El Archivo y el Mito

Los nombres del fuego

Por Gonzalo Córdoba

Cultura El archivo y el mito / 19 OCT 2021

¿Qué hay detrás del uso de ciertas metáforas? Todo lo que se oculta es ideológico y nos define; el lenguaje es nuestra manera de entender lo que nos rodea, pero también habla de nosotrxs.

Noticias y «noticias»

Hace algunos años, según podemos rastrear fácilmente en la web, hubo una gran huelga de pescadores en Perú. Imaginemos a los trabajadores quemando sus elementos de trabajo, el humo de miles de redes bajo el fuego llega hasta Lima y cubre por completo su cielo azulísimo; las aves escapan hacia la periferia y graznan por el pavor de aquello que no logran entender.

Si bien es fácil llegar a la noticia, lo cierto es que hoy leemos a diario que alguien incendia las redes y sabemos, por intuición y experiencia, que no es una medida de fuerza contra la patronal. Es más, el patriarcado (notemos esa raíz lingüística que se repite en patriarcado y patronal) se ha apropiado de las herramientas comunicativas que utilizamos para reflejar el conflicto de los asalariados.

Metáforas doblemente apropiadas, porque son adecuadas para resemantizar algo y porque fueron tomadas para cooptar su significado. Este hecho no es menor. Tengamos en cuenta que el lenguaje refleja nuestras creencias y nuestra particular manera de ver (y entender) el mundo. 

Pareciera que todo lo que no se nombra no existe. Pero aquello que para ser nombrado toma un significante ajeno, se lo apropia e inicia un proceso de corrimiento del eje de sentido de lo que antes entendíamos como, por ejemplo, red, incendio, manguera o goma. Pero en este acto de resemantización, que por otro lado es algo muy común y cotidiano, creo ver un acto moralista porque, claro, qué poco decoroso sería titular denotativamente esas notas. Como se observa en la siguiente captura de pantalla de una búsqueda («incendia las redes sociales») son principalmente mujeres las pirómanas. ¿A qué se debe esto? ¿Cuál es el gen de esa piromanía?

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Mujeres de fuego, encienden todo lo que tocan

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Una de las potencialidades del lenguaje es que permite resignificar según el contexto. Esta conexión entre quien dice o escribe algo y quien escucha o lee eso dicho o escrito (vaya jueguito de palabras) es vital para el mantenimiento del lenguaje como medio de comunicación.

Porque la palabra no es el único puente entre dos personas. Dentro de las capacidades del lenguaje oral o escrito la metáfora ocupa un lugar privilegiado, implica un paso más allá de la mera denotación y requiere que quien lee o escucha reponga  significado. Es un tipo de comunicación más activa. 

En este sentido, quemar, incendiar o paralizar las redes significa, denotativamente hablando, mostrar las nalgas o los pechos (generalmente femeninos), porque, como ya vimos, sería poco decoroso titular una nota como «XX muestra su cola». Ahora bien, que estas notas copen los portales de noticias y que usualmente ocupen lugares importantes en la lista de más vistas deja entrever una serie de cuestiones:

  • Los portales de noticias no siempre generan o presentan contenido noticioso. Se puede decir que cada acto de exposición del propio cuerpo es nuevo, pero convengamos que hay cuerpos que ya casi conocemos de memoria (se han mostrado mucho).

  • Esto, sumado a aquellas notas gestadas sobre la base de un video viral o similar, demuestran que el propio concepto de noticia o aquello que compone el contenido de los portales de noticias se ha frivolizado.

  • Algo dicho hasta el hartazgo pero que siempre es necesario recordar, que en la gran mayoría de los casos el cuerpo que se muestra es el de una mujer. En la captura de pantalla anterior la proporción es de 85/15, lo cual implica dos cosas:

    • la mercantilización del cuerpo femenino, y

    • una subrepticia puesta en duda de la capacidad de las mujeres para generar otro tipo de acciones que no sean las de mostrarse o hacer las tareas de la casa.

Grafiquemos esta tendencia. Ngram es una herramienta de Google que presenta como gráfico términos elegidos por la/el usuaria/o. Veamos entonces cómo determina la aparición en libros de los términos «hombre desnudo» y «mujer desnuda». Tomé como inicio del muestreo 1951, año del nacimiento de mi mamá, y la tendencia es clarísima: en ningún momento de los últimos setenta años se habló más de hombres desnudos que de mujeres desnudas en lengua castellana.

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Lexicógrafos del siglo XIX, tituladores web

Otra cosa que salta a la vista es que ese mote de incineradoras de redes no es propio sino que ha sido impuesto por quienes titulan las notas de estos portales. No tengo datos, pero tampoco dudas, para creer que fueron varones quienes comenzaron a resignificar así el lenguaje y suavizar la puesta en mercado del cuerpo femenino.

¿Por qué creo esto? Simplemente porque la historia ofrece miles de ejemplos de casos de violencia lingüística, como correlato de la violencia física y psíquica. Y este caso de resemantización implica una de las innumerables muestras de que el lenguaje sí es soporte de actitudes sexistas. 

Ahora bien, el lenguaje es sexista porque casi todas nuestras prácticas culturales lo son. Cuando entendemos o pensamos las relaciones sociales desde un marco binario entonces tendemos a marcar diferencias dicotómicas basadas en el género. Pensemos, por ejemplo, en los significados metafóricos de los siguientes pares aplicados como calificativos a personas : perra/perro; zorra/zorro; gata/gato. Pero también vemos esto en relación con lo laboral, porque en el hospital decimos médico y enfermera; en el avión, piloto y azafata, como marcando una relación jerárquica que generalmente no se condice con la realidad.

Definimos el mundo en el que creemos con el lenguaje que utilizamos.

El mito de creación de Babilonia es interesante en este sentido: Tiamat (diosa del agua salada) es derrotada por Marduk (su tataranieto), que crea con sus restos el cielo y la tierra. Los restantes dioses le dan cincuenta nombres a Marduk y él crea a los seres humanos para que veneren a los creadores. De Babilonia también proviene la agricultura, que podemos entender como la tecnología que permitió acabar con el nomadismo y  la sociedad matriarcal, es decir, imponer el patriarcado. Y no deja de ser significativo que el mito implique la muerte de la madre de todos los dioses, la que representa el agua salada, como la placenta. Claro, los mitos también reproducen los valores de la sociedad que los crea. Ya lo dijo Roland Barthes, «el mito es un habla», un «modo de significación».

Por Gonzalo Córdoba

Casi licenciado en Letras. Intenta escribir en diversos géneros aunque se siente más cómodo en el cruce de ensayo y ficción. Trabaja como corrector y editor. Le encantan las lenguas aunque no habla ninguna. En realidad habla poco. Desafinadísimo. 
gcordobasaavedra@gmail.com

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