Pobreza en Argentina

Una realidad que demanda respuestas

Por Ana Paula Poblete

Sociedad Economía Economía y otras hierbas / 03 NOV 2021

Las tasas de pobreza e indigencia en Argentina son especialmente alarmantes, tanto en los últimos meses como en los últimos años. En esta nota, conocemos un poquito más esta realidad.

¿Cómo estamos?

La pobreza medida con criterio monetario (es decir, el dato que escuchamos frecuentemente en las noticias) ascendió al 40,7% de las personas en el primer semestre de 2021 (31,2% de los hogares; INDEC [1]). Así, se ubicó por debajo del período anterior, pero continúa por encima del promedio histórico. Ese dato representa la proporción de personas cuyos ingresos son insuficientes para superar un umbral conocido como ‘línea de pobreza’. 

En Argentina, dicha línea de pobreza se define por la canasta básica total, es decir, una canasta que considera otros bienes (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.) más allá de los alimentos que incluye la denominada canasta básica alimentaria. 

Mirado con perspectiva largoplacista, llama la atención que, después del aumento pronunciado de la pobreza que trajo consigo la crisis de 2001/2002 y el posterior descenso, la tasa de pobreza se ha mantenido entre el 25% y el 30% aproximadamente desde 2009/2010 (según datos de CEDLAS sobre la base de la EPH).

Los datos recientes no mejoran el panorama, todo lo contrario: el gráfico siguiente muestra la evolución de la cantidad de hogares y personas en condiciones de pobreza y el incremento evidente a lo largo de los últimos semestres. Como vemos, la situación de pobreza se exacerbó durante el momento más crudo de la crisis asociada al COVID-19. Vale decir, no obstante que, si bien los datos siguen siendo muy altos en relación a la pobreza, pareciera que ese agravante empieza a desactivarse: la pobreza ha abandonado, al menos por este semestre, su tendencia creciente.

No obstante, no puede decirse lo mismo en términos de indigencia. Tanto la cantidad de hogares como la cantidad de personas en condiciones de indigencia registró –en el primer semestre de 2021– valores aún peores a los registrados en 2020.

Un hogar se encuentra bajo la línea de indigencia si los ingresos monetarios no resultan suficientes como para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas.

Procedimentalmente, se toma como referencia una canasta básica de alimentos de costo mínimo (CBA) determinada en función de los hábitos de consumo de la población definida como población de referencia, basada en los resultados de la Encuesta de Gastos e Ingresos de los Hogares.

Un hogar se considera pobre, en cambio, si los ingresos del mismo resultan insuficientes para satisfacer -por medio de la compra de bienes y servicios-un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales.

Para calcular la línea de pobreza es necesario contar con el valor de la CBA y ampliarlo con la inclusión de bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.), con el fin de obtener el valor de la Canasta Básica Total (CBT). [Fuente: INDEC] 

La pobreza y la indigencia no inciden en todos los grupos etarios o en las diferentes regiones por igual. 

En términos de pobreza, lxs más afectadxs son los niños, las niñas y lxs adolescentes de 0 a 14 años. La indigencia, en cambio, es una realidad más frecuente en personas de entre 30 y 64 años. Desde el punto de vista regional, podemos observar que en la mayoría de ellas la pobreza aumentó (respecto a igual semestre del año anterior), excepto en Gran Buenos Aires y en la Patagonia.

¿Mal de muchxs?

Una pregunta que puede venirnos a la mente es si esto es una realidad regional o sólo de Argentina. Gasparini, Tornarelli y Gluzmann [2] explican que: “Mientras que la tasa de incidencia de la pobreza por ingresos en Argentina es hoy similar a la de hace 25 años, en el mundo en desarrollo se ha reducido en un 25%, mientras que en América Latina la caída ronda el 45%".

"La pobreza sigue siendo un problema grave y urgente, pero su incidencia se ha reducido significativamente en las últimas décadas, tanto en el mundo en general como en la mayoría de los países: Argentina es una de las excepciones” [2].

Tanto el escaso crecimiento económico (incremento del producto bruto por habitante) como la volatilidad del mismo y el empeoramiento (aunque leve) de la distribución de los ingresos contribuyen –según estos autores– a explicar el fracaso en la reducción sostenible de la pobreza.

¿Qué incidencia tuvieron programas como el IFE y/o la tarjeta ALIMENTAR?

Si bien la tasa de pobreza sigue siendo muy alta, resulta oportuno destacar que se han implementado acciones para intentar al menos contenerla, más aún en el contexto de la crisis asociada al COVID-19.

