Huertas hogareñas

¿Moda o cambio de consumo?

Por Carolina Fernandez

Sociedad Economía En el planeta / 27 MAY 2021

La pandemia de Covid-19 hizo que muchas personas se animaran a comenzar la huerta en casa. Contar con un espacio pequeño ya es suficiente para producir vegetales, hortalizas y aromáticas en el hogar.

Desde hace algunos años los hábitos de consumo están cambiando hacia entornos más amigables con el ambiente. El año 2020 será recordado como el año de la pandemia donde la sociedad cambió ante un fenómeno desconocido. Hasta ese momento la mayoría de las actividades diarias se realizaban fuera del hogar. Era habitual salir para estudiar, trabajar, realizar actividad física, cenar con amigxs pero las medidas sanitarias adoptadas por el Gobierno Nacional provocaron que en cada casa se diera el espacio donde la vida ocurría teletrabajo, educación a distancia, televisión a la carta, encuentros por video llamadas.

Estar entre cuatro paredes con patio, balcón o terraza implicó reorganizar espacios y tiempo. El no poder desplazarse de un lugar a otro permitió que las personas se dedicasen a realizar tareas postergadas, pendientes o incursionar en nuevos horizontes. Las redes sociales fueron la vidriera de todo aquello que ocurría en el interior de una vivienda. Estuvieron lxs que se animaron a cocinar, los y las que ordenaron su espacio utilizando el método Konmari, aquellxs que con tutoriales aprendieron algo nuevo, pero también hubo quienes se animaron a desconectarse y conectarse con la tierra emprendiendo la huerta en casa.

Para llevar a cabo el proyecto de la huerta en casa se necesitan ganas, un poco de tiempo, creatividad, adaptar recipientes (cajones de madera, macetas, botellas) y/ o un terreno apto para el cultivo,  semillas, almácigos y, lanzarse a la aventura de producir los propios alimentos. Pero es allí donde nos preguntamos si las huertas hogareñas desaparecerán cuando acabe la pandemia. Claramente no, el fenómeno de las huertas cada vez se arraiga más. Aquellxs que experimentan los beneficios del huerto propio hacen un cambio de hábitos de consumo. Sumado a la conexión que se produce al trabajar la tierra que contribuye a disminuir el estrés, se disfruta del tiempo al aire libre y sol, compartiendo tiempo en familia, consumiendo productos sin agregados de pesticidas, sanos y frescos.

Esta tendencia crece con el correr de los años, sustentados en los 30 años que tiene el programa nacional ProHuerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), cuyo objetivo fue promover el acceso a alimentos saludables para sectores vulnerables y que hoy se extiende a todas las latitudes de la geográfica de Argentina.

Antes de comenzar una huerta se deben tener en cuenta algunos puntos claves. Definir el espacio, si será en suelo directo o en envases (macetas, canteros, vertical, etc.) teniendo en cuenta las horas de sol que recibirá el huerto. La preparación de la tierra es importante para la producción de alimentos es por eso que la tierra no debe ser dura, se pueden conseguir buenas tierras en viveros como así también prepararla con tierra, compost (reutilizando los residuos orgánicos del hogar), humus de lombriz, turba y perlita. Las semillas de estación se pueden obtener en las diferentes estaciones experimentales del INTA, por medio del intercambio entre personas que tienen huerta en casa, semillas orgánicas y almácigos en diferentes viveros de la provincia. Cada especie tiene un ciclo y tiempo de siembra, por lo cual es clave buscar información, estudiar y experimentar. Es importante también conocer la arquitectura natural de cada especie, es decir, si el fruto crece hacia arriba o abajo y hacer asociaciones favorables de especies.

En Mendoza el boom de las huertas hizo que algunxs emprendedorxs desarrollaran huertas desde cero para su comercialización, desde canteros o huerteros a medida, proveyendo de tierra fértil, semillas y almácigos los cuales se ofrecen por redes sociales. También estuvieron lxs que se animaron a compartir su conocimiento y experiencia con la huerta en casa a través de las redes como lo hace Ruth Valero.

Por otra parte, con estas prácticas se disminuye la huella de carbono que generamos  con la producción a gran escala y consumo de alimentos. Esta tendencia de consumidorxs/productorxs hace que los alimentos sean más naturales y además no se trasladen desde diversas latitudes para llegar a la mesa. Disminuyendo de esta manera el uso de envases (embalajes, bolsas, bandejas, etc.) que contaminan el ambiente, reduciendo también los pesticidas en los cultivos que son dañinos y/o nocivos para el ambiente y la salud.

Finalmente el crecimiento de las plantas nos enseña a cultivar la paciencia, saber esperar los frutos, registrando el ciclo de la naturaleza. Invitándonos a cocinar a partir de la cosecha de nuestros vegetales y hortalizas, reutilizando los desechos orgánicos por medio del compostaje para que vuelvan a la tierra en forma de abono en el próximo ciclo de producción.

Por Carolina Fernandez

Comunicadora Social, cercana a recibirse de Licenciada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO. Diplomada en Gestión Organizacional de la Comunicación Estratégica Facultad de Ciencias Económica UNCUYO.

En el camino de la docencia rural conoció el gran aprendizaje que aportan a lxs adultxs las creaciones que hacen los niños, niñas y adolescentes.

Creadora de contenidos vinculados al cuidado del ambiente y la vida. Plantando vida en el este mendocino (58 árboles en los últimos años) haciendo cruzadas y transmitiendo la importancia de los árboles en nuestro entorno.

Amante de la naturaleza, enamorada de la geografía mendocina, aprendiendo y creciendo en el arte de la fotografía.

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