Pandemia y cotidianidad

La agencia social en tiempos de coronavirus

Por Renzo Molini

Historia y DDHH La historia en lucha / 12 MAY 2021

Retomando la nota publicada en SinRetorno en marzo del 2020, propongo alejarnos del sensacionalismo y actualizar la reflexión en tiempos de COVID-19.

Hace más de un año, escribí un artículo para Sin Retorno donde exponía una serie de reflexiones a propósito de lo que se vivía en el contexto del coronavirus, y cómo se tendía a repetir ciertos comportamientos en diferentes momentos históricos donde la salud y la enfermedad ocuparon la primera escena.

Quisiera tomar un punto de la nota del cual me llamaron la atención: la frase “el problema somos las personas”, podía ser interpretada como una mirada reduccionista, en donde se terminaba culpabilizando a los actores por fuera de una comprensión sistémica de los problemas sociales. Aceptado el aporte, comencé a pensar por qué mi mirada social se centraba en lo que se conoce en el campo de las ciencias sociales como “agencia”, que a grandes rasgos sería la capacidad de los sujetos sociales de actuar en un mundo.

Y esto, porque si hay algo que me motiva a ser un futuro antropólogo, es que tratamos de reflexionar la realidad desde lo que dicen y hacen las personas, y desde lo que dicen que hacen y lo que hacen con lo que dicen. Pero también es conocer, entender, interpretar y dar marcos teóricos para explicar la realidad a través de lxs sujetxs, sumando el análisis estructural y complejo necesario para ir más allá que la mera realidad local.

Se trata, en forma paralela, de revelar la agencia y su rol en el marco de las estructuras sociales, para cambiarlas o perpetuarlas.

En otras palabras, parto desde la idea de que es necesario pensar y analizar las acciones de lxs sujetxs como la consecuencia de la producción que como agentes sociales hacen sobre la sociedad, en tanto traducción (o no) desde y en sus prácticas de las desigualdades estructurales de la exclusión, la discriminación, la pobreza, etc., generadas por el sistema imperante sobre los mismos actores.

De esta forma, pretendía poner en situación que las acciones que las personas hacían en torno al COVID-19 en relación a la otredad, no eran solo acciones individuales, sino reflejo de las experiencias vitales de un sistema de desigualdades estructurales, el sistema capitalista, que posee claros mecanismos de opresión, acumulación y exclusión.

Foto: Mat Napo

(Foto: Map Napo)

 

Es decir, los actos de las personas son también consecuencia de las causas estructurales que las moldean, en un sistema que ubica socialmente en diferentes roles de opresorxs y oprimidxs, a veces simultáneamente.

Sin caer en teorías conspirativas y paranoicas, es el poder económico mundial y los grandes medios de comunicación quienes, día a día, en medio de la incertidumbre que significa vivir en esta época, nos proponen e influyen con su forma de ver la pandemia, resaltando sus crisis, horrores, los actos de egoísmo, las disputas políticas, etc., una operación que ha funcionado como forma de construir una realidad que exculpe al modelo de producción dominante.

La agencia ante la incertidumbre

Mucho se ha escrito sobre el coronavirus desde que comenzó, y no es para menos, ha atravesado todos los aspectos posibles. Vivimos en un tiempo donde la realidad aparenta una incertidumbre completa.

Un artículo recientemente publicado en un prestigioso diario nacional, presentó una serie de reflexiones por parte de diferentes psicoanalistas, donde explicaban porqué algunas personas actuaban como si el coronavirus no existiera. Sin menospreciar lo expuesto, la nota adolecía de buenos fundamentos, ya que acotaba y centraba el argumento en torno a que la gente, principalmente los adultos mayores, actuaban por negación o renegación de la pandemia, exponiéndose “sin miedo a morir”

Se comenzaba refiriendo a la letra de la canción “No me importa morir”, de El Otro Yo, y relacionaba los riesgos tomados por parte de las personas (asistir a actividades sociales o compartir elementos) a una especie de “espíritu negacionista”.

(Foto: Clayton Cardinalli)

 

¿Realmente las personas que se arriesgan niegan o reniegan la realidad?

Sin desconocer que eso suceda en algunxs individuos, situación incrementada por la expansión de las ya conocidas teorías conspirativas (promovidas por los medios masivos de comunicación y no pocos líderes políticos que, casualmente o no, en su mayoría pertenecen la derecha política neoliberal), ante la incertidumbre que se vive, pienso que se puede explicar la situación por otro lado.

Y para esto quiero volver a la antropología. Malinowski, en su libro Crimen y Costumbre en la Sociedad Salvaje, estudió la relación entre el derecho y el crimen en la sociedad de las Islas Trobriand. Allí planteó a grandes rasgos que, cuando se les pregunta a los habitantes de un lugar por lo que hacen, nos contestan con la regla, pero cuando vemos lo que hacen, tienden a moverse por sus intereses.

En momentos donde lo que prima es la incertidumbre ante el futuro, donde el horizonte de posibilidades del mundo y la humanidad se achican, donde no sabemos si mañana estaremos encerrados o no nuevamente, donde no pareciera posible poder planificar a corto plazo, considero que lo que hace la gente a través de ciertas acciones, es reafirmar su capacidad de poder sobre la realidad, a través de ejercer control en aquello sobre lo que aún puede, esas pequeñas elecciones personales que influyen en su rutina diaria.

