Pobreza en Argentina

Una solución multidimensional

Por Ana Paula Poblete

Sociedad Economía Economía y otras hierbas / 29 NOV 2021

¿De dónde partir para hallar respuestas satisfactorias ante la pobreza en Argentina? Algunas pistas, en esta nota.

¿Cómo estamos?

En la nota anterior de esta columna dijimos que la tasa de pobreza (medida con criterio monetario) había ascendido al 40,7% de las personas en el primer semestre de 2021 (31,2% de los hogares; INDEC [1]).

También prometimos compartir mediciones más amplias en relación a esta problemática; medidas que permitan dar cuenta de todos los factores relacionados con ella (o que, al menos, logren reflejar mejor el carácter multidimensional de la pobreza), que constituyan un punto de partida más propicio para el diseño e implementación de políticas públicas que den respuesta a este flagelo.

Una mirada más amplia

En esa dirección, existen otras maneras –más abarcativas– de medir la pobreza, que toman como punto de partida que:

La pobreza "implica carencias y vulnerabilidades que exceden la dimensión monetaria. Ciertos hogares pueden superar un umbral de ingresos, pero tener dificultades en el acceso a bienes, servicios y derechos básicos, como una educación de calidad, un seguro de salud amplio y una vivienda digna” [2].

Una medida de pobreza multidimensional

En esta dirección, la UCA, por ejemplo, confecciona periódicamente sus medidas de pobreza multidimensional, entendiendo que una mirada de las privaciones económicas que vaya más allá de los ingresos monetarios, contribuye a identificar las deudas sociales y –lo que es igualmente importante– a comprender las causas múltiples que las explican, a fin de orientar la acción política hacia su superación [4].

Desde esa perspectiva, evalúan las carencias a partir de la consideración de derechos, tales como acceso a una alimentación suficiente y a una dotación de recursos para hacer frente a cualquier necesidad relacionada con la salud, el acceso a una vivienda segura, a la educación, a servicios básicos, a un medio ambiente saludable y a un empleo decente y/o a un sistema de seguridad social no asistencial, que provea de protección integral, que consideran dimensiones fundamentales para el desarrollo humano [3].

En virtud de ello, se presenta en el gráfico siguiente (además de la evolución de la pobreza por ingresos medida por la UCA), el porcentaje de la población que registra al menos una carencia, al menos dos carencias y tres o más carencias. En relación a la proporción de población que registra al menos una carencia se ve que luego de un mínimo en 2015, el porcentaje se ha incrementado todos los años casi sin excepciones. Para los otros dos grupos la tendencia es menos clara, aunque vale decir que, en relación con 2010 (inicio de la serie), los tres grupos presentan mejores resultados, en forma contraria a la pobreza medida por ingresos monetarios.

Pobreza crónica en Argentina

También puede analizarse (y medirse) la pobreza crónica. “La noción de pobreza crónica alude a situaciones de carencias persistentes que no pueden ser superadas aún bajo condiciones económicas coyunturalmente favorables” [2]Esto representa un desafío adicional para las políticas públicas enfocadas en la reducción/eliminación de la pobreza.

Conforme a las mediciones que presentan, la proporción de pobres crónicos en Mendoza, es decir, el núcleo duro de la pobreza, incluye al 10,6% de la población  (dato de 2010), encontrándose cerca de la media nacional. El NEA es la región con mayor grado de pobreza crónica de Argentina.

Lxs autorxs citadxs explican que, a pesar de las dificultades en el cálculo y en la comunicación al público en general, el concepto de pobreza crónica capta de manera más precisa a los hogares con carencias amplias y persistentes [2].


De acuerdo con el análisis que realizan lxs autorxs anteriormente mencionados la caracterización de la pobreza crónica en Argentina revela un sesgo contra la infancia y la juventud: casi la mitad del total de pobres crónicos son menores de 15 años. También advierten con sus estudios que el núcleo duro de la pobreza vive en asentamientos y también fuera de ellos. “De hecho, muchas familias logran superar el umbral de vivienda deficitaria y situación de saneamiento y envían a sus hijxs a la escuela, por lo que no son clasificadas como población con necesidades básicas insatisfechas (NBI), pero tienen un conjunto de características estructurales que las hacen muy vulnerables” [2].

