Poesía y tarot

Las palabras como amuleto

Por Fabiana Grasselli / Fotos Leandro Fernández

Cultura La venganza de Casandra / 10 SEP 2021

Nos rodeamos de talismanes y sin saberlo, en ese gesto, permitimos que acontezca, al mismo tiempo, nuestra vulnerabilidad y nuestra resistencia.

“…eso que torpemente llamamos corazón
porque en este lenguaje de hombres, no hemos podido decir
dónde se aloja la semilla de nuestro fuego”.

Camila Sosa Villada

 

¿Qué es un amuleto? ¿Cómo lo usamos? ¿De qué están hechos nuestros amuletos?

Un amuleto es un objeto al que le conferimos un poder: la capacidad de proteger y acompañar, la facultad de propiciar un deseo, la potestad de otorgarnos un saber. Aferrarse a un amuleto implica la disposición a la confianza en aquello que construimos como territorio de seguridad y también de posibilidad. Nos rodeamos de talismanes y, sin saberlo, en ese gesto, permitimos que acontezca, al mismo tiempo, nuestra vulnerabilidad y nuestra resistencia.

Escribir y leer símbolos y palabras han sido formas de fabricar talismanes para nosotras y nosotres. Hemos otorgado poderes a las palabras y ellas nos han salvado, nos han permitido desear el acontecer de otros mundos, han sido armas en nuestras trincheras.

Tarot y poesía son amuletos que están hechos de metáforas, de historias. Los estrechamos con la mano en el bolsillo, los ponemos entre las tetas y el corpiño, nos los tatuamos como rituales en las pieles. Creo que nuestra frágil humanidad se aferra a esos amuletos como haciendo una apuesta a un modo de existencia más allá de la supervivencia.

Olga Orozco dice en un poema “Para hacer un talismán/Se necesita sólo tu corazón/hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios”. Hay talismanes para cumplir y talismanes para desobedecer. Poesía y tarot son lenguajes díscolos que conectan con lo nocturno: el tiempo de la conspiración de las palabras; que se nutren de lo oceánico: el movimiento perpetuo de lo que puede ser relatado. La desobediencia de la poesía y el tarot radica en que son formas del lenguaje que se fugan de lo esperable, huyen del lugar de lo meramente comunicativo en tanto transmisión de información, se rebelan frente a las leyes que limitan lo que puede ser dicho y escuchado. Por eso son amuletos. En esa potencia de exasperar las posibilidades para lo nombrable acontece su magia. Sebastián Touza explica en un artículo hermosamente brillante que “la palabra no tiene como fin comunicar contenidos o declarar posiciones sino viajar de cuerpo a cuerpo componiendo afectos para hacer crecer la potencia de actuar, afectar y ser afectado”. Se trata de la brujería que tiene lugar en nuestros discursos.

En un sentido similar, Iván Chausowsky dice que es imposible prever los efectos que tendrá una palabra en nuestros cuerpos y nuestras historias. Poesía y tarot alojan otro modo de conocer el mundo, eso que se aprende en el acto mismo de buscar algún idioma para dar cuenta de una experiencia. Me refiero a un saber que deviene de esa dialéctica entre vivencia y lenguaje, cuando logramos nombrar lo que necesitamos arrebatarle a lo no dicho. Decir no es lo mismo que tomar la palabra. Esta práctica implica inaugurar un discurso, asumir el trabajo de nombrar, hacer hablar al silencio. Marie Gouiric señala que quien escribe poesía lo que hace es habitar una lengua construida a medida que se va escribiendo, una lengua que devela un saber mientras es pronunciada. Ese saber aparece luego de urgar en las acentuaciones de los signos, como acto propiciatorio de una afectación, de un roce que conmueve, que nos intranquiliza. Un conocimiento como acontecer mágico de la palabra del que no es posible salir ilesas porque trae consigo una mirada renovada sobre el pasado, el presente y el futuro.

Aprender a nombrar algo que siempre estuvo allí pero que no había sido puesto en el orden del discurso nos otorga la oportunidad de redescubrir las historias subjetivas y colectivas, y por lo tanto, de volver a narrarlas en clave propia. De allí que la poeta negra y lesbiana  Audre Lorde haya insistido en la reivindicación de que la poesía no es un lujo para mujeres, lesbianas, trans, travas, maricas y no binaries.

Lejos de ser un lujo, la poesía es un derecho conquistado para nosotras y nosotres, que hemos debido ser contra el miedo y la opresión, para hacer estallar los umbrales de tolerancia del patriarcado, y así poder decir nuestras palabras novedosas y contar nuestras historias olvidadas. Camila Sosa Villada se refiere con exquisitez a esta insumisión que supone la poesía en nuestras bocas: “escribir implica una rebeldía porque escribir supone la reflexión, y la reflexión es inadmisible en tiempos de producción, conlleva una pausa, un volver a una misma”. Por ello cada vez que una mujer, una lesbiana, una travesti, une no binarie o une trans escribe, cruje el patriarcado.