El gráfico siguiente –extraído del trabajo de la UCA: “Un rostro detrás de cada número: Radiografía de la pobreza en Argentina" [3]– muestra estimaciones para cuál habría sido la tasa de pobreza (medida con criterio monetario, conforme a datos de la UCA) si no se hubieran puesto en marcha políticas como la tarjeta Alimentar, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) e incluso si no existieran otros programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y similares y/o pensiones no contributivas.

Como podemos observar, de acuerdo con los cálculos de la UCA, si no se hubieran implementado estos programas, la tasa de pobreza en 2020 habría ascendido a 51,7% (7 puntos porcentuales adicionales sobre la observada). 

Para la tasa de indigencia, los resultados siguen la misma tendencia, pero mucho más marcada. La indigencia podría haberse incrementado al 20% (10 puntos porcentuales adicionales sobre la observada) sin la existencia de esos dos programas.

Como mencionamos, estos programas parecen haber resultado útiles para contener la pobreza. Es decir, para que esta no aumentara de manera más pronunciada en un contexto verdaderamente extraordinario a nivel sanitario y económico. Pero la pobreza responde a causas profundas y multidimensionales, por lo que requiere, para su medición y disminución/erradicación, respectivamente, un concepto más amplio y políticas públicas más holísticas y coordinadas entre sí.

Más allá de la pobreza medida con criterio monetario...

En esa dirección, existen otras maneras –más abarcativas– de medir la pobreza, que toman como punto de partida que la pobreza  “[…] implica carencias y vulnerabilidades que exceden la dimensión monetaria. Ciertos hogares pueden superar un umbral de ingresos, pero tener dificultades en el acceso a bienes, servicios y derechos básicos, como una educación de calidad, un seguro de salud amplio y una vivienda digna” [2].

En una próxima nota, nos introduciremos de lleno con otras mediciones que incluyen este tipo de conceptos.

No obstante –y teniendo siempre presente que la pobreza responde a causas multidimensionales que van más allá de la generación de ingresos monetarios–, para un avance más rápido en relación con el objetivo de reducción de la pobreza, se requiere una estrategia integral y coordinada, que además de un crecimiento sostenido y con estabilidad, incluya políticas educativas, habitacionales, de inclusión laboral y de ampliación y mejora de la seguridad social, entre otras.

Es de esta manera que podrá darse respuesta a las numerosas demandas que implican las carencias en múltiples planos de la amplia proporción de la población argentina en condiciones de pobreza. 

Para ello es necesario un concepto más amplio de pobreza que nos ayude a comprender todos los factores relacionados con ella, como así también mediciones más holísticas como las que presentaremos en una próxima nota, que constituyan un punto de partida más propicio para el diseño e implementación de políticas públicas que den respuesta a este flagelo.

 

Nota de autora: Material elaborado en coautoría con la Lic. Leonela Navarrete y  laMgter. Eleonora Mamaní en el marco del Proyecto de Investigación 06/D215 - SIIP - UNCUYO.

Referencias

[1] INDEC. 2021. Condiciones de vida Vol. 5, n°13. Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Primer semestre de 2021. Ver más

[2] Gasparini, Tornarelli y Gluzmann. 2019. El desafío de la pobreza en la Argentina. Ver más

[3] Observatorio de la Deuda Social Argentina - Universidad Católica Argentina  (ODSA-UCA). 2021. Un rostro detrás de cada número. Ver más

Por Ana Paula Poblete

Economista y pronta Magíster en Política y Planificación Social en la UNCUYO. Transita entre la docencia y la investigación en la Facultad de Ciencias Económicas, su trabajo en el Rectorado de la UNCUYO y algunas consultorías y tutorías de economía. Le apasionan los temas macroeconómicos y sociales y, sobre todo, el intercambio y aprendizaje constante. Pero, ¡no todo es economía!. También es  amante de la música, en especial de cantar, y de todo el arte en general. 

“De economía todos y todas sabemos algo, porque tomamos decisiones económicas permanentemente. Mi intención es que sea entendible y  estoy convencida de que sólo se trata de usar conceptos conocidos para explicar otras cosas que, hasta ahora, tal vez nos haya parecido que jamás entenderíamos”.

 

Para vos que seguis nuestros contenidos

Este proyecto resulta del talento, el amor y el laburo autosustentado de un gran equipo. Si te gusta lo que hacemos y nos querés bancar con un mimo, invitanos un cafecito!!!!

Te estaremos muyyyy agradecides!!! Y sino, recordá que compartir y difundir nuestros contenidos es de mucha ayuda también!!!

Invitame un café en cafecito.app

Contanos que te pareció