Ir o no a un gimnasio, al cine o a un bar con amigxs o familiares, a pesar del riesgo que se pueda tener, no son acciones que se ejecutan porque solo se niega o reniega que existe una pandemia sino, muy por el contrario, es también reconocer que en ese contexto de pandemia lo único sobre lo que tenemos control es en nuestro día a día,  en la posibilidad de hacer con nuestro cuerpo y nuestra vida lo que queramos, incluso a costa de correr riesgos.

Foto: Amish Thakkar

(Foto: Amish Thakkar)

Por supuesto, se me puede argumentar que en esto esas personas exponen también a quienes sí deciden cuidarse. Y claro que es así en muchos casos (no toda la gente que va a un gimnasio no cumple el protocolo, por ejemplo), no estoy tratando de apelar a una individualidad egoísta ante la crítica situación sanitaria y social que está ocurriendo, tratando de justificar las acciones anticuarentena de muchas personas. Hay que cuidarse, porque la salud no se entiende individualmente si no comprende a la otredad. No hay salud individual, sin salud comunitaria.

Pero lo que estoy tratando de decir es que no todas las personas que rechazan o tienen cierta flexibilidad con las medidas de aislamiento, lo hagan porque no les importa la alteridad que los rodea, o que desconozcan la realidad a través de la negación o renegación.

Más bien sostengo que muchos de esos rechazos/resistencias, pasan porque el límite al control de las personas sobre su vida tiene graves consecuencias sociales y personales, entre ellas, el sentido de la pérdida de su experiencia de futuro. Ante un escenario de incertidumbre, reafirmar el control en la cotidianidad puede ser una respuesta un poco mecánica, pero no poco efectiva.

La presión psicológica, social, política y cultural que significa vivir en una pandemia, debe ser entendida desde lo que los actores hacen en su agencia, como forma de reafirmar el poder en su vida.

Comprender esto no debe significar que se puede justificar cualquier cinismo egoísta e individualista: en su agencia muchxs sujetxs sociales reproducen lo que produce el sistema en términos de exclusión.

Pero pensar que toda acción que no acate al pie de la letra las medidas de aislamiento, es una forma de individualismo extremo, es obviar que muchxs sujetxs sociales, en sus prácticas cotidianas, aún sin ser puristas del protocolo, no dejan de lado los valores de la solidaridad y empatía que necesitamos en tiempos de incertidumbre mundial.

(Foto: Orna Watchman)

Una nueva ola: la salud mental y la frustración de la agencia

A más de un año desde que comenzó el coronavirus, nos vemos ante un nuevo problema: las afecciones de salud mental, resultado de los confinamientos y las situaciones vividas.

A los límites constantes que ya teníamos en un sistema que sigue enriqueciendo a lxs más ricxs y sigue haciendo pobres a lxs más pobres, se han sumado los límites a nuestro desarrollo cotidiano.

Insisto en esto, porque una situación de la cual se llama últimamente mucho la atención, es respecto del grado de frustración que están cargando amplias franjas etarias, debido a la imposibilidad de realizarse como sujetos en su agencia social.

(Foto: Orna Wachman)

Aunque puede parecer banal ante otros conflictos sociales (los problemas en Colombia, la situación sanitaria del Brasil, o la falta de vacunas en países africanos), adoptar esa perspectiva comparativa no tiene sentido. Los problemas no se pueden comparar en términos de mayor o menor gravedad, ya que adoptan una dimensión propia en cada sociedad, en cada individuo y en cada momento específico.

Y aquí es donde los graves conflictos surgidos en términos de la falta de capacidad de acción de cada persona en su día a día, se tornan urgentes de atender. Muchas de las acciones de desafío a los límites establecidos, se pueden leer como una canalización de las frustraciones y el enojo que acarrea el sentimiento de no ser capaz de controlar la propia vida. Mientras del otro lado de esa misma moneda, encontramos el desgano y la tristeza ante la falta de un futuro previsible que nos marque el final de los tiempos de la pandemia.

Ante este desafío, es importante volver la mirada a los discursos de los sueños colectivos, pues solo como humanidad, como conjunto y en armonía con el planeta, podremos salir de esta etapa de cambio de época.

 

Foto de portada: Iqbal Nuril Anwar

Referencias

1-MALINOWSKI, Bronislaw. (1985) [1966]. Crimen y Costumbre en la Sociedad Salvaje. Planeta-Agostini. España Ver más

Por Renzo Molini

Profesor de Historia, maestrando en antropología. Apasionado por Latinoamérica, sus colores, olores y sabores. Ha trabajado temáticas de juventud, educación crítica, inclusión social, los Derechos Humanos, y la cultura popular y latinoamericana. Actualmente, temas de Salud, VIH e ITS. Admirador de Paulo Freire y Salvador Allende. Hincha de River. Tiene un gato, llamado Neko. Cuando era chico, quería ser presidente. Ahora solo trata de aportar algo al mundo.

Trabaja para la Universidad Nacional de Cuyo y es parte del Programa de Salud y Ciencias Sociales de FLACSO-Argentina. Coordina la Diplomatura de Posgrado en VIH e ITS con perspectiva en Salud Integral y Derechos Humanos, un programa de formación entre la UNCuyo y FLACSO-Argentina, con el apoyo de ONUSIDA y UNFPA.

 

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