Porque no se esperaba de nosotras y nosotres que tomáramos la poesía por asalto, que rechazáramos el destino de musas para la escritura de los varones y que le hiciéramos decir al lenguaje “dónde se aloja la semilla de nuestro fuego”.

¿Qué deviene para nosotras cuando usamos nuestros lenguajes como amuletos? Se abre un territorio de impugnación de la normalidad para caminar decididas y abrazar a nuestro monstruo. Que otros sean lo normal nos susurra Lohana Berkins. Nosotras queremos transformarlo todo, exhibir la belleza irreverente de nuestro ser brujas, de nuestra hechicería contrahegemónica, de nuestra tierna y temible mostruosidad. Confiamos en la magia de nuestros amuletos y los usamos como alimento para nuestras cotidianas y épicas batallas. Porque como dice Ika Fonseca Ripoll: “¿qué clases de monstruxs somos si no creemos en la magia?”

Tirada Literaria

En esta oportunidad, nuestra tirada literaria nos presenta los siguientes dos arcanos: El Mago y Los Enamorados.

El Mago

¿Seremos capaces de reconocer los recursos que hemos forjado en la experiencia? ¿Qué magias estamos dispuestas/es a conjurar para extender un poco más allá el horizonte de lo posible? El mago nos viene a hablar lo que somos capaces de transformar cuando tomamos nuestras herramientas, las que tienen impresa la forma de nuestras manos, las que pacientemente hemos imaginado y construido atravesando duelos y euforias, las que nos han legado las ancestras, las que tienen la huella de lo colectivo, las que se reflejan en las miradas que amamos.

No es posible derribar la casa del amo con las herramientas del amo. Necesitamos crear otra humanidad, otra vitalidad, otra casa, otras hogueras. Westonia Murray habla de su escritura como si se tratara de un instrumento lenta y ardorosamente fraguado al que le llegó la hora de ser empuñado: “Lo que puede soportar/Estar tanto tiempo al fuego/Tiene que ser poderoso”.

Voces invitadas en cita literaria: “Tomar agua” de Silvina Giaganti

Tomar agua comer fruta
usar ropa de algodón
especialmente holgada
en los hombros y los brazos.
Leer libros que cuenten
una historia y no que
la reflexionen.
Usar colonias refrescantes.
No hablar de lo que duele
excepto con quien sabe
crecer, volver a pasar
por el mismo lugar
sin hacerse tanto daño.

Voces invitadas en escala musical: La Ruiseñora de Ruiseñora

Los Enamorados

Hace unos días el Ciro me dijo en una conversación acerca de la crisis actual de la vincularidad afectiva: “hemos llegado a un punto donde creo que se trata de mimos o barbarie”. Vulnerabilidad, ternura, intensidad aparecen en la frontera de lo tolerable para los viejos y nuevos mandatos sobre las maneras de amar. El arcano de Los enamorados es un modo de simbolizar la encrucijada de lo amoroso y del deseo. La certeza de que se está frente a una disyuntiva. La caída de ficha irrefutable de que hay una decisión que tomar luego de la cual nada volverá a ser igual. Hacerse cargo del propio deseo, de su ambivalencia, ya no desde la épica del empoderamiento obligatorio, sino desde una poética, de un ars amandi feminista.

Para los griegos “poética” proviene de poesis, término que alude a un hacer que debe ser aprendido casi como un oficio, como un arte. ¿Quién dijo que tenemos que ser heroínas de la emocionalidad? ¿Hasta dónde somos capaces de intoxicarnos de corrección política? Me gusta imaginar que vamos a animarnos al intento honesto de un hacer afectivo que supone atreverse a una experiencia. ¿De qué sirve ser inmortal si no se puede morir de amor?, dicen los Babasónicos. Ser un poquito fracasades en lo afectivo, como dice Vir Cano, abrazar la belleza de la derrota, como sentencia Pier Paolo Pasolini, habla de quien se dispone al riesgo del encuentro con les otres. Ese vital peligro de ser sorprendides y también transformades.

