Malones siglo XXI

Agamben en la Patagonia (y en la Arístides, también)

Por Gonzalo Córdoba

Cultura El archivo y el mito / 15 NOV 2021

Pensar en otrx es pensar en unx mismx. Temer al otrx implica una valoración negativa de quienes nos definen como seres humanos. Pero, ¿lxs conocemos realmente, sabemos algo de ellxs?

"Al río que todo lo arranca lo llaman violento,
pero nadie llama violento al lecho que lo oprime".

Bertolt Brecht

Hace pocos días escuché una noticia tremenda: Piñera pide extender el estado de emergencia en el Sur de Chile. Esto no debería llamarnos la atención por novedoso (porque no lo es) sino por la crueldad que esconde y por la virulencia con la que lxs poderosxs utilizan todos los medios a su alcance (que son muchos) para criminalizar al otrx.

¿Quién es ese otrx tan desconocidx como odiadx? En este caso lxs mapuche, pero también lxs qom, lxs huarpe, las mujeres (sobre todo si además son pobres), vos, yo también. En definitiva, nadie está exento de ser discriminadx. Pero esa generalización es una falacia, dirás, y tenés razón, porque lxs ricxs detentan el poder y no son discriminadxs. Eso es brutalmente cierto.

El estado de excepción, según Agamben, es la suspensión del derecho, o sea, el momento en que el  propio Estado se autopercibe como incapaz de garantizar los derechos humanos elementales del pueblo o de una población. Y el motivo de esto es que las poblaciones mapuche son violentas. ¡Qué palabrita extraña! Como si no fuera violento militarizar las calles o permitir que la policía golpee.

Una de las más importantes escritoras vivas de Chile es Nona Fernández Silanes. Mi recomendación es que lean sus novelas, en las que se cruzan elementos históricos, ficcionales y referenciales. Pero ella también es columnista y precisamente hace pocos días, tomando nota de algunas opiniones de Jean Genet, establece una distinción entre violencia (ligada a la vida) y brutalidad (ligada al aparato estatal). Es interesante pensar en esto:

El gesto brutal sería, para Genet, el que interrumpe un acto libre. (…) Así la brutalidad adoptaría las formas más inesperadas. (…) La miserable arquitectura de las viviendas sociales, por ejemplo, los golpes de la policía a los manifestantes de cualquier desacuerdo, la codificación de las leyes que prevalece sobre las costumbres, el monopolio y manipulación de la información pública, entre otras miles de expresiones brutales que tan bien conocemos en el Chile contemporáneo. La brutalidad organizada, mientras más tajante es, más exige la expresión de esa violencia espontánea que es la vida, dice Genet.

¿Qué es lo que hace tan peligrosxs a lxs mapuche? Su concepción de la tierra como un bien común, enfrentada a la propiedad privada que caracteriza al régimen capitalista.

Ruca Choroy (Casa de los loros), sitio donde habita la comunidad mapuche Aigo.

 

De la guerra a la gorra

Volvamos algunos años hacia atrás. Uno de las primeras paradas en esa escalada de violencia fue la oleada de linchamientos callejeros por parte de grupos que se indignaban ante el robo, el hurto u otros delitos menores. Generalmente eran personas de bajos recursos las linchadas. La bajada de línea era no te metás con nuestra propiedad. Un celular, una billetera o una mochila parecían valer más que ciertas vidas. Otra vez la propiedad privada como vara para medir la indignación.

Si nos atenemos a su sonido linchar no es una fea palabra. Tiene una l que es como el rumor del agua que corre arroyo abajo, la l de love o life. Más adelante viene una n que hace levantar la nariz como quien quiere apresar un aroma y no dejarlo escapar, el olor del cuello de una persona que amamos. Bueno, la ch es otra cosa, echa por la borda todo lo anterior. Pero como buen verbo acaba con una r simple que licua el chasquido de la ch que la precede.

Una cosa interesante podemos agregar al respecto, su origen remite a Charles Lynch, quien como juez de Virginia ordenó en 1780 la ejecución, tras un juicio en el que habían sido absueltos, de un grupo de supuestos disidentes. El linchamiento es probablemente uno de los primeros inventos yanquis. Cualquier parecido con la historia reciente de la región es pura coincidencia. Sí, seguro.

Lamentablemente, como sociedad hemos fallado en la aplicación de este instrumento político. Recordemos esa impactante obra teatral del siglo de oro español (es decir, parte del XVI y parte del XVII) que es Fuenteovejuna de Lope de Vega. [Spoiler alert] En ella el pueblo entero, cansado de los abusos y excesos de un comendador, y tras una fuerte arenga de Laurencia que los acusa de pasividad y servilismo, lo lincha hasta darle muerte. Días después llega un juez para determinar al culpable del deceso del comendador pero cuando son interrogadxs, ante la pregunta ¿quién mató al comendador?, todxs responden «Fuenteovejuna lo hizo». He allí un ejemplo de violencia liberadora. Lo que antes fueron guerras ahora son gorras, dedos índice extendidos para juzgar al otrx.

Fotografía de Lourdes Cardenal

 

Del ocio al odio

El vocablo ocio proviene del latín ōtium, que significa tiempo libre, reposo, y comparte raíz con oculum, ojo. La relación entre el tiempo libre y el mirar, el contemplar, es evidente. No tanto el hecho de que esa contemplación era entendida como un estado productivo, creativo, contrapuesto a negocio, literalmente la falta de tiempo libre. Hoy por hoy utilizamos nuestro tiempo libre en cosas poco productivas o creativas, como leer portales de noticias en la web o visitar foros de opinión que son incubadoras del fascismo. A veces también utilizamos horas de trabajo para estas improductividades, es cierto.

El año pasado salió a la venta un libro excepcional para entender algunas de las posibles formas del odio actual, me refiero a Las vueltas del odio de Gabriel Giorgi y Ana Kiffer. En él lxs autores plantean que se trata de una manifestación anónima (potenciada por la virtualidad) pero que también genera cierta sensación de impunidad debido a la velocidad con la que esos mensajes parecen desaparecer. Sin embargo, la recurrencia por parte de algunxs foristxs lxs convierte en potenciales autorxs de algo híbrido que revela el corrimiento de los pactos acerca de lo decible en democracia.

Hasta hace algunos años hubiese sido insólito escuchar o leer el odio que nos venden y que compramos tan fácilmente. Pero este no se vence con amor, debe ser incorporado y practicado de manera conciente, debe convertirse en un odio al servicio del bienestar de todxs.

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Parches con la frase atribuida a Woody Guthrie.

 

Así como Piñera militariza el sur chileno Rodolfo Suárez pretende levantar en armas a lxs mendocinxs contra una amenaza que habita en su cabeza. Y lo hace de la mano de un abanico de prejuicios que tiene como una de sus partes evidentes la noción de que la genética determina a las personas. De ahí a la idea de la portación de rostro hay un pequeño paso. Que el ocio vuelva a ser creativo, que en lugar de navegar por los sitios de la brutalidad remontemos las páginas de un libro, por ejemplo. No dejemos que nos indiquen a quién odiar.

Por Gonzalo Córdoba

Casi licenciado en Letras. Intenta escribir en diversos géneros aunque se siente más cómodo en el cruce de ensayo y ficción. Trabaja como corrector y editor. Le encantan las lenguas aunque no habla ninguna. En realidad habla poco. Desafinadísimo. 
gcordobasaavedra@gmail.com

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