provocando pánico en la sociedad: sospechan constantemente de que hay algo más que existe por encima de todo, que controla todo, que nos espía, y trabaja para proponer un dominio mundial.

Amparadxs en un discursos que se presenta como antisistema, a través del rechazo a la industria farmacéutica, son parte del mismo sistema que sostiene a las grandes corporaciones, y que es el único que nos domina a nivel mundial: el capitalismo voraz y depredador de la naturaleza y la humanidad. Ejemplo de esto, son lxs seguidorxs de Trump o Bolsonaro.

De ahí que lxs antivacunas son, por amplia mayoría, parte de una reacción conservadora que niega una de las realidades más comprobadas de la historia: que las vacunas funcionan y que salvan vidas.

Son reaccionarixs, no porque incluyan elementos de otras medicinas en sus prácticas de salud, sino porque rechazan de plano, y militan políticamente, la efectividad de la vacunación o la medicalización. De ahí que desde el año 2019, han sido consideradxs una de las grandes amenazas para la salud mundial, a partir del resurgimiento del sarampión producto de la no vacunación de padres y madres a sus hijxs, en varias regiones que lo habían erradicado, lo que constituye además una clara violación a los derechos de lxs niñxs.

Hacia una medicina más inclusiva

La inclusión de formas alternativas de la medicina, no puede negar la efectividad de la medicina científica. Al fin y al cabo, ha sido la vacunación, en conjunto con la potabilización del agua, uno de los grandes recursos sanitarios que han elevado ampliamente la expectativa y calidad de vida de la humanidad.

El desafío actual está en contrarrestar los discursos antivacunas, sobre todo en las redes sociales, que es donde tienen mayor proliferación y donde pueden dar lugar a reacciones conservadoras mucho peores. 

El daño que están ocasionando actualmente es grande. Amparadxs bajo el discurso de que ellxs deciden sobre sí mismxs y sus hijxs, desconocen que la salud no es individual, sino comunitaria, y ponen en peligro a personas que por ciertas características no pueden acceder a todas las vacunas.

Han sido, además, potenciadxs por la aparición del nuevo coronavirus, que desconcertó y movió al mundo, dando la oportunidad a los grupos conservadores (Trump en EEUU, Bolsonaro en Brasil, Vox en España, etc.) de apropiarse de la desconfianza y el miedo y de usar esto para incrementar sus filas de adeptxs en contra de todo progreso social.

El gran desafío de la medicina hoy será incluir prácticas y concepciones más amplias de la salud, que comprendan e incluyan prácticas alternativas sin negar la eficiencia que la racionalidad médica ha demostrado, y que erradiquen la discriminación y exclusión que ha permeado a las instituciones sanitarias basándose en prejuicios hacia las diversidades étnicas, sexuales, de género, socio-económica, etc.

Solo así podremos apuntar a un horizonte más inclusivo para la humanidad, basado en la solidaridad, y que contrarreste la reacción conservadora del siglo XXI sobre la salud.

Referencias

  1. Las dos obras iniciales que hablan de la construcción del conocimiento científico de la medicina y su función en la construcción del Estado-Nación son Histora de la Locura en la época clásica, publicado en 1964, y El nacimiento de la clínica, publicado en 1963
  2. MENÉNDEZ, Eduardo. (1988) Modelo Médico Hegemónico y Atención Primaria de la Salud. Segundas jornadas de atención primaria de la salud, pp. 451-464. Buenos Aires; y (1998) Modelo Médico Hegemónico: reproducción técnica y cultural. Natura Medicatrix, N°51; pp. 17-22
  3. Ibídem, (1988)
  4. Ibídem, (1988)

Por Renzo Molini

Profesor de Historia, maestrando en antropología. Apasionado por Latinoamérica, sus colores, olores y sabores. Ha trabajado temáticas de juventud, educación crítica, inclusión social, los Derechos Humanos, y la cultura popular y latinoamericana. Actualmente, temas de Salud, VIH e ITS. Admirador de Paulo Freire y Salvador Allende. Hincha de River. Tiene un gato, llamado Neko. Cuando era chico, quería ser presidente. Ahora solo trata de aportar algo al mundo.

Trabaja para la Universidad Nacional de Cuyo y es parte del Programa de Salud y Ciencias Sociales de FLACSO-Argentina. Coordina la Diplomatura de Posgrado en VIH e ITS con perspectiva en Salud Integral y Derechos Humanos, un programa de formación entre la UNCuyo y FLACSO-Argentina, con el apoyo de ONUSIDA y UNFPA.

 

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