Movember

Día del Hombre: victimismo patriarcal

Por Federico Mare

Género / 08 DIC 2021

Una mirada crítica sobre el polémico ‟Día del Hombre”, instituido para celebrar la masculinidad.

Allá por 1999, un médico de Trinidad y Tobago tuvo la genial ocurrencia de crear el International Men’s Day. Sintió, además, que era su misión popularizarlo, no solo en su diminuta patria caribeña, sino en el mundo entero. El doctor Jerome Teelucksingh vivía en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago. Era profesor en la Universidad de las Indias Occidentales.

“Me di cuenta de que no había ningún día para los hombres… Algunos dicen que ya existe el Día del Padre, pero, ¿qué pasa con los niños, adolescentes y hombres que no son padres?”

Explicaba a la BBC el Dr. Teelucksingh, en noviembre de 2009.  ¡Cuánta perspicacia y ecuanimidad! Si las mujeres tienen su día, su 8 de marzo, ¿por qué los varones no habríamos de tener nuestro Día del Hombre?

Para propalar su inspiradísima invención, Teelucksingh desplegó una intensa actividad de propaganda urbi et orbi. Dio charlas, organizó seminarios, realizó giras… Su trabajo no ha sido en vano. Los frutos están a la vista.

Teelucksingh escogió como fecha el 19 de noviembre. Su elección no tuvo nada de anecdótica ni autorreferencial: el 19 de noviembre era el natalicio de su padre, y su padre era un modelo ejemplar de masculinidad. ¿Por qué los varones de todo el planeta no habrían de celebrar su virilidad en el cumpleaños del papá de Jerome Teelucksingh?

Quienes promueven el Día del Hombre, no carecen de corrección política. Se cuidan de aclarar que no son machistas y nunca olvidan invocar la equidad de género. Aducen, además, que es necesario concientizar a los varones sobre aquellos problemas de salud donde tienen exclusividad o prevalencia, como el cáncer de próstata o testículo, y la hipertensión arterial.

Gracias a la clarividencia del Dr. Teelucksingh, ya tenemos un Día del Hombre, piadosa compensación por el poder y los privilegios perdidos después de miles de años, así no nos sentimos tan ultrajados por los avances del movimiento feminista en materia de libertad e igualdad. Nos faltarían ahora un Día de la Raza Blanca, un Día de la Clase Media, un Día de la Burguesía, un Día de la Civilización Occidental y Cristiana, un Día de la Heterosexualidad, un Día de la Propiedad Privada, un Día del Matrimonio Monogámico Indisoluble, un Día de la Familia Patriarcal Clásica, un Día del Capitalismo, un Día de la Meritocracia, un Día de las Grandes Potencias, un Día de la Ascendencia Europea y un Día de la Fe en Dios. Aunque también, ya que estamos, podríamos instituir un Día de las Personas sin Discapacidad, un Día de la Adultez, un Día de las Personas Diestras y un Día de la Alimentación Carnívora, sin tampoco olvidarnos de un Día de las Personas NYC (nacidas y criadas en el país donde viven, es decir, no inmigrantes).

No basta un día

Como al parecer una sola jornada no bastaba, los hermanos Garone propusieron desde Australia que todo el penúltimo mes del año esté consagrado a celebrar la masculinidad. Así nació en 2003, con fanfarrias, la movida global del Movember, neologismo resultante de la contracción de los sustantivos ingleses moustache (bigote) y november (noviembre). Hasta existe una ONG ad hoc: La Fundación Movember, con presencia en decenas de países, una multimillonaria recaudación anual y centenares de miles de miembros, amén de embajadores estrellas (como Silvester Stallone y los All Blacks) y grandes sponsors corporativos (como Harley-Davidson y PlayStation). Todo en nombre de la salud masculina y no del patriarcado, por supuesto…

En un mundo todavía tan sexista, donde la dominación y los privilegios de los varones no han desaparecido, el male pride, el autobombo de la virilidad, no parecen ser el mejor camino a seguir.

Nos desvía de la autocrítica, nos aleja de la deconstrucción. La efeméride feminista del 8 de marzo tiene otro origen y carácter, pues se trata de una jornada asociada a las luchas subalternas, a la ampliación de derechos, a la utopía de una sociedad más libre e igualitaria. Por el contrario, el 19 de noviembre representa una zona de confort, una tradición esencialista y narcisista al servicio del status quo. La retórica progre y salubrista que lo maquilla no logra disimular su arcaísmo patriarcal.

El Día del Hombre y el Movember son emergentes de un fenómeno cultural más vasto, que debiera preocuparnos: el neomasculinismo. Hablamos de un machismo posmoderno a la defensiva, camuflado de victimismo, que concibe todo feminismo como misandria, y que se afana en reciclar o aggiornar su discurso para perpetuarse.

El horno no está para bollos. Dado que el machismo sigue vigente en la cultura contemporánea, dado que la opresión sexista y la desigualdad de género no han terminado, dado que los femicidios y otras formas de violencia patriarcal subsisten, festejar la masculinidad como si nada es éticamente bochornoso y políticamente retrógrada.

Por Federico Mare

Federico Mare es historiador, ensayista, docente y divulgador. Nació en Buenos Aires en 1977, pero reside en Mendoza desde 2002. Comenzó sus estudios universitarios en la UBA y egresó de la carrera de Historia en la UNCuyo. Ha publicado los libros El éxodo galés a la Patagonia: orígenes, trasfondo histórico y singularidad cultural de Y Wladfa y Ensayos Misceláneos. Sus ensayos aparecen en diversos medios locales, nacionales e internacionales.

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