Pandemia, empleo y mujeres

Eso que llamamos amor

Por Ana Paula Poblete

Género Economía y otras hierbas / 19 JUN 2021

Las dificultades de ser mujer en el mundo laboral y lograr conciliar el trabajo pago y las tareas no remuneradas, que en medio de la pandemia alcanzaron su máximo esplendor.

La pandemia (y el conjunto de medidas implementadas para mitigarla) lo frenó todo: la industria, el comercio, el turismo… Por largo tiempo (al menos en nuestro país), solo un puñado de actividades “esenciales” permanecieron habilitadas y siguieron (o incrementaron) su curso. Llevó tiempo para que los diferentes rubros fueran normalizándose o encontrando nuevas formas para reinventarse en las nuevas condiciones. 

En correlato con ello, los indicadores que presentamos a continuación muestran lo que ya conocemos, porque lo vivimos en primera persona: el enfriamiento brusco y dramático de la actividad económica que registró su peor momento en abril de 2020, para ir recuperándose luego, solo progresivamente.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de INDEC y Ferreres. (Imagen COVID: https://impalasportclub.com/blog/) 

Ese enfriamiento de la actividad económica trajo consigo un empeoramiento general de los indicadores laborales, que en Argentina ya venían exhibiendo dificultades para gran proporción de la población, aún antes de que la pandemia azotara.

Si consideramos la tasa de desocupación abierta (cantidad de personas desocupadas en relación a la totalidad de la población económicamente activa) y la de subocupación demandante (es decir, aquellxs que trabajan pocas horas y buscan trabajar más) vemos que, en el primer trimestre de 2020, antes de que la crisis COVID19 mostrara su peor cara en nuestro país, casi el 19% de la población económicamente activa tenía problemas de empleo (10,4%+8,2% respectivamente).

Las mujeres –por supuesto– no fueron ajenas a esa realidad. Tanto la tasa de desocupación, como la tasa de actividad (población económicamente activa en relación a la población total), dan cuenta de las dinámicas laborales de las mujeres.  

¿Por qué “ellas”?

Junto al brusco impacto de la crisis COVID19 en Argentina, se observó tanto un aumento de la tasa de desocupación, como una retracción de la tasa de actividad femeninas

Esto es así porque hubo muchas que perdieron su empleo y al buscar uno nuevo no lo encontraron ante la (casi)paralización de la actividad económica (en el primer caso), o porque pasaron a ser registradas como ‘inactivas' (en el segundo). Esto último encuentra su explicación, entre otros factores, en el desaliento en relación con la búsqueda de empleo en dicho contexto, y en la demanda de cuidados en el hogar que se incrementó ante la virtualidad escolar y el cierre de espacios (en su modalidad presencial) de contención educativa y social. Este factor afectó especialmente a las mujeres, en tanto las tareas de cuidado cultural e históricamente se asocian a ellas, condicionando sus alternativas de búsqueda laboral.

Tareas de cuidado… ¿es para tanto?

Limpiar, ordenar, lavar la ropa, hacer la comida, pensar en qué cocinar, asistir a adultxs mayores a cargo, hacer las compras del super, de la verdu, pagar los servicios, cuidar a lxs niños, niñas y adolescentes (NNyA) del hogar, acompañarlxs con las tareas escolares y “recursar” las materias de la escuela a través de múltiples videollamadas, y como si fuera poco, en épocas de pandemia, sanitizar todo, asistir a adultxs mayores para evitarles la concurrencia a espacios con aglomeraciones, chequear el número de DNI antes de salir a comprar y, ni hablar si algún integrante del hogar se enferma, de COVID19 o de cualquier otra cosa.

Si bien el reparto de estas tareas depende de la organización de cada familia, en muchos casos la mayoría de estas, queda ‘tácitamente’ a cargo de las mujeres y son, por supuesto, no remuneradas.

Conforme a datos de la encuesta realizada por UNICEF (abril, 2020) la cuarentena alteró la organización y realización de las tareas en el 56% de los hogares.

“La encuesta evidencia que antes de la pandemia las mujeres realizaban el 68% de las actividades del hogar, y que a partir del ASPO esto ascendió al 71%. En consecuencia, el 51% de las mujeres entrevistadas mayores de 18 años expresó en abril de 2020 haber sentido una mayor carga de las tareas del hogar respecto al período previo[1]. En la repetición de la encuesta, realizada en octubre de 2020, el 57% de las mujeres señaló esa sobrecarga, denotando la intensificación de dicha percepción.

En otras palabras, el mundo “se frenó” … pero en verdad no se frenó. Y no hablamos ahora de los ‘rubros esenciales’ (es decir, salud, industria de alimentos, de productos sanitizantes, seguridad, etcétera), sino de esas tareas de cuidado, que no solo continuaron vigentes, sino que se vieron, en gran medida, exacerbadas. 24 h al día, sin descanso.