Voces invitadas en cita literaria: “Amor en bici” de Ioshua

Ay guacho, como tira este corazón. Vos sos mi verdadero vicio, en serio, lo otro… lo otro es pena. Loco, lo tuyo es tan puro como la más pura. Ay por mi viejita que yo no sé qué mierda me pasa con vos pero si tu corazón se queda conmigo en esta pieza… a la mierda con todo. Yo con vos me meto entero hasta las bolas. Ay, por vos guacho, no voy a tener miedo niai… ni un poco… nunca más. Ay loco… si. Así de jodido es este amor. Pero yo, como cualquier otro, solo quiero lo que cualquier pibe quiere en esta re puta vida: que al menos una vez, una tarde, venga a buscarte el varón que te gusta para llevarte a pasear en su bici y tomar una birra hablando giladas y dar vueltas por ahí. El amor, posta, se siente como ir sentado en el caño de la bici del pibe de tus sueños. Si. Así. Sintiendo su pecho cumbiero hinchándose en tu espalda y su voz… su voz humedeciéndote el alma y canchereando al pedalear. El sol y el vientito de frente. Todo re tranqui… sin apuros… si total, después cojemos toda la noche en mi pieza. Si. Sí, loco. Ya sé. Así es como jodidamente se siente todo este jodido amor. Ay guacho. Ay por mi viejita que yo te quiero conmigo… para todo. Para lo que dure. Para lo que aguante. Para lo que pinte. Para lo de siempre.

Voces invitadas en escala musical: “Antojo” de Palo Pandolfo

Voces invitadas al decir: Camila Sosa Villada, Leo Federici y Dahiana Belfiori 

Camila Sosa Villada es una escritora y actriz transgénero de teatro, cine y televisión. Nacida en La Falda, Córdoba. Estudió cuatro años de Comunicación Social y otros cuatro de la licenciatura de Teatro en la Universidad Nacional de Córdoba. En 2009 estrenó su primer espectáculo unipersonal, Carnes tolendas, retrato escénico de un travesti. En 2011 protagonizó la película Mía, de Javier van de Couter. En 2012 actuó en la miniserie La viuda de Rafael. En 2014 hizo en teatro El bello indiferente, de Jean Cocteau. En 2015, trabajó en Despierta, Corazón Dormido/Frida. En 2016, en Putx madre y en 2017, en El cabaret de la Difunta Correa y la miniserie La chica que limpia.
Es autora del libro de poemas La novia de Sandro (2015), el ensayo El viaje inútil (2018) y las novelas Las malas (2019) y Tesis sobre una domesticación (2019). Las malas fue considerada una de las mejores novelas de 2019 y será traducida al alemán, al francés, al italiano y al croata.

Audio de Leo Federici

Leo Federici es escritor, poeta y performer. Formó parte de la organización del Slam Poético Mendoza que en 2019 fue reconocido por la cámara de senadores de la provincia como espacio de interés cultural. Actualmente cursa las últimas materias de la Licenciatura en Kinesiología y fisioterapia.

Audio de Dahiana Belfiori

Dahiana Belfiori es escritora. Ha publicado ficciones, notas de opinión, entrevistas y crónicas en diferentes diarios y revistas nacionales e internacionales y colaboraciones habituales en el suplemento Rosario|12 del diario Página|12 y en Las 12. Coordina los talleres de lectura y escritura creativa abrir la casa.

Es autora de Código Rosa. Relatos sobre abortos, publicado por Ediciones La Parte Maldita en el año 2015, reimpreso en el 2018 y reeditado en el 2021.

Como gestora cultural ha impulsado varios ciclos literarios, presentaciones de libros y talleres literarios con la presencia de escritoras y escritores del país de reconocida trayectoria, entre los que cabe citar Desclasificadxs.

Código Rosa. Relatos sobre abortos fue declarado de interés por la Cámara de Diputados y Diputadas de la provincia de Santa Fe en 2016 y fue presentado en una treintena de lugares durante los años 2015 y 2016 en el país, en 2017 en La Haya y Madrid y en 2018 en varias ciudades de España (Valladolid, Málaga, Granada, Córdoba y Barcelona). En diciembre de 2016 recibió la distinción “Con X”, en Rosario, por contribuir a generar una comunicación plural e igualitaria desde su trabajo.

Lo más simple es desnudarse es su último libro (Ediciones La Parte Maldita, 2021).

Por Fabiana Grasselli

Fabiana Grasselli es docente de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo e investigadora del CONICET. Su temas de investigación gravitan en torno a los vínculos entre testimonio y literatura en Argentina desde una perspectiva de género y a la relación entre experiencias políticas de mujeres y lenguaje. Su gran amor, su preocupación y su pasión salvaje son las palabras y lo que ellas consiguen cuando tocan los cuerpos y la historia. El tarot la acompaña desde hace 20 años como lengua ancestral, brujeril, de herética rebeldía. Es activista feminista e integra La Malona Colectiva Feminista.

/ Fotos Leandro Fernández

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