Se desprenden de este concepto de pobreza crónica, además, ciertas caracterizaciones en relación con la incorporación de estas personas al ámbito laboral, revelando mayores dificultades en la incorporación en el mercado de trabajo, especialmente en el caso de los jóvenes y las mujeres. “El único grupo para el que la inserción en el mercado laboral es mayor entre los pobres crónicos es el de los adultos mayores. Mientras que la protección social extendida permite a gran parte de la población retirarse sin necesidad de trabajar, esa posibilidad es ajena a los pobres crónicos” [2].

¿Qué esperar?

Los datos sólo evidencian una realidad que ya conocemos. La pregunta siempre es cómo lograr erradicar/disminuir la pobreza y cuáles son las posibilidades del país en este sentido. Lxs autorxs citadxs más arriba concluyen en sus estimaciones que aun si se alcanzara una década de crecimiento económico sostenido a una tasa del 3% anual, es difícil que la proporción de personas pobres caiga por debajo del 15%. En otras palabras, el crecimiento económico es necesario, pero no suficiente para el objetivo de reducción sustancial de la pobreza [2].

Es importante destacar además que, para que el crecimiento económico se convierta en un motor para la reducción de los niveles de pobreza, debe ser un proceso que traiga consigo generación de empleo genuino y de calidad, para lo cual es importante analizar en qué sectores de la actividad económica se da ese dinamismo, considerando que no todos ellos son igualmente importantes en términos de demanda de mano de obra, ni exhiben –en general– la misma calidad del empleo.

El crecimiento económico puede contribuir también a la disminución de la pobreza, si aumenta la recaudación y se genera, de esa manera, espacio fiscal para diseñar e implementar políticas públicas que se enfoquen en dicho objetivo.

Volviendo al trabajo referenciado, resulta esperanzador destacar una de sus conclusiones. Lxs autorxs estiman que tanto el bono demográfico como la expansión educativa esperados para los próximos años podrían contribuir –moderadamente– en pos de reducir la pobreza [2].

Como ya dijimos en la nota anterior, para un avance más rápido en relación con el objetivo de reducción de la pobreza, se requiere una estrategia integral y coordinada que, además de un crecimiento sostenido y con estabilidad, incluya políticas educativas, habitacionales, de inclusión laboral y de ampliación y mejora de la seguridad social, entre otras. Es de esta manera que podrá darse respuesta a las numerosas demandas que implican las carencias en múltiples planos de la amplia proporción de la población argentina en condiciones de pobreza.

Es de esta manera que podrá darse respuesta a las numerosas demandas que implican las carencias en múltiples planos de la amplia proporción de la población argentina en condiciones de pobreza.

Nota de la autora: Material elaborado en coautoría con la Lic. Leonela Navarrete y  la Mgter. Eleonora Mamaní en el marco del Proyecto de Investigación 06/D215 - SIIP - UNCUYO.

Referencias

[1] INDEC. 2021. Condiciones de vida Vol. 5, n°13. Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Primer semestre de 2021. Ver más

[2] Gasparini, Tornarelli y Gluzmann. 2019. El desafío de la pobreza en la Argentina. Ver más

[3] Observatorio de la Deuda Social Argentina - Universidad Católica Argentina  (ODSA-UCA). 2021. Un rostro detrás de cada número. Ver más

[4] Bonfiglio, Robles, Salvia, 2021. Pobreza Multidimensional y Desigualdades Sociales en la Argentina Urbana 2010-2020. Desafíos Teóricometodológicos para su Medición bajo el escenario Covid-19 Ver más

Por Ana Paula Poblete

Economista y pronta Magíster en Política y Planificación Social en la UNCUYO. Transita entre la docencia y la investigación en la Facultad de Ciencias Económicas, su trabajo en el Rectorado de la UNCUYO y algunas consultorías y tutorías de economía. Le apasionan los temas macroeconómicos y sociales y, sobre todo, el intercambio y aprendizaje constante. Pero, ¡no todo es economía!. También es  amante de la música, en especial de cantar, y de todo el arte en general. 

“De economía todos y todas sabemos algo, porque tomamos decisiones económicas permanentemente. Mi intención es que sea entendible y  estoy convencida de que sólo se trata de usar conceptos conocidos para explicar otras cosas que, hasta ahora, tal vez nos haya parecido que jamás entenderíamos”.

 

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