Sobra decir que aún las que no perdieron su empleo, sufrieron la sobrecarga de la “doble jornada”, superponiendo al trabajo del ámbito privado –a medida que este se reanudaba conforme lo iban posibilitando las condiciones sanitarias– con las tareas de cuidado en el ámbito doméstico, cuya demanda se amplió dramáticamente durante las medidas de ASPO/DISPO. La conciliación entre el trabajo remunerado y el no remunerado resultó especialmente compleja en estas circunstancias.

Y entonces en el ámbito privado, qué?

Claramente, la pandemia profundizó desigualdades preexistentes, no sólo de aquellas relacionadas con el ámbito doméstico. También con los sectores en los que participan mayoritariamente estas en el ámbito privado, muchas veces, altamente precarizados (como por ejemplo el empleo doméstico, a pesar de que dicho rubro se encuentra regulado en nuestro país). 

Vale en este punto destacar el fenómeno denominado segregación ocupacional horizontal, que continúa caracterizando la inserción laboral femenina en el país. Se trata de la distribución de trabajos en función de los roles de género histórica y culturalmente asignados a mujeres y varones. Dicho fenómeno afecta especialmente las condiciones laborales y de ingresos de los hogares con NNyA, en especial de aquellos con jefatura femenina.

“Para el cuarto trimestre de 2019, las mujeres están sobrerrepresentadas en el servicio doméstico, la educación y la salud. […] aproximadamente 4 de cada 10 mujeres se inserta en alguna de estas actividades asociadas a los cuidados. Por el contrario, ellas representan una porción insignificante en la construcción, en los servicios de transporte y la industria manufacturera” 1.

En el primer trimestre de 2020, conforme a datos de la Dirección General de Estudios y Estadísticas Laborales, SSPEyE -MTEySS, sobre datos de la EPH, INDEC, la informalidad laboral también las afectaba más que a los varones: en tanto que la tasa de empleo no registrado ascendía al 37,4% en el caso de las mujeres, la de los varones era del 34%. Hacia el segundo trimestre ambos porcentajes se achican (recordar que muchas personas directamente salieron del mercado laboral), pero manteniendo aun una brecha en el mismo sentido.

Como consecuencia, el contexto de pandemia exacerbó la exposición al riesgo social de las mujeres, en especial de las jefas de hogar de bajo nivel educativo y con respon­sabilidades de cuidado de NNyA1. Esto conlleva la imposibilidad/dificultad de acceder a derechos laborales como licencias por maternidad, seguro médico, aportes jubilatorios, aguinaldo, vacaciones pagas, jornada horaria reglamentaria, entre otros.

 Y entonces, está todo perdido para nosotras?

Fuera de la desfavorable coyuntura que ha implicado el contexto de pandemia, y si bien la brecha de participación entre varones y mujeres en América Latina está todavía lejos de cerrarse, en el último medio siglo se ha reducido considerablemente, configurando uno de los fenómenos socioeconómicos más sobresalientes [2].

Queda, no obstante, mucho por hacer. Para mejorar e incrementar la participación de las mujeres en el mercado laboral y los ingresos derivados de dicha participación, es necesario que las mismas tengan la posibilidad de trabajar más horas en tareas remuneradas del sector privado.

Esto se puede conseguir mejorando el reparto de responsabilidades del hogar y/o con políticas de Estado que tiendan a la desfamiliarización de las tareas de cuidado, a través, por ejemplo, de la ampliación de la oferta de jardines maternopaternales estatales y de la la inversión pública en infraestructura de cuidados en general. Medidas que tiendan, en otras palabras, a generar espacios y tiempos para cuidar, de forma compartida.

 

Ilustración de portada: David Blay / ONG Amarantas, Chile.

Referencias

[1] Desafíos de las Políticas Públicas frente a la crisis de los cuidados (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)- Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, MECON, mayo 2021)

[2] Las mujeres en el mundo del trabajo. Documento de trabajo para el debate en el marco de la CTIO Género. (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, septiembre 2017). 

Por Ana Paula Poblete

Economista y pronta Magíster en Política y Planificación Social en la UNCUYO. Transita entre la docencia y la investigación en la Facultad de Ciencias Económicas, su trabajo en el Rectorado de la UNCUYO y algunas consultorías y tutorías de economía. Le apasionan los temas macroeconómicos y sociales y, sobre todo, el intercambio y aprendizaje constante. Pero, ¡no todo es economía!. También es  amante de la música, en especial de cantar, y de todo el arte en general. 

“De economía todos y todas sabemos algo, porque tomamos decisiones económicas permanentemente. Mi intención es que sea entendible y  estoy convencida de que sólo se trata de usar conceptos conocidos para explicar otras cosas que, hasta ahora, tal vez nos haya parecido que jamás entenderíamos”.